TRADICIÓN. EL transporte EN LOS RÍOS DARIENITAS

La irremplazable piragua

Sin carreteras ni puentes para atravesar los ríos de Darién, las embarcaciones artesanales son las que mueven la provincia.

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La confección de piraguas exige conocimiento y mucho trabajo. La confección de piraguas exige conocimiento y mucho trabajo.
La confección de piraguas exige conocimiento y mucho trabajo.

Entre gubias, martillos, taladros y otras herramientas se afana cada día Emilio Quintana, yavizano de 62 años, jubilado, casado con Silvania Ortega, también de Yaviza, con la cual ha procreado cuatro hijos.

Desde niño le atrajo la navegación fluvial. Laboró como motorista para la Comisión Panamá-Estados Unidos para la Erradicación del Gusano Barrenador, donde se jubiló. Y aunque todavía trabaja como mecánico de motores, las piraguas son su pasión.

El aprendizaje de la carpintería de ribera lo comenzó a los 12 años. Su abuelo Fidel Quintana, quien tallaba piraguas de una sola pieza, fue su primer maestro. Luego su padre, Anselmo Quintana, le enseñó a armarlas y fue perfeccionando su arte.

En esta provincia, donde no hay calles ni avenidas sino anchos ríos, las piraguas son el transporte de los habitantes, la diferencia entre la vida y la muerte en una emergencia, el vehículo para sacar la cosecha o el “diablo rojo” ribereño.

Algunos críticos opinan que este medio de transporte es rudimentario, pero no aportan alternativas. Mientras los políticos no abran caminos de producción y puentes para vehículos rodantes, la piragua seguirá imperando como único medio de enlace en esta región.

Con el correr de los años y el crecimiento económico y comercial, este medio de transporte tradicional hubo de variar para adaptarse a los usos y necesidades, así como a la competencia del comercio y la logística.

Cuenta Emilio que hace 20 años la mayoría de las piraguas era de una sola pieza, pero hoy son escasas porque los árboles grandes, de troncos anchos, están muy distantes de los ríos. Las que se fabrican hoy son armadas, pues se transforman de piraguas chicas a grandes con tablones empatados.

Según Emilio, una piragua armada de cedro espino, de 40 pies de largo por 33 pulgadas de ancho y 4 pies de profundidad requiere de casi mil pies de madera, a $1.25 el pie. Eso suma $1,250. A este costo debe agregarse el cinc, pegamento, clavos, y la mano de obra que puede tomar 30 días de labor, a razón de $30 diarios, totalizando $900. Si se redondean los gastos, se elevan a casi $2 mil 200.

La piragua de una sola pieza es más complicada, pues hay que esperar varios días después del corte del tronco para poder trabajarla, y su tallado supera los 30 días. Su costo sobrepasa los $3 mil. Quintana reconoce que esta tendrá más años de vida y más resistencia que una piragua armada.

Los árboles cuya madera goza de mayor flotabilidad son el nuno, el cedro cebolla y el cedro espino, pero últimamente se está usando mucho el pino amarillo y el pino amarillo Guayaquil.

EXPERIENCIA

Emilio no se jacta de su experiencia. Sabe que es bueno en sus creaciones, pero admite que los indígenas emberás son los maestros de la carpintería de ribera. Entre ellos menciona a Raúl Pedroza, de Manené, en el río Balsas, y al ebanista Chingala, quienes arman embarcaciones sin necesitar de adosarles cinc. “Los empates son perfectos”, comenta. Otros grandes talladores son Juan Pedroza y Antonio López, de Marragantí, así como Casimiro Menguizamá, de El Común, en río Chico.

Raúl Pedroza, fabricante y piragüero, señala que la piragua debe poder navegar con facilidad y gracia en el río, por lo que deben ser muy planas en el fondo, no redondeadas, pues ello conlleva el riesgo de la inestabilidad y las hace inseguras.

Fabricia Gómez, de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) en Yaviza, sostiene que cada propietario de piragua sabe el aguante de su equipo, piragua y motor. Sin embargo, la AMP les recomienda respetar las normas de seguridad sugeridas para evitar hundimientos.

Ricaurte González, artesano ribereño, de la comunidad de El Real, considera que la piragua más grande que opera en estos ríos es la de la profesora Edelmira Linares, de Pinogana. La nave, que es armada, sobrepasa los 68 pies de eslora y los 5 pies de borda a borda. Cuando llega al puerto de Yaviza, cinco estibadores toman hasta seis horas para descargarla.

Actualmente, la AMP carece de personal para llevar registros que permitan conocer cuántas piraguas se mueven en la provincia y comarcas, así como la carga que llevan anualmente.

También se pueden hundir

Las piraguas, con todo y sus características tradicionales de fabricación, han sufrido naufragios y no por fallas de calidad y seguridad en su confección, sino por otros errores humanos.

Muchas veces, los motoristas que surcan el río no toman las precauciones o carecen de conciencia, y pasan a toda velocidad al lado de una piragua cargada, levantan grandes olas y las hacen zozobrar con pérdida total de la carga.

Se cuenta que hace poco más de dos años se suscitó una colisión entre una piragua y una lancha rápida del Servicio Nacional de Fronteras. En ese accidente incluso murió una persona.

Desde entonces, la Autoridad Marítima de Panamá prohibió los viajes después de las 6:00 p.m. y antes de las 6:00 a.m., para evitar nuevos choques. Ahora es obligatorio no sobrecargar las piraguas y colocarles una “bolda de balsas” (una tabla de madera de balso clavada a lo largo del borde) para que resista el embate de las olas.

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