Las conspiraciones

El viernes 17 de noviembre de 2000, pocas horas antes de que se inaugurara la X Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno en la ciudad de Panamá, el entonces líder cubano Fidel Castro convocó de manera sorpresiva a una conferencia de prensa en el hotel Caesar Park, de esta ciudad.

“Debo cumplir (...) el deber de informarles que, como en otras ocasiones en que viajo a estas cumbres, elementos terroristas organizados, financiados y dirigidos desde Estados Unidos por la Fundación Nacional Cubano Americana, que es un instrumento del imperialismo y la extrema derecha de ese país, han sido enviados a Panamá con el propósito de eliminarme físicamente. Ya se encuentran en esta ciudad y han introducido armas y explosivos” , dijo.

Público, medios de información y autoridades panameñas estaban sorprendidos por lo que acababan de escuchar.

“Han tenido personal de seguridad cubano coordinando con nosotros por tres semanas y no nos dijeron nada. Yo creo que quiso venir aquí a robarse el show´´, dijo aquella tarde un alto funcionario de la seguridad del Estado panameño, tras escuchar las palabras de Castro.

Pero la sorpresa iba a ser mayor.

Según la denuncia, el supuesto atentado se llevaría a cabo en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, en donde Castro había concertado una cita con estudiantes y docentes de esa casa de estudios una vez culminara la cumbre.

Castro señaló también que la célula conspiradora estaba comandada por un viejo enemigo suyo: Luis Posada Carriles, activista a quien Cuba relacionaba con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense y que había sido condenado en Venezuela tras ser hallado responsable de un atentado explosivo, en 1976, contra un avión de Cubana de Aviación en el que murieron más de 70 pasajeros, entre estos, el equipo nacional de esgrima cubano.

A las 6:45 de la tarde de ese mismo viernes, las autoridades panameñas capturaron en el hotel Coral Park de El Cangrejo a Posada y a otros tres cubanos. Casi todos eran mayores de 60 años.

Los conspiradores habrían entrado semanas atrás por Chiriquí, y al menos Posada Carriles había utilizado un pasaporte salvadoreño, falsificado, para ingresar al país. En un principio se habrían refugiado en la casa de otro cubano en la zona fronteriza, para luego trasladarse a la ciudad de Panamá.

Poco después, en el sector de la 24 de Diciembre, en la capital, se encontrarían enterrados ocho kilos de explosivo plástico C-4 que serían utilizados en el atentado.

Una vez detenidos, se inició un proceso judicial que terminaría cuatro años después.

El 20 de abril de 2004, el juez suplente del Juzgado Quinto de Circuito, ramo penal, José Ho Justiniani, condenó a Posada Carriles y al también cubano estadounidense Gaspar Jiménez, de 69, a ocho años de prisión por delitos contra la seguridad colectiva y falsificación de documentos públicos.

Los otros tres cubanos, Guillermo Novo, de 65 años; Pedro Remón, de 50 y César Matamoros, de 67, fueron sentenciados a siete años de cárcel por atentar contra la seguridad colectiva. José Manuel Hurtado, panameño de 37 años, fue condenado a cuatro años de prisión como cómplice primario.

EL OTRO PLAN

La versión que defendió Luis Posada Carriles fue que el grupo anticastrista no había venido a planear ningún atentado, sino a facilitar la supuesta deserción de un alto militar cubano, el general Eduardo Delgado, de la Dirección General de Inteligencia (DGI).

La reunión para cuadrar el plan se habría realizado en San Salvador, a principios de 2000, en un restaurante de comida rápida.

Pero en realidad, todo había resultado ser una trampa fraguada por la inteligencia cubana.

EL INDULTO

El Gobierno cubano venía insistiendo, al igual que Venezuela, en la extradición de Posada Carriles. La entonces presidenta Mireya Moscoso se oponía a la medida. La tensión entre La Habana y Panamá se agravaba. Moscoso, que había prometido no conceder indultos a los anticastristas, decidió variar su posición.

El 25 de agosto de 2004, cuatro días antes de abandonar el poder, Moscoso concedió los indultos para los anticastristas condenados. Los cuatro cubanos, incluyendo a Posada Carriles, fueron evacuados en un operativo semiclandestino y puestos el mismo día en un avión con rumbo a Centroamérica.

La medida provocó que Cuba rompiera relaciones diplomáticas con Panamá. Moscoso argumentaría luego que había actuado así porque temía que, de prosperar la extradición, los anticastristas hubiesen sido condenados a muerte.

Tras el cambio de gobierno, cuando asumió la presidencia Martín Torrijos, y se restablecieron las relaciones con La Habana, se prometió revisar las medidas tomadas.

No sería sino hasta 2008 cuando el pleno de la Corte Suprema de Justicia declararía inconstitucionales los indultos de Moscoso.

El 31 de octubre de 2011, el Segundo Tribunal Superior de Justicia resolvió las apelaciones tanto de la parte acusadora como de la defensa y decidió confirmar las condenas a todos los acusados. Y el pasado 14 de enero de 2012, el Juzgado Quinto Penal empezó a notificar a las partes sobre este fallo. Estas podrían interponer ahora recursos de casación.

Y el pasado jueves en la tarde, el abogado Silvio Guerra presentó ante la Corte Suprema de Justicia una petición de extradición para Posada Carriles. La misma semana que Moscoso, de visita en Miami, recibió el saludo del anticastrita y defendió públicamente lo actuado en 2004.

El prontuario de Posada Carriles

Para unos, un héroe en la lucha contra la “tiranía” castrista. Para otros, un peligroso terrorista financiado por Estados Unidos.

Luis Posada Carriles es una leyenda entre los opositores de Fidel Castro y del actual régimen cubano. Luis Clemente Faustino Posada Carriles nació el 15 de febrero de 1928 en la ciudad de Cienfuegos. Es químico de profesión, y considerado por La Habana como el más peligroso terrorista cubano en el exterior.

Posada Carriles participó en la fracasada invasión de Bahía Cochinos en 1961 y fue adiestrado en Fort Benning Georgia, Estados Unidos, en inteligencia y uso de explosivos. Entre 1967 y 1971 trabajó como asesor de los servicios de inteligencia de Venezuela. Posada Carriles fue acusado por Cuba de haber perpetrado, el 6 de octubre de 1976, un atentado contra un avión de Cubana de Aviación cuando cubría la ruta entre Barbados y La Habana, en el cual murieron 73 personas, la mayoría deportistas.

Detenido y acusado por el atentado, Posada Carriles se escapó de la cárcel, en Venezuela, en 1985. De ahí viajó a Miami y luego a Guatemala. Fue el promotor, confeso, de la serie de atentados en La Habana, que en 1997 costaron la vida a un turista italiano. Posada Carriles vive con libertad restringida en Miami, luego de que un tribunal estadounidense desestimara cargos por haber mentido sobre su situación migratoria. Su extradición aún no prospera.

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