cárceles. visita de familiares.

´Hasta dentro de 15 días´

Las visitas a los presos están rodeadas de un negocio que incluye hasta alquiler de ropa para poder ingresar al penal.

Llevan en sus manos cartuchos cargados de comestibles y sus corazones llenos de esperanzas y tristezas, y también mucho amor.

Son las mujeres de rojo. Se trata de madres, esposas, abuelas, hermanas e hijas que cada 15 días acuden a visitar a sus familiares en los centros penitenciarios La Joya y La Joyita, ubicados en Pacora.

La mayoría llega bien temprano desde distintos puntos y se instala a las afueras del complejo que aloja las instalaciones de La Joya y La Joyita. Julissa lo hizo a las 7.15 a.m. Vino a visitar a su esposo, detenido desde hace seis años.

Pueden venir hasta dos familiares por detenido. En su mayoría son mujeres. ¿Tú vas a entrar a verlo?, le pregunta Julissa a un muchacho que conoce a su esposo. “Estas loca, la cárcel llama”, responde el joven.

A las 9:00 a.m. ya hay una muchedumbre esperando a que ordenen el ingreso. Los llaman para entrar por pabellones.

El negocio

El vía crucis apenas comienza. Todas visten suéter de color rojo, que identifica a los familiares en visita. Los detenidos han de utilizar el color amarillo. Todo es parte de medidas de seguridad, y también un negocio, porque si no llevan el suéter rojo, deben alquilarlo hasta por un dólar en unos quioscos ubicados fuera del centro penitenciario. Además del dólar, deben dejar como garantía un artículo de valor.

Estos quioscos venden toda clase de artículos. Son pequeñas abarroterías.

Para ingresar tienen que despojarse de todo. Nada de llaves ni prendas ni celulares ni correas. Y solo pueden entrar hasta con 25 dólares.

Si no tienen con quién dejar los artículos de valor, los quioscos ofrecen servicio de depósito. Dos dólares es el precio.

Los visitantes tienen que hacer uso de cartuchos transparentes para llevar los comestibles. Si no los tienen, igual pueden conseguirlos en los quioscos.

“Lo que venden allá dentro, no lo podemos traer”, se queja Julissa. Lo que pasa es que dentro de las cárceles hay ´tienditas´ que venden sodas, sopas, tuna en lata, galletas, cigarrillos, huevos, entre otros artículos, a precios exorbitantes. Por ejemplo, precisó, no podemos traerles sodas porque adentro las venden a tres dólares el litro, dijo. “Tampoco podemos llevarles tuna, porque la venden. Un huevo puede costar hasta 50 centavos”.

El ingreso

Cerca de las 9:00 de la mañana un grupo de pastores evangélicos reúne a los familiares para rezar. Unos se congregan, otros se quedan mirando.

“Aquí nadie puede venir a juzgar... Solo Dios puede perdonarnos”, dice el pastor.

Muchas lloran y rezan mientras otras hablan de sus planes; de lo que harán cuando salgan sus familiares. “Toy ahorrando para cuando él salga llevarlo al Decameron”, comentó una muchacha.

Hablan de sus frustraciones y de cómo los hijos crecen sin sus padres. “ Yo le dije a mi hijo que su papá está construyendo un edificio muy alto, por eso no viene a casa”, señaló una mujer. Cuenta que un día el niño le dijo: “mamá, ese edificio que está haciendo mi papá ya llegó al cielo”.

Al mediodía empiezan a entrar a la cárcel. “Todas en fila”, grita un policía, con cara de cansancio.

Los comestibles y las mujeres pasan por una minuciosa revisión. Una agente de policía, con guante sanitario, las revisa en un cuarto.

Una mujer es sacada allí. Tenía un chip para celular debajo de la lengua. El castigo: el recluso no recibe lo que le llevaban y le suspenden las visitas.

Luego de la revisión, un bus de la ruta de Pacora que les cobra 50 centavos por viaje, las traslada hasta La Joya y La Joyita. El vehículo hace más de ocho viajes por jornada. Los familiares ingresan según van sacando a los reclusos de los pabellones.

Casi a las 3:00 p.m., después de más de siete horas, Julissa se reunirá con su esposo por apenas 30 minutos.

Los besos, los abrazos y el llanto del reencuentro marcan la escena que protagonizan decenas de reclusos y familiares en los dos penales capitalinos.

Luego, las despedidas, los adioses, las promesas de recomponer la vida. “Hasta dentro de 15 días”.

Seguridad, pero sin irrespetar

La Comisión de Justicia y Paz ha recibido denuncias, particularmente de mujeres que son desnudadas durante la revisión para ingresar a una visita a los centros penitenciarios, afirmó Edgardo Barsallo, miembro de esa organización de la Iglesia católica.

Indicó que estas denuncias han sido presentadas ante las autoridades del Sistema Penitenciario para que sean corregidas. Destacó que han conversado sobre la necesidad de que se adopten medidas, sin irrespetar al ser humano, que permitan un control efectivo para la detección de cualquier arma o drogas que se pretenda ingresar a los penales.

De acuerdo con Barsallo, Panamá es signataria de convenios internacionales sobre el derecho de los detenidos a recibir visitas, y las autoridades tienen que respetarlos porque esas visitas coadyuvan a la resocialización de los presos.

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