ENTREVISTA CON LORENA CASTILLO DE VARELA

‘¿Quiénes somos para juzgar?’

La primera dama de Panamá abandera una lucha de cero discriminación. Aboga por la tolerancia y el respeto. Una aliada de la legalización de la unión entre personas del mismo sexo.

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La primera dama Lorena Castillo de Varela es embajadora especial de Onusida para América Latina y vocera del movimiento Cero Discriminación. La primera dama Lorena Castillo de Varela es embajadora especial de Onusida para América Latina y vocera del movimiento Cero Discriminación.
La primera dama Lorena Castillo de Varela es embajadora especial de Onusida para América Latina y vocera del movimiento Cero Discriminación. Gabriel Rodríguez

Un país conservador. Una primera dama. Una marcha gay. Los anteriores son componentes fundamentales de la Marcha del Orgullo Gay del próximo sábado 1 de julio, cuya abanderada será, de manera excepcional en su historia, una primera dama de Panamá. En esta oportunidad, Lorena Castillo de Varela.

La abanderada de 2017 explica su participación en esta jornada como una muestra de respeto a la diferencia sustentada en derechos humanos contramayoritarios, y para ello acude a una máxima bíblica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Pone de ejemplo al papa Francisco, aquella vez en la que recibió en el Vaticano al primer ministro de Luxemburgo y a su pareja homosexual, y repite el mensaje del sumo pontífice de que “no podemos juzgar” a nadie.

Defiende a la Iglesia católica. Exige protección para los más necesitados. Pide a la Corte Suprema de Justicia que escuche a todas las partes, y al final tome la mejor decisión basada en el ser humano, respecto al matrimonio igualitario.

Se encomienda a Dios. Habla de su entorno familiar durante su adolescencia. De la formación de sus tres hijos, de madres que han sufrido la muerte de sus hijos a raíz del rechazo de ellas...

Lorena Castillo de Varela asume la voz de miles de seres anónimos que se guardan las palabras por temor al flagelo de la discriminación. Es católica, devota, fan del papa Francisco y critica la hipocresía de la sociedad.

¿Qué tanto discrimina el panameño?

Muchísimo. En todo. En una de las primeras reuniones con las trabajadoras sexuales, con los gais, con la asociación de las transexuales, una de ellas lo primero que me dicen es: ‘y tú, ¿por qué eres embajadora del VIH Onusida si tú eres católica? ¿Tú qué sabes de esto? Tú nos vas a discriminar. Tú no vas a ser nuestra voz’. Bien agresiva. Bueno, dame oportunidad de demostrarte quién soy, le dije. Me siento discriminada por ti ahora. (...) Ahora somos las mejores amigas. Me contaron sus historias sobre cómo han sufrido, porque son mujeres atrapadas en el cuerpo de un hombre. Mucha gente piensa: eso se quita, eso es psicológico. No, no, esto es científico, genético. Tienen unas vidas tan duras. Si están por la calle vestidas de mujer y les piden la cédula y sale el nombre de un hombre, las meten presas. ¿Qué es esto? Para mí, esto es un salvajismo.

¿Por qué razones discrimina más el panameño: por sexo, religión, raza, nacionalidad?

Todo lo anterior. La experiencia que tengo es esa. Te discriminan por tu religión, por como te ves, por tu color de piel. Tenemos de todo en nuestra sangre: el indio, el negro. Tenemos una mezcla hermosa de razas. Y por supuesto que el tema de la homosexualidad en Panamá es como una mechita. Divide muchísimo a la sociedad. Todos tenemos amigos, tenemos a un familiar, todos conocemos a alguien. ¿Quiénes somos para juzgar?

¿Cómo se trabaja en una campaña de cero discriminación con este escenario?

Poniendo ejemplos. Una vez se cuentan las historias de las personas discriminadas, de lo que han vivido, de cómo las han hecho sentir.

¿Qué piedras ha encontrado en este camino?

Soy católica, y eso todo Panamá lo sabe. Soy devota de la Virgen, y eso no me hace más o menos que nadie. Simplemente soy yo, es mi parte personal, pero han utilizado eso para atacarme. Y me siento discriminada. Y por mi misma Iglesia, ojo, no solamente son las personas de otras religiones. Me ha tocado conversar con personas que son agnósticas con las que tenemos muchos más temas en común, en cuestión de respetos y de seres humanos, que no podría tener con una persona megarreligiosa que reza el rosario todos los días. La palabra clave es respeto.

Ha encontrado un punto de quiebre para llegarle a la sociedad.

