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LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El drama de ser escritor en Cuba

En esta página, un periodista independiente de Cuba narra la manera como se censura a escritores y bloguerosen la isla.

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Cubanos en la Feria Internacional del Libro de La Habana, evento que se celebra cada año y que se dedica a dos escritores locales de reconocida trayectoria. También se elige a un país como invitado de honor. Cubanos en la Feria Internacional del Libro de La Habana, evento que se celebra cada año y que se dedica a dos escritores locales de reconocida trayectoria. También se elige a un país como invitado de honor.
Cubanos en la Feria Internacional del Libro de La Habana, evento que se celebra cada año y que se dedica a dos escritores locales de reconocida trayectoria. También se elige a un país como invitado de honor. Archivo

Los brazos de la censura en Cuba se comportan de muchas maneras, pero siempre garantizando no dejar huellas. Una de las formas más usuales es el llamado “perfil bajo”, tratamiento que se les da a determinados autores, a los que no se les puede prohibir las publicaciones, pero sus obras tampoco pueden ser presentadas públicamente.

Este tipo de estrategia se utiliza generalmente contra los que han cometido alguna “falta grave”, como revelar detalles escabrosos sobre la realidad cubana, o atacar, ya sea desde el insulto o la sátira, en sus obras o más allá de ellas, a los líderes de la revolución.

En otros casos, esa misma censura no recae directamente sobre el autor, sino sobre su obra o parte de esta. Es entonces cuando se utiliza la persuasión, tal y como relata el escritor Daniel Díaz Mantilla. “No hace tanto, un miembro de un jurado me citó para conversar y, con el manuscrito de mi libro abierto sobre la mesa, elogiándolo, fue marcando las cosas que según él eran impublicables. Fue sincero aquel hombre y creo que lo hizo con deseos de ayudar, pero no seguí su consejo. Esa también es una forma de censura, una forma amistosa, casi tierna”.

Otros llegan incluso a la mutilación de fragmentos sin previa autorización del autor. “En ocasiones, me han rechazado textos en una u otra revista, o me han pedido que cambie o corte alguna frase, y cierta vez me mutilaron un texto sin siquiera pedir autorización”, confiesa Mantilla.

El escritor avileño Francis Sánchez expone algunos ejemplos de censura: “Rafael Vilches y Ángel Santiesteban, por ejemplo, no se aceptan en ninguna editorial. Sé que libros de Ernesto Pérez Chang han sido mandados a retirar de las librerías en una Feria del Libro en Ciego de Ávila. Ileana Álvarez descubrió que de su libro Escribir la noche (Ed. Letras Cubanas, 2013) se habían impreso solo unos pocos ejemplares, y no los cientos que decía en el colofón”.

MÉTODOS DE LA CENSURA

Dentro de los métodos hay que citar los listados, en los que las instituciones incluyen a aquellos autores que no deben ser llamados para ninguna presentación, o que ni siquiera deberán ser citados en epígrafes. Incluso, a los que pueden ser incluidos en antologías, pero no publicarse íntegramente sus libros.

Frecuentemente, el estatus de autor censurado se define a partir del trabajo de comisiones, que se reúnen y toman decisiones y trazan estrategias como las que se han mencionado. Francis Sánchez narra su experiencia con una de estas comisiones. “El original de mi libro de cuentos Reserva Federal, entregado a Ediciones Ávila, fue puesto secretamente en manos de un grupo de personas para que dieran veredictos por escrito sobre la cuestión política. El problema era el relato que daba título al libro, con un personaje principal muy peligroso apodado ‘Barbas’. Me enteré casualmente del destino dado al original de mi libro, visité a algunos miembros del grupo censor, demandé respuestas. El director de la editorial, viejo oficial de la seguridad, para bloquearme, “quemó” a otro agente, acusándolo de haber sido el primero en detectar el problema de mi libro, y esta persona era nada menos que mi mejor amigo”.

Ya censurado un autor o su obra, la evasión pasa a ser una técnica eficiente, así lo expresa Zurelys López Amaya: “Solo cuando ya has entregado un texto, o una entrevista, es que te dicen en algunos casos que debes suavizarlo, porque los demás pueden pensar lo que no es, o simplemente no lo llegan a publicar y a veces se esconden para no darle la cara al autor por pena con él, por temor a que el autor los critique luego. Es absurdo, pues quien pide los textos para publicar casi nunca es el dueño de la revista, aunque pueda opinar, no decide por todos. Ni tampoco el que dirige la revista es dueño de nada. Aquí no hay dueños de revistas”.

Otros recursos, como el contratiempo y la burocracia, dejan a sus víctimas sin opciones de defenderse. “Me han puesto piedras en el camino y me han hecho perder tiempo, como a muchos otros, aunque siempre supe que esas cosas iban a suceder y, después de todo, he tenido suerte. Mi segundo libro, En-trance (1998), que obtuvo el Premio Abril en 1997, inquietó a algunos funcionarios que intentaron persuadir al jurado para que cambiara su veredicto, pero no lo lograron y el libro se publicó en forma”, confiesa Díaz Mantilla.

