El desuso y el abuso

El señor Leo me dice que las cebollas están a 60 centavos. Se ven grandes, bonitas. También vende plátano y papa. Las papas están un poco chicas. Al lado hay otro puesto en el que venden frutas. Le pregunto por qué está debajo del puente. “Aquí no me llueve”, responde.

Cerca de la escalera una muchacha, de pie, con cara de aburrimiento abanica el carbón de una precaria parrilla donde asa la carne en palito y los chorizos. “Poca venta”, me dice. Y por la escalera suben y bajan todas las personas del mundo.

La escalera es estrecha. Una señora voluminosa se detiene a conversar con alguien. En el descanso de la escalera veo: cortauñas, llaveros, cepillos de dientes eléctricos, peinetas, peines, chicles, eucatol, toallitas para el sudor.

Abajo, en ambos sentidos los carros pasan. Solo la espesura del tranque los detiene. Pero 5.50 metros más arriba, dos chiquillos se disputan mi atención: “jefe, películas a dólar, ¿cuál quiere?”. Y en las mesitas improvisadas que constriñen el paso pueden verse títulos: Batman, Los Muppets, Rápido y Furioso 5.

Una placa lo identifica: puente elevado peatonal Monte Oscuro-Transístmica-El Machetazo. Inaugurado en febrero de 2004 por el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso. Es el paso peatonal del llamado cruce de San Miguelito, una de las encrucijadas más congestionadas de la ciudad.

El paso se ha hecho obligatorio desde que la isleta en medio de las dos calzadas fue bloqueada con barandas de metal para evitar que los perezosos, los apurados, los temerarios se lanzaran a la avenida y arriesgaran así la vida. “Es que no aprendemos”, me dice un muchacho en la parada de El Machetazo, enorme, con una camiseta del Barça en la que no cabe. Un Metro Bus abre la puerta y lo engulle.

En todo el país, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) contabiliza, a enero de 2012, 219 puentes peatonales, de los que poco más de medio centenar se encuentran en el área metropolitana de la ciudad de Panamá. Cada puente cuesta, en concepto de mantenimiento, alrededor de 4 mil dólares al año. No todos son administrados por el MOP.

El ambicioso plan de reordenamiento vial de mil 700 millones de dólares, que contempla ensanches en algunas de las principales vías de la capital, también integra diseños de pasos peatonales y el reemplazo de algunos de los existentes.

Otro tanto ocurre con las obras de la línea 1 del Metro de Panamá.

SALVAR VIDAS

Los puentes peatonales salvan vidas (o deberían salvarlas). El Movimiento 23 de Octubre tiene una campaña publicitaria que busca hacer a la gente consciente del peligro que conlleva no utilizarlos.

Según cifras de la Dirección de Operaciones del Tránsito de la Policía Nacional, tan solo en 2010 murieron 422 personas por accidentes de tránsito en el país. Y el 43% de esas muertes correspondió a peatones, muchos de ellos por no usar los pasos peatonales, como lo ha señalado Teófilo Moreno, director de esta dependencia.

Aún así, algunos persisten. Y esgrimen sus razones.

MIEDO

Aunque hace rato que no hay robos, la gente lo evita en la noche. Frente al Super 99 de El Balboa, en Río Abajo, se lanzan a la avenida. Cortan camino. “Yo no me arriesgo”, dice una señora que se aferra a su cartera. “No pasa nada”, afirma, en cambio, un hombre moreno, alto que viene bajando.

Sobre la vía Domingo Díaz está el puente que conecta San Pedro con la entrada a Brisas del Golf. El año pasado, la gente se arriesgaba a cruzar los cuatro carriles de la peligrosa vía para evitar ser víctimas de una banda que asolaba el puente. Las denuncias fueron de tal magnitud, que las autoridades reaccionaron y pusieron luces y más vigilancia policial en el lugar.

En el paso peatonal entre Los Pueblos y Metromall se ha establecido un “mercado”, que algunos usuarios resienten. Y en la noche, la oscuridad es total. Perfecto para los delincuentes.

El Municipio de San Miguelito estima que hay cerca de 200 vendedores ilegales ubicados en los puentes del distrito. A estos se les desaloja y se les imponen multas: 30 dólares por desacato, 150 por reincidencia.

En la vía Cincuentenario final, entre Villa Gabriela y San Cristóbal de Río Abajo está un pomposo puente que pocos usan. Techado, amplio, se ha convertido en “casa” de indigentes. Y aunque las autoridades del corregimiento y la policía han tratado de arreglar la situación, los indigentes regresan.

Cerca, algunos transeúntes siguen lanzándose a la avenida, por donde vuelan los carros, en un punto donde ya ha habido muertos. Que fue justamente, lo que motivó la construcción de ese puente.

Peatón, protagonista del futuro

La publicidad que obstruye la visibilidad de los pasos peatonales. El diseño deficiente, la poca educación vial. Todo ello atenta contra el que probablemente sea el protagonista del futuro de la ciudad: el peatón.  

De hecho, con la modernización del transporte, se busca desincentivar el uso del automóvil y hacer que las personas quieran desplazarse a pie, seguras y cómodas. En el Plan de desarrollo urbano hay un apartado importante sobre el peatón y su integración a la nueva ciudad. Se propone allí un sistema peatonal que permita al usuario “acceso seguro y conveniente a los diferentes desarrollos en la ciudad”. 

También se habla de integrarlo a un sistema de espacios abiertos del que formarían parte parques y plazas, entrelazados por un sistema “reticular de la red vial, permitiendo, a su vez, formar un sistema reticular peatonal”.

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