‘Hay que conquistar la democracia’: Machado

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María Corina Machado (cto.), junto a diputados opositores de la Mesa de Unidad Democrática, recuerda cuando la sacaron de la Asamblea Nacional con gases lacrimógenos.LA María Corina Machado (cto.), junto a diputados opositores de la Mesa de Unidad Democrática, recuerda cuando la sacaron de la Asamblea Nacional con gases lacrimógenos.LA
María Corina Machado (cto.), junto a diputados opositores de la Mesa de Unidad Democrática, recuerda cuando la sacaron de la Asamblea Nacional con gases lacrimógenos.LA Cecilia Fonseca

La exdiputada venezolana María Corina Machado dijo que su misión en la nueva etapa del país es la “conquista de la democracia y la construcción de un modelo de prosperidad”.

En una entrevista con La Prensa afirmó que la Asamblea Nacional tiene la obligación de controlar la gestión del Ejecutivo.

El desafío es enorme: Machado

Los resultados de las elecciones legislativas de Venezuela, que rompieron con cerca de 17 años de gobierno chavista en este órgano del Estado y de control total del oficialismo sobre los poderes públicos, por igual número de años, representa un antes y un después en la crisis política que afronta el país.

Y es que la mayoría opositora ha asegurado que a partir de este momento comienza el rescate de la institucionalidad, ya que la mayoría calificada de la que disponen garantizará la autonomía del poder Legislativo, el cual, entre otras tareas definidas por la Constitución, es la encargada de ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la administración pública nacional, discutir y aprobar el presupuesto nacional, dar voto de censura al vicepresidente ejecutivo y a los ministros y autorizar el nombramiento del procurador general de la República.

No obstante, el desafío es enorme. Así lo reconoce María Corina Machado, quien fuera diputada durante la gestión de la Asamblea que concluyó el 31 de diciembre y que fue destituida en 2014 por el expresidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, luego de que Panamá acreditara a Machado como su representante alterna ante el Consejo Permanente de la OEA, para que pudiera denunciar la situación de su país.

Machado, sobre quien pesa una medida cautelar que le impide salir del país, desde hace dos años, y a quien la Contraloría de la República inhabilitó para participar en la contienda legislativa del pasado 6 de diciembre, aseguró que “les esperan días muy duros, quizás los más difíciles” de la historia republicana, porque enfrentan una crisis humanitaria sin precedentes y la Asamblea tiene el reto de hacer cumplir el mandato que le dio la población, que es “el cambio político y la transición”.

En conversación con este medio, la líder del movimiento político Vente Venezuela analizó la situación del país a raíz del triunfo opositor y la instalación de la Asamblea el pasado 5 de enero de 2016.

Estamos ante un nuevo escenario en Venezuela, que como usted misma dijo no va a ser fácil. ¿Cuál cree usted que debe ser el camino?

En primer lugar, no es posible de abstraer la dinámica política y la tensión institucional que vive Venezuela del drama económico y social que enfrenta el país.

Resulta inconcebible, pero es una realidad el hecho de que Venezuela aún viviendo la bonanza petrolera más larga de nuestra historia se encuentre en la puerta del desarrollo de una crisis humanitaria. Hay que recordar que cuando llegó Hugo Chávez al poder el barril de petróleo estaba en $8, llegó a estar en $150 y hoy está todavía a más del triple del precio al que estaba cuando llegó, y hoy el país está en una situación dramática en la que requiere con urgencia acciones en materia económica, social, institucional de tal magnitud que solo son ejecutables, solo las puede asumir el país si van de la mano de reformas políticas.

Y esto es algo que desgraciadamente Nicolás Maduro ni quiere ni puede hacer y es lo que nos obliga a plantear con absoluta prudencia la necesidad de un cambio político en nuestro país.

Maduro está amarrado por dos fuerzas que están representando destrucción en su accionar; una proviene de los grupos extremos ideológicos muy radicales, que además lo adoctrinaron en un momento pero que han servido de verdadera línea a su acción política, y segundo, de grupos con enorme poder financiero, que se han apoderado de los recursos de Venezuela y no quieren soltar estos privilegios. ¿Venezuela qué enfrenta ahora?

