REPRESIÓN MILITAR

El día que Panamá desafió a la dictadura

Luego de 30 años de haber ocurrido el ‘Viernes Negro’, dirigentes indican que la práctica de manifestarse pacíficamente continúa.

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El 10 de julio de 1987 miles de panameños desafiaron a la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega, pese a la represión y a las prohibiciones de manifestaciones. El 10 de julio de 1987 miles de panameños desafiaron a la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega, pese a la represión y a las prohibiciones de manifestaciones.
El 10 de julio de 1987 miles de panameños desafiaron a la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega, pese a la represión y a las prohibiciones de manifestaciones. Archivo

El 10 de julio de 1987 fue el día en que miles de panameños desafiaron en las calles a la dictadura cívico-militar encabezada por Manuel Antonio Noriega y por el entonces presidente Eric Arturo Delvalle. Ese día, los entonces Doberman de las Fuerzas de Defensa se ensañaron contra cientos de opositores, cuya única arma era un pañuelo blanco.

Aunque fue un episodio triste para el país, marcó un hito en la lucha contra la dictadura militar, que fue defenestrada del poder el 20 de diciembre de 1989 tras la invasión militar de Estados Unidos a Panamá.

La multigremial Cruzada Civilista Nacional, que cumplía un mes de haberse conformado tras las declaraciones del entonces coronel Roberto Díaz Herrera, quien acusó de corrupción, fraude en las elecciones de 1984 y del crimen del médico Hugo Spadafora al régimen de Noriega, convocó a una concentración en la iglesia del Carmen, en la vía España.

Haciendo caso omiso a la prohibición de realizar manifestaciones, cientos de panameños vestidos de blanco, con pañuelo y paila en mano, salieron a las calles de la ciudad capital para pedir un alto a la dictadura militar liderada por Noriega, quien murió el pasado 29 de mayo. Las consignas de los civilistas eran: justicia, libertad y democracia.

La presencia de antimotines en toda la ciudad era parte del panorama cotidiano. Ese 10 de julio de 1987 se convirtió en una jornada de brutal represión por los Doberman de las Fuerzas de Defensas, que indiscriminadamente descargaron una incesante lluvia de perdigones hacia la población que se congregó en los alrededores de la iglesia del Carmen.

Centenares de personas, entre ellos educadores, estudiantes universitarios, dirigentes sindicales y de partidos políticos, fueron detenidos, y muchos de ellos permanecieron privados de libertad por varias semanas junto con presos comunes.

Como consecuencia de este hecho se decretó una suspensión de las garantías constitucionales, el Gobierno provocó un apagón general y decretó un toque de queda, pero aun así las protestas continuaron por varios puntos de la capital y del interior del país.

Hoy, cuando se cumplen 30 años de ese denominado “Viernes Negro”, los principales líderes de la sociedad civil y de los partidos políticos, partícipes de ese escenario de enfrentamientos, rememoran los hechos.

‘AYER COMO HOY, CARECEMOS DE ARMAS’

Olimpo Sáez, quien fuera miembro del Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), recordó que para la fecha ya se había formado la Cruzada Civilista, el principal movimiento que adversó a la dictadura, conformado por diversos sectores de la sociedad.

“La militancia de nuestros amigos fue apoyar a la Cruzada y sus llamadas a las protestas callejeras”, dijo Sáez, quien reconoció que estaban convencidos de que solo a través de esa presión se podría enviar un mensaje a los militares y a los países del mundo, que miraban con preocupación la situación que se vivía en Panamá.

“Los ciudadanos ayer como hoy carecemos de armas. Las armas las tenían los militares, quienes la usaban contra los manifestantes opositores (...) Se golpeó y encarceló a cientos de manifestantes, a muchos automóviles se les destruyó sus ventanas y las casas fueron violentadas. No se respetó edades ni sexos”, dijo el político.

En tanto, Edwin Cabrera, entonces dirigente del Partido Demócrata Cristiano, señaló que la manifestación surgió porque “la sociedad tenía que reaccionar ante los escándalos de corrupción”.

Contó que fue tal la represión de ese día, “que parecían estar en guerra”. “Hay que recordar que la represión que vivíamos no se podía comparar ni con la de los chilenos, ni con la de los argentinos, cada uno tiene su historia, pero lo cierto es que en el país nunca habíamos visto algo así”, dijo.

Según Cabrera, pese a los lamentables hechos que se suscitaron ese día, la ciudadanía comenzó a convencerse de configurar una organización más allá de los partidos políticos para derrocar a la dictadura. “Se dejó a un lado el discurso político, hubo conciencia en que la lucha ya no se basaba en un tema de debate político partidista. La sociedad entera tenía que reaccionar, ya que a partir de allí comenzó una lucha que no cesó”, sostuvo.

'LA DICTADURA SE EQUIVOCABA'

Gilbert Mallol, uno de los fundadores de la Cruzada Civilista, aseguró que pese a lo que muchos creen, la dictadura “se equivocaba irónicamente” reprimiendo a la población.

“Ellos querían producir miedo, coartar la libertad de expresión, y aún así nosotros sabiendo esto y el riesgo que representaba salir a manifestarse, lo hicimos. El único resultado fue consolidar la Cruzada Civilista. Conseguimos mayor credibilidad (...) fue un acto masivo al que la dictadura nunca pensó enfrentarse”, dijo Mallol.

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