Tengo tres hijos varones y en mi casa se respeta a todo el mundo por igual. Desde la persona que cocina en mi casa, que es como si fuera parte de mi familia, hasta la que te atiende en un supermercado. Así los he criado y creo que con ese ejemplo que tú puedes dar es la mejor forma para que ellos crezcan. No puedes dejar esto en manos de una escuela ni de más nadie. Tú tienes que tomar responsabilidad como padre y entender que necesitamos otro mundo allá fuera con mejores seres humanos. Hay gente demasiado agresiva. Últimamente, tú no puedes decir nada en redes, la gente está como encrispada. Te gritan, te insultan, te difaman.

El principio de igualdad incluye el derecho al matrimonio entre dos personas del mismo sexo. ¿Dónde quiere ver al país en este aspecto?

Tengo que decirles que como seres humanos todos tenemos derechos. Esto va más allá de religiones (...) Todos somos panameños bajo una sola bandera. Conozco un caso, el de una vecina que tenía su pareja. Sufrió de cáncer. La que la atendió, la limpió, la que la llevaba a hacer su quimioterapia, la que estaba allí era su pareja, y cuando ella muere, entra la familia y le quita todo. La deja en la calle, y estas personas tenían más de 30 años viviendo juntas. ¿Ustedes piensan que eso está bien?

Vamos a empezar a tocarnos como país dentro de nuestra familia y nuestro círculo, y no vivir en esta burbuja idealista que no existe. No es real. Despertemos y seamos sinceros con nosotros. Dejemos la hipocresía.

La palabra hipocresía aparece siempre en su discurso.

Sí, porque para unas cosas somos muy reza rosarios y vamos a misa todos los días. Y por otro lado, salgo y puedo acabar con una familia. Aquí tenemos historias de niños, y jóvenes que se han suicidado. Muchachos que se han suicidado porque eran homosexuales y no los aceptaban. ¿Quién eres tú para aceptar o no aceptar a alguien? ¿Quién te ha dado a ti esa potestad universal? Si no los aceptas, métete en tu casa, pero no hagas sentir inferior a nadie. Y mucho menos al punto del acoso y de que una persona se suicide, porque no puede ser quien es.

¿Qué le diría usted a la Corte Suprema de Justicia, que analiza recursos legales que apuntan al matrimonio entre dos personas del mismo sexo?

Que escuchen todos los casos. Que escuchen a todas las partes, y al final tomen la mejor decisión con base en el ser humano. A veces dicen, y me parece tan absurdo, porque ‘son pedófilos’. Porque si eres homosexual eres pedófilo. Igual dicen, pero si eres un cura, eres pedófilo. O sea, ya no importa lo que seas, eres pedófilo. No tiene que ver ni con religión ni con orientación sexual. El que es malo, el que es pillo, es pillo. Dejemos de ser hipócritas.

Hay quienes definen a la familia en el hecho de que debe estar conformada por un hombre y una mujer. Para la primera dama, ¿qué es una familia?

Mi papá a nosotros nos abandonó cuando yo tenía 13 años y más nunca apareció. Apareció después, cuando yo estaba mucho más grande, pero mi familia era mi mamá y mi abuela. Así hay muchas aquí también en Panamá. O sea, que ese tema de familia perfecta, del papá perfecto y de la mamá perfecta, no es real. Todas las familias tienen sus problemas, y lo más importante es el respeto. Una mamá soltera cría perfectamente a un hijo, sola. Igual, un hombre cría a un hijo, solo. Soy católica, estoy tratando de abrir un poquito más el compás, siendo más real en este sentido. No soy nadie para decirle qué hacer a las leyes de Panamá. Yo soy una primera dama. Yo no me meto en leyes ni tengo ningún tipo de potestad (...) Esa gente que dice: ‘por qué está siendo un lobby gay, y por qué quieren cambiar las leyes (...)’. Señores, yo no tengo ese poder.

Usted será la abanderada de la Marcha del Orgullo Gay. ¿Qué significa eso para usted?

Estoy muy contenta de poderlo hacer.

¿Cómo se dio esto?

Conozco a tantas personas en las comunidades, que se me han acercado, que me han contado sus historias, a quienes hemos tratado de sacar de la calle, de la prostitución, a quienes hemos llevado para que se hagan sus exámenes de VIH. Por quienes hemos luchado para que sus medicinas estén aquí. También tengo una relación con ellos, personal. Los conozco y conozco sus luchas. Me han abierto las puertas de sus casas, los secretos de su vida. Los conozco. Como comunicadora. ¿Cómo no voy a ser voz para ellos? ¿Y qué? ¿Me voy a meter en mi casa y voy a decir yo no voy a hablar de este tema porque políticamente, o por religión, no es correcto? No me importa lo que digan de mí. No voy a correr a nada, a mí no me interesa. Estoy aquí para ser voz del que no la tiene. Hay que ser valientes. Hay que dar la cara. Hay que luchar por lo que uno cree.

