La ley del