Una crisis monumental y un régimen que lejos de reconocer e instrumentar las reformas urgentes más bien anuncia que va a fortalecer y profundizar las políticas que dieron origen a esta crisis.

Y en función de ese discurso del Ejecutivo que usted menciona, cómo se puede conjugar el trabajo que desde la Asamblea Nacional se va a hacer para lograr lo que se necesita.

En ese sentido la Asamblea tiene un doble desafío. Por una parte ejercer una función contralora del Ejecutivo y por otra una función digamos política, que comienza con la institucionalización de la propia Asamblea como un espacio verdaderamente democrático, representativo de toda la nación, pero que también debe buscar, de forma muy rápida, la conformación de los otros órganos del Poder Público y lo que se conoce en Venezuela como el Poder Moral, que es el fiscal general de la República, el contralor y el defensor del Pueblo, todas posiciones que han sido designadas contrariando la Constitución, no solamente por los requisitos que no cumplen estos ciudadanos, sino por la forma en la cual se procedió a hacer estas designaciones.

Pero hay un tema fundamental en el cual yo insisto permanentemente. Nosotros en Venezuela no solamente [tenemos] un sistema presidencialista sino que además es un régimen que ha ido, inconstitucionalmente, progresivamente, concentrando más y más poder, de modo que esté claro que la Asamblea no gobierna y los cambios en materia de políticas económicas y sociales no los puede hacer, y obviamente hay una enorme expectativa y una enorme urgencia en el país, de allí que sea inevitable la presión ciudadana y ahora la presión institucional desde la Asamblea para hacerle entender a Nicolás Maduro y al régimen que el mandato del 6 de diciembre fue claro en cuanto al avance de una transición a la democracia ya, y de allí la importancia de que la Asamblea tenga una posición firme –como ayer [5 de enero] se expresó– en el sentido de avanzar en un paso perentorio hacia la transición política, al cambio de régimen.

¿Usted, María Corina Machado, con cuál de las opciones para el cambio de gobierno se siente más cómoda o considera que es la apropiada?

Sobre la base de mi conocimiento, de mi vivencia, de lo que la población venezolana enfrenta hoy, de la situación alarmante que significa un salario mínimo de menos de un dólar diario, que no alcanza para el desayuno de una familia; de constatar el drama que representa que se nos están muriendo los bebés en hospitales, porque no hay las mínimas condiciones sanitarias, de equipo, de atención médica, para atender emergencias; del hecho que hace más de año y medio, vamos para dos años, que no se están colocando vacunas, como la vacuna del polio; que tenemos niños que crecen sin leche, sin alimentación básica, donde cada día que pasa se destruyen puestos de trabajo, ahorros familiares de toda una vida, de varias generaciones, donde nos están asesinando a los muchachos en la calle y hasta dentro de sus propios hogares, porque la impunidad en Venezuela supera el 96% y tenemos más de 10 millones o 12 millones de armas ilegales en la calle y no hay posibilidad, voluntad alguna de poner orden y seguridad en el país.

Frente a este panorama dantesco tenemos que presumir que Venezuela requiere lo que he llamado la ética de la urgencia. Hay mucha gente que dice que esperemos a que todo el desastre que termine de ocurrir en Venezuela se le atribuya a Maduro y a su régimen, lo que a mí me resulta éticamente inaceptable, porque se trata de vidas humanas.

Yo diría, di eso a la madre que no encuentra leche en ningún lugar y a ningún precio o al padre que le mataron un hijo, que le queda otro, o al que acaba de perder su empleo, o al enfermo de cáncer o de sida o al enfermo que requiere una diálisis que es imposible hacer en ningún lugar del país. Obviamente es la ética de la urgencia y en ese sentido yo he insistido en que deberíamos optar por la acción que sea más expedita y menos traumática, y en ese sentido yo considero que es la renuncia de Maduro, a los efectos de facilitar un proceso de transición, un gobierno de unidad nacional. Es lo que Venezuela mejor recibiría a los efectos de avanzar en un gran acuerdo nacional, en un proceso de reconstrucción del país que incluya a todos los sectores, incorporando desde luego aquellos sectores que se han mantenido con apego a la imagen de Chávez y de su proyecto.

