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ACUSADOS EN HOMICIDIO DEL FOTÓGRAFO ELIÉCER SANTAMARÍA VAN A JUICIO ANTE EL SEGUNDO TRIBUNAL

´El crimen de mi hermano es una herida abierta´

Tres años y medio han pasado desde que el reportero gráfico del diario ´El Siglo´ cayera abatido al negarse a entregar su cámara.

Alexander Santamaría está curtido en el medio policial. Tiene más de una década de trabajar como fotógrafo de crónica roja para el diario Crítica, uno de los de mayor impacto en el país de ese ámbito noticioso. Pero hay un caso que no ha podido superar, que le ha sido imposible dejar atrás: el de su hermano Eliécer, quien hace tres años y medio fue asesinado de varias puñaladas por defender su taxi y su cámara, de un grupillo de maleantes en Río Abajo.

Hoy, cuando restan apenas horas para que los adultos involucrados en el homicidio de su hermano vayan a juicio, Alexander confiesa que no ha podido sanar las heridas que le dejó aquel hecho.

“Para mí es difícil, es una herida abierta que no cicatriza aún. Cada vez que estoy en una cobertura de un caso policial me acuerdo de mi hermano, porque siempre nos veíamos”, contó.

Para Alexander es duro llegar todas las noches a los predios del cuarto de urgencias del hospital Santo Tomás (punto de partida de los fotógrafos y reporteros de la crónica roja) y acordarse de Tiquito, como le decían a su hermano.

“Me pongo a pensar que siempre nos veíamos en el Santo Tomás o cuando había un caso, porque nosotros trabajamos de noche”, relató.

Como él, el resto de la familia sigue en duelo. La madre de ambos, Delfina, quedó tan afectada que en aquellos días ni siquiera quería comer y bajó significativamente de peso.

Eliécer era el primero de sus 10 hijos que moría. “Mi mamá fue la que más sufrió. Mi papá también, pero él es más fuerte”, apuntó.

La foto más dolorosa que ha tenido que tomar fue la su hermano cuando era ingresado en camilla, agonizando, al cuarto de urgencias del propio hospital Santo Tomás. “Eso nunca lo olvidaré”, aseguró.

Hace falta papá

Cuando hay reuniones familiares en casa de los Santamaría, en Arraiján, afloran los recuerdos. Según Alexander, en ocasiones sus hermanas quedan llorando.

Uno de los cuatro hijos de Eliécer, Adrián, dijo que lo de su padre es algo que nunca podrá olvidar, pues aún persiste el dolor por su pérdida. “Siempre hace falta esa figura paterna”, reconoció.

Adrián describió a su padre como una persona tranquila, que nunca estaba molesto ni le hacía daño a nadie. Por eso consideró que no merecía morir de esa manera. “Pedimos la pena máxima y que se haga justicia, porque esto que hicieron fue premeditado”, explicó.

Quienes mañana a las 2:00 p.m. serán juzgados en el Segundo Tribunal Superior de Justicia son Edwin Courtney, alias Balín, y Miguel Ángel Gamboa, apodado Patito.

Extraña al amigo

José Levy, fotógrafo de El Siglo, ha seguido el legado de Eliécer Santamaría en la cobertura de hechos policiales.

Levy recuerda que desde que entró al diario, Santamaría y él entablaron una buena amistad y con el pasar de los años se convirtieron en “algo más que hermanos”.

Ambos coordinaban las coberturas de la crónica roja, por lo que en todo el tiempo transcurrido desde su asesinato, a Levy se le ha multiplicado el trabajo.

“Santamaría iba a mi casa a cualquier hora del día, a bajar fotos para mandarlas al periódico por internet”, recordó.

Según Levy, Santamaría siempre le decía que él tomaba fotos porque le gustaba. Cuando se encuentra con el hermano, Alexander, a veces pasan horas recordando a “Z-15”, como también le llamaban a Eliécer, debido al número de su unidad de taxi en la piquera Único.

“Las coberturas ya no son iguales, porque él era una persona que nunca andaba amargada ni le faltaba el respeto a nadie; al contrario, siempre estaba molestando”, indicó Levy.

Agregó que lo que nunca olvidará de su amigo es la frase que siempre le decía a manera de broma: “tongo ´botao´ no pone boleta”. Levy es jubilado de la Policía Nacional.

La defensa

En el otro lado de la acera, donde se ubica la defensa de los imputados, el abogado Martín Caicedo admite que se trata de un caso delicado, pues la víctima era periodista y por cómo ocurrieron los hechos.

Caicedo, quien representa a Balín, alega que en el expediente no está acreditado que su cliente mató a Santamaría o que haya sido cómplice del hecho.

Caicedo reconoció que Balín estuvo en el lugar de los hechos, pero el día del juicio alegará su inocencia y pedirá su absolución al jurado de conciencia.

“Esperemos que se haga un juicio justo”, dijo.

Rubén Castrejo, abogado de la familia Santamaría, adelantó que pedirá la pena máxima para los dos acusados. En este caso aplicarían 20 años, porque la pena máxima actual de 35 años, contenida en el Código Penal, no estaba vigente cuando sucedió el crimen.

class="mce"> >> La última carrera del fotógrafo Santamaría

Eliécer Santamaría, además de fotógrafo, conducía un taxi.

La madrugada del 8 de abril de 2008, horas antes de su muerte, estuvo junto con otros colegas en el cuarto de urgencias del hospital Santo Tomás, como de costumbre, esperando para ver si llegaban casos policiales y captarlos con su cámara.

Pasadas las 2:00 a.m. se dirigió a cubrir un tiroteo en el sector La Porqueriza, en Parque Lefevre. En el camino recogió a tres hombres en calle 11 y media de Río Abajo. Se trataba de Miguel Ángel Gamboa, alias Patito, y dos sujetos menores de edad.

El trío lo hizo evadir un retén policial hasta llegar al final de calle D, en la barriada Altos del Río, que colinda con La Porqueriza.

Edwin Courtney, alias Balín, contó en su declaración indagatoria que cuando Santamaría llegó en el taxi, él y otros cinco hombres se acercaron hasta su carro y le pidieron que se bajara. De pronto uno de los menores le dio una puñalada en el tórax, que le tocó el corazón, le produjo un shock hemorrágico y le causó la muerte.

Los delincuentes pretendían usar el carro para cometer un robo, pero al apuñalar a Santamaría se vieron obligados a abortar el plan. Escaparon del lugar y dejaron tirado al herido.

Los vecinos llamaron a la policía, que auxilió a Santamaría y lo llevó al Santo Tomás, donde murió minutos después de ser ingresado en el mismo cuarto de urgencias de donde se había ido con vida apenas unas horas antes.

De todos los implicados, tres menores fueron condenados a 12 años de prisión por el Juzgado Segundo de Adolescentes, en 2009. Balín y Palito van a juicio hoy. El resto (tres menores más y un adulto apodado Guanelo) nunca fue capturado ni investigado por la fiscalía.

Rubén Polanco

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