NOSTALGIA. EL NEGOCIO DE LA IMPRESIÓN.

Las 21 imprentas de Perejil

El barrio cuenta con la misma edad de sus máquinas de linotipia. Un antiguo oficio en la modernidad.

Omar de León se gana la vida con un negocio de impresión en un local de seis metros cuadrados cuya tercera parte la ocupa una máquina de linotipia.

Breve, de techo alto y situado en la planta baja de un edificio de más de 80 años de existencia, el establecimiento opera en Perejil y sobrevive gracias a esa máquina alemana de marca Heidelberg que pesa media tonelada y que se toma una hora para funcionar en caliente y que cuando trabaja suele lanzar quejidos como si fuera una vieja moribunda.

El negocio de de León se llama Creaciones y Copias Xpress (CCXpress) y la vieja moribunda que lo ocupa ya puede tener un siglo de ajetreo. Hace seis años llegó a CCXpress por la fuerza del brazo de una grúa que la introdujo rompiendo las paredes, sacudiendo el piso y levantando polvo para dejarla instalada ahí hasta el último de sus días.

León pagó 5 mil dólares al contado por ella, y su labor reciente solo se compara con la de un buey dedicado a jalonar pesadas cargas. El ocaso de la señora Heidelberg sirvió para proveer las necesidades de un hombre de 53 años, casado y con cinco hijos y trabajador hasta en las madrugadas.

Su negocio atiende a toda hora pedidos de tarjetas de presentación de abogados sin oficina, elabora facturas para empresas micro y pequeñas, encuaderna tesis universitarias, imprime libros destinados a sostener la lámpara de una mesa de noche y fabrica sellos de caucho de mango de madera.

León está pensando en abrir otro negocio, aunque desconoce todavía su objeto. “Esta máquina funciona según se le exige y garantiza calidad y muy buenos resultados, pero la competencia es dura, ya todo es tecnológico [digital], y las grandes compañías imprimen sin parar y a unos precios...”.

Entonces se queda pensativo, levanta la ceja derecha y de pronto arroja un comentario que es toda una revelación: “Aquí en calle Primera, Perejil, hay 21 imprentas, y algunas vienen comprando equipos tecnológicos y van al día con la modernidad. Yo también ofrezco de esas impresiones porque subcontrato a buenos precios. ¡Pero, qué va!...”.

El dueño de otra imprenta en Perejil calcula un total de 37 competidores. Es la voz más generosa, pero son más modestas las cuentas de José Quijada, dueño de Ivamar, local con servicios de papelería en general ubicado en el edificio a mano derecha de CCXPress.

“Serán alrededor de 15, y hay mucho por delante, pues el papel es todo. Nosotros trabajamos con computadoras y equipos modernos y tenemos de clientes a personas y empresas. Sí, nos va bien”.

LA LINOTIPIA CONTRA EL SIGLO XXI

En calle Segunda operan las máquinas de Corporación Gráfica. Es un negocio familiar atendido por la segunda generación de la familia Quiñónez. Los hermanos Elvia y Rodolfo ahora están al frente de la empresa inaugurada en la década de 1990 por el empeño de un tío medio loco, medio cuerdo, o sea un visionario, que adquirió una linotipia y la puso a producir impresiones a granel hasta hacerla una prodigiosa máquina de “imprimir” billetes.

Con la obstinación de los científicos cuando están seguros de su descubrimiento, el tío esperó la graduación escolar de su sobrino Rodolfo para involucrarlo de lleno en la imprenta.

“Cuando yo tenía 18 años salté de la escuela a este trabajo. Hoy soy uno de los socios, me encargo del taller, del área de diseño gráfico y de la mensajería si toca. Es una pequeña empresa de todos, y anda como es”.

Corporación Gráfica anda bien porque acopla las bondades de la linotipia con las ventajas de los equipos digitales.

“Ambas son muy cercanas en calidad”. Según sea el volumen de las impresiones, en la empresa acuden a la linotipia cuando un cliente pide más de mil “tiros” o copias de una misma impresión. Si el número es inferior, recurren a las otras máquinas.

EN LA MADRUGADA

En diagonal y a mano derecha de Corporación Gráfica se encuentra una tapa de alcantarilla que data de 1938.

Es decir, 40 años más joven que el sector de Perejil, llamado así según una obra del expresidente Belisario Porras, Memorias de las campañas del Istmo. Esta se basa en la guerra de los Mil Días y habla del campamento militar “Perrys”, situado detrás del antiguo Colegio Javier.

De manera que Perejil bien puede contar la misma edad de las máquinas de linotipia aún vigentes.

A ellas les debe que el barrio recobre un poco de fulgor en las noches y en las madrugadas cuando el silencio se rompe con los quejidos de aquellas viejas laboriosas que se niegan a morir.

Raúl Leis, Arraiján y Perejil

El nombre de Arraiján es un fenómeno dialéctico y folclórico semejante al ocurrido en la barriada de Perejil. El sociólogo Raúl Leis aseguraba que el sector donde está el distrito de Arraiján era denominado por las tropas estadounidenses como “At right hand”. Sobre Perejil, comentaba Leis que allí vivía un estadounidense propietario del terreno. Se apellidaba Perrys y pasaba feliz en sus parcelas sobre la loma.

Al sector se le llamaba la Colina de Perry o en inglés Perry´s Hill. Pasaron los años y el genio del idioma panameño bautizó el área como Perejil. Pero el barrio pasa por una época de decadencia. Se caen como costras las fachadas de los edificios, las calles están cubiertas de huecos. Y los residentes se quejan del olvido municipal. En diciembre se construyó una zanja, pero dejaron al garete un tubo roto que destila pestilencias.

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