Ser un autor censurado en Cuba tiene determinadas consecuencias, más allá de que un determinado libro o texto no salga publicado. El testimonio de Francis Sánchez así lo ilustra. “El 10 de octubre de 2010 abrí un blog: Hombre en las nubes. Publicaba artículos de opinión sobre todo lo que me interesaba: literatura, temas cotidianos, y también política. Lo actualizaba desde las casas de personas que tenían internet autorizado, que me cobraban a 4 dólares la hora. Cuando publiqué artículos sobre el suicidio de Orlando Zapata, y sobre un preso político que había en mi ciudad, Pedro Argüelles, uno de los 75 de la Primavera Negra, me llegaron los ecos de la ira de muchos dirigentes. Un día, viendo una serie televisiva llamada Razones de Cuba, anunciada a bombo y platillo, descubrí en unión de mi familia, con horror, mi blog y mi rostro allí entre los que se ponían en la picota pública acusados de ‘cibermercenarios’. Se desató el pánico entre todas las personas que me rodeaban, un hermano dejó de visitarme, todo el mundo dejó de contactarnos, quienes me brindaban el servicio de internet no volvieron a abrirme sus puertas”.

¿Pero cuáles hubieran sido las herramientas legales con que contaba el autor avileño para defenderse de la censura? La siguiente información fue brindada por el abogado cubano Leonel Rodríguez Lima: “La censura como regulación que avale o legisle su ejercicio, no existe, como no existe un reglamento que la controle o delimite. No obstante, la Constitución cubana vigente tiene en su articulado enunciados que, cuando se analizan, dan una imagen de cómo, solapadamente, se presenta la censura en nuestra Carta Magna. El artículo 3 establece la irrevocabilidad del socialismo, pero, esencialmente, del actual sistema político y social instaurado en Cuba. En el 15, en su inciso b, se incluye que los centros culturales fomentados o adquiridos por el Estado son de propiedad estatal socialista de todo el pueblo, mientras que el artículo 21 garantiza la propiedad personal sobre los bienes y objetos que sirven para la satisfacción de las necesidades materiales y culturales de la persona, pero que también pueden ser embargados e incluso expropiados mediando un interés social. Sin embargo, el más importante es sin dudas el 39, inciso ch, que enuncia que la creación artística es libre siempre que su contenido no sea contrario a la revolución.

Afortunadamente, un autor censurado tiene asimismo su primera línea de defensa en lo que regula el artículo 26, en el cual se puede leer que toda persona que sufriere daño o perjuicio causado indebidamente por funcionarios o agentes del Estado con motivo del ejercicio de las funciones propias de sus cargos, tiene derecho a reclamar y obtener la correspondiente reparación o indemnización en la forma que establece la Ley.

Lo anterior conduce a la vía del derecho civil en el caso de la censura. Pero no debemos confiar en que cualquier obra o autor censurado tiene suficiente argumento para ser indemnizado. De hecho, la censura para el oficialismo no constituye un acto antijurídico, debido a lo que ya hemos visto regulado en la propia Prima Ley.

En realidad, resulta casi imposible llevar a feliz término un caso de daño moral en derecho de autor”.

LOS ROSTROS Y BRAZOS DE LA CENSURA.

“Fernando León Jacomino fue mi perseguidor durante muchos años, no sé si lo seguiría siendo después de perder su cargo en el Instituto Cubano del Libro. Pero me consta que se tomaba muy a pecho cortarme los pasos y se destacaba por su entusiasmo”, expresa Francis Sánchez, quien asimismo agrega: “En mi libro Epitafios de nadie (2008), publicado por Editorial Oriente, debían incluirse originalmente dos poemas, como especie de epitafios, con notas o paratextos que aludían claramente al Maleconazo de 1994 y el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, ese mismo año. Me llamó la directora de la editorial, Aida Bahr, amiga de la familia, para decirme que esos temas “aún no habían sido reconocidos oficialmente, de eso no se hablaba” y mis poemas no podían publicarse. Y no se publicaron”.

¿Pero constituyen estos nombres, y muchos otros que no se mencionan aquí, los verdaderos rostros de la censura?

“La política cultural del país no se dirige desde las instituciones culturales, es el Ministerio del Interior el que aprueba o no”. Así piensa Ernesto Pérez Chang, quien también alude a la autocensura: “Uno mismo es la principal fuente de censura, pocas personas se atreven a tratar un tema de manera frontal, todos los personajes son máscaras de algo, representación de algo, le tienen mucho miedo a lo real, a lo histórico”.

Más allá de las posibles elucubraciones sobre este fenómeno casi indemostrable, la censura de hoy es mucho más sutil que a principios del triunfo revolucionario, pero, como estos testimonios expresan, sigue siendo un problema de primer orden para la cultura cubana.

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