¿Quién la acompaña en esta cruzada?

La verdad: Dios. Tengo que decírselos, en serio, Dios. Y meto mi religión, parece paradójico, pero cuál es el primer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. No te dice si al chinito, no; o al morenito, tampoco. O al homosexual, no. No te pone a escoger. Eso no lo dice en ningún lado.

¿Cómo se está preparando para ese día?

No tengo logística. Soy espontánea. Me está pasando algo increíble. Cada día me entero de más casos; de más familias en las que sus hijos les están hablando; en las que están hablando de este tema. Porque este tema era un tabú. Y siento que ya está en el ambiente. Ya se habla de este tema. Este es un tema del que hay que hablar. Panamá no puede quedarse atrás. Independientemente de lo que se haga legalmente. Como seres humanos, tenemos que crecer y abrirnos.

Hay una campaña que circula por redes sociales que muestra diferentes testimonios. El caso más asombroso es el de una madre que dice: ‘Mi hijo se suicidó, porque yo no lo aceptaba’.

Ella va a caminar conmigo. Es que te tienes que poner en los pies de la gente. Te tienes que meter en la piel de la gente. No solamente sentarte aquí y decir: a mí eso no me va a pasar. Tú no sabes. Todavía somos jóvenes, nos vienen nietos, nietas. Estamos abriendo un camino en el que haya cero discriminación y un camino de paz para todos por igual. Yo pedí que esa madre tiene que caminar conmigo, porque es que la gente tiene que conocer esas historias, y hay quienes simplemente se tapan los oídos y no los quiere escuchar. Pero es la realidad, y no podemos permitir que más nadie se mate por bullying.

¿Por qué cree que es importante que las parejas del mismo sexo puedan legalizar su estatus?

El tema legal es como cuando una mujer se casa con un hombre. No voy a usar la palabra casarse, vamos a hablar de la parte legal. Tú te unes legalmente a una persona. Si tú te vas a divorciar, hay leyes que tienen que seguir los dos. Hay una parte que te toca a ti, parte que no. ¿Quién se queda con los hijos? ¿Con la casa? Recordando un poco esta pareja que conozco, en la que ella muere de cáncer, y la familia echa a la pareja completamente a la calle. Eso no está bien. Esa persona fue la que la cuidó, la que estuvo ahí y como ese caso hay muchísimos. Pacientes de VIH o simplemente personas comunes y corrientes que viven una vida tranquila. Que tienen su pareja y que quieren compartir una vida en orden legal.

Dos hombres o dos mujeres en la calle, agarrados de la mano o besándose. Eso en Panamá es un escándalo. ¿Qué mensaje le dice a esos que se aterran?

Sí, pero es muy normal que nos encontremos con fulano de tal que está casado con sutanita de tal, besándose y agarrados de la mano con otra que no es su esposa. ¿Y eso está perfectamente bien, verdad? Ahí es donde entra la hipocresía del mundo. ¡Ah!, pero está mal que dos personas del mismo sexo tengan una relación. Si vas a respetar a ese señor o señora que tiene una vida extramarital, respeta también acá.

Usted es católica ferviente, practicante, y la Iglesia católica se opone al matrimonio entre dos personas del mismo sexo. ¿Qué dilema le genera esto a usted como creyente, como primera dama y como ser humano?

Sigo mucho al papa Francisco. Y si ustedes se dieron cuenta de que el papa recibió al primer ministro de Noruega con su pareja. Con el consorte, ellos son una pareja homosexual. Fueron recibidos en el Vaticano. Y uno de los mensajes del papa es que no podemos juzgar. Que no somos nadie para meternos en la vida de nadie. Que un buen católico no está para juzgar ni para hacer sentir mal a nadie. Estamos para dar amor, para crear paz, para crear unidad, entre todos los seres humanos. Esa soy yo. Estaré bien o estaré mal. Aquí me dan palo porque sí y porque no. Para mí, lo importante es que el día en que yo me muera me abran la puerta del cielo y me digan: sabes qué, tú no juzgaste a nadie. No hiciste sentir a nadie inferior. No discriminaste a nadie. A todo ser humano que se te acercó le diste amor y respeto.

Ha perdido amigos por esta posición...

No. Gracias a Dios la gente que me rodea por algo me rodea, porque tenemos cosas en común. Y esto es algo que tú no puedes caminar con gente cobarde. Tienes que tener gente con ese valor de lucha por los demás. Y creer en lo que estamos haciendo.

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