El discurso que tiene el Ejecutivo no da luces de que él estaría dispuesto a renunciar ni siquiera en la situación tan difícil que tiene el país, es decir, que la oposición tendría que proponer otra de las vías constitucionales.

Cuando a mí me responden que la renuncia es un hecho voluntario, yo digo que yo no conozco la primera en la historia que haya sido voluntaria. Al final, es un conjunto de fuerzas que operan para hacerle saber a quien ejerce el poder, que por el bien de todos debe asumir que el tiempo se acabó, que se agotó. Y eso es lo mismo que ocurrió el 6 de diciembre de 2015, cuando el régimen decía y Maduro decía que bajo ningún concepto iban a tolerar ni a aceptar una derrota y que se irían a la calle en caso de que ocurriera. Y aquí estamos, se logró imponer una mayoría y como tú constataste [el 5] logramos que esa mayoría se hiciera respetar ingresando al Parlamento.

De modo que yo creo que al final estamos frente a una situación inédita, una emergencia mucho más profunda de lo que una parte de la comunidad internacional e incluso muchos venezolanos reconocen, de lo que viene por delante. Venezuela, a los efectos de atender la crisis financiera requiere de una cifra enorme para poder cumplir con sus acreedores externos este año y de asumir los costos básicos mínimos de mantenimiento del Estado y alimentación de la población. Y el planteamiento es: ¿De dónde van a salir esos recursos? ¿Quién va a darle auxilio financiero a Venezuela mientras en el poder esté el régimen que es sabido por todos es el más corrupto de la historia de Venezuela y tiene vínculos con el crimen organizado y el narcotráfico internacional? ¿Quién va a apoyar a Venezuela mientras esas sean las figuras que están al frente del gobierno?

Eso no genera confianza y la esencia para salir de este drama y la pesadilla que vive Venezuela y poder generar una espiral de crecimiento, de desarrollo, de bienestar, la clave es la confianza; y hoy en Maduro no tiene confianza ni siquiera su entorno íntimo.

Los resultados del 6D nos dejaron ver una Venezuela menos polarizada pero también dejan un signo de interrogación por los cerca de dos millones de venezolanos que no fueron a votar. ¿Qué lectura le da a este hecho?

Es indispensable reiterar el hecho, la afirmación de que el sistema electoral en Venezuela es perverso, no solamente lo que ocurre antes, durante y después de la elección.

A pesar de todas esas trampas y obstáculos se logró imponer la voz de la mayoría. Ahora bien, con relación al registro electoral, es absolutamente inauditable y todos en Venezuela sabemos que está lleno de datos falsos que ameritan una reestructuración inmensa, donde hay un grupo de por lo menos 2.5 millones de venezolanos que eran abstencionistas crónicos; es decir, que dejaron de votar durante al menos tres elecciones antes del año 2000 y que fueron reincorporados en el año 2004 a propósito del referendo revocatorio de Hugo Chávez, en centros de votación distintos a donde originalmente votaban.

Eso arroja, en primer lugar, una enorme sombra sobre la veracidad de los datos del registro electoral en Venezuela.

Ahora, poniendo esto a un lado, la participación fue enorme, porque recordemos que en Venezuela por lo menos se han ido en los últimos 10 años un millón o 1.5 millones de venezolanos al exterior, personas que no todas, por razones económicas, pudieron regresar, es más una minoría con gran esfuerzo logró venir para votar el 6D. De modo que la participación fue inmensa, como también lo fueron las trampas y los atropellos porque hicimos muchísimo para lograr imponer esa mayoría, pero no se puede hablar de elecciones limpias y libres en Venezuela, no se puede hablar de que fueron elecciones justas, todo lo contrario, y el régimen lo sabe. De hecho, uno de los desafíos que tenemos por delante es la reforma a la ley de procesos electorales para garantizar que se restituya la confianza en el sistema electoral, así como en el administrador del proceso electoral, el Consejo Nacional Electoral.

(Lea la entrevista completa en prensa.com)

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