EJE. De cómo el internet puso a tambalear a la revista ‘playboy’.

La desnudez no es rentable

Una táctica de mercadeo fuerza a la revista ‘Playboy’ a abolir la desnudez de sus conejitas en sus páginas y mejorar la calidad de su papel.

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Número de ‘Playboy’ de marzo 1992, cuando la modelo rubia Anna Nicolle Smith fue protagonista de su portada. Número de ‘Playboy’ de marzo 1992, cuando la modelo rubia Anna Nicolle Smith fue protagonista de su portada.
Número de ‘Playboy’ de marzo 1992, cuando la modelo rubia Anna Nicolle Smith fue protagonista de su portada. Playboy/ Archivo

El último anuncio de la revista estadounidense Playboy hizo voltear la mirada a más de dos. La dirección de la icónica publicación, con seis décadas de longevidad sobre su lomo y –durante este tiempo– proveedora de contenidos gráficos de corte erótico, renunciaba a la desnudez del cuerpo femenino a partir de marzo de 2016.

Por 62 años, su fundador, el emprendedor Hugh Hefner, había batallado contra los incesantes reclamos de la comunidad conservadora de Estados Unidos, que solicitaba retirar o al menos echar telas gruesas sobre las siluetas aventajadas de las modelos que ilustraban las páginas de su revista.

El obstinado Hefner no cedió ante aquella petición de sus opositores. Incluso, recuerda la BBC de Londres, dijo en una ocasión: “Si eres un hombre entre los 18 y 80 años, Playboy es para ti”. Ahora ha torcido el brazo por las nuevas corrientes digitales que imperan en los medios informativos.

Desde sus inicios, Playboy de acuerdo a sus directivos y hasta el más novato de sus colaboradores justificaron que la publicación atraía a sus lectores más por sus reportajes y artículos de fondo que por su culto a la anatomía femenina. Una afirmación que fue tomada como broma por varias generaciones de feministas.

El desfile de las conejitas con prendas ligeras o prescindiendo de ellas volvía a ser el dolor de cabeza, desde otra perspectiva, para los encargados del trabajo comercial a lo interno de Playboy.

¿Qué había sucedido en los últimos años para que el tiraje en Estados Unidos, que alcanzaba rebosante los 5.6 millones de ejemplares (en 1975), se redujera drásticamente a 800 mil impresiones en la actualidad? La semana pasada la respuesta estaba escrita en las portadas de los diarios del mundo.

“El editor de Playboy, Cory Jones, consultó recientemente a Hefner acerca de dejar de publicar fotos de mujeres desnudas en la edición impresa y este accedió”, citaba el diario New York Times y de ello hacía eco la agencia de noticias internaciones Associated Press.

El mismo Scott Flanders, director general de Playboy Enterprises, destapó aquella verdad con este pronunciamiento: “Ahora con un clic uno puede buscar gratis casi todo acto sexual imaginable y por eso ha pasado de moda”, dijo refiriéndose a la presente desnudez en la revista y a la costumbre de millones de personas en el globo de consumir contenido sexual desde una computadora, el teléfono móvil o una tableta gracias a la internet.

Aunque el desaliento parecía reinar entre los seguidores de Playboy, todo el asunto figuraba como una decisión predecible. Desde agosto de 2014, la revista homóloga en línea se había enfrentado a los internautas con las manos vacías –excepto por sus reportajes–, al no ofrecer destapes excéntricos o artísticos.

La censura estadounidense se había encargado de rapar las imágenes sugerentes de la plataforma de revista Playboy en internet. Pese a ello, los directivos adujeron que las visitas al sitio no mermaron, al contrario, se cuadriplicaron.

la nueva ‘conejita’

En medio del torbellino, David Maris, exfotógrafo de Playboy en Venezuela, esbozó en una entrevista al canal internacional de noticias NTN24 que la decisión no quiere decir que Hefner haya “cambiado de moral”.

Dijo que las imágenes de las conejitas no desaparecerían del todo, sino que la producción fotográfica sería “menos elaborada”, haciendo uso de filtros como los tan de moda de la aplicación cibernética Instagram. Con ello, las imágenes serían más cercanas para los lectores y no como lo han sido hasta ahora “extremadamente elaboradas”.

La abolición de los desnudos, justifica Maris, “es una decisión corporativa y no creo que Hugh Hefner [de 89 años] después de tener 60 años peleando con la sociedad estadounidense esté cambiando su manera de pensar. Es una decisión económica”, reiteró el fotógrafo, quien dirigió su lente hacia las conejitas cuando ellas mostraban más de lo que sus piezas de lencerías les permitían.

El gasto inmenso que conlleva producir fotografías, no exentas de retoques con la potenciación de la herramienta del photoshop por lograr la perfección del cuerpo de las damas, fue un tema que abordó el excolaborador de la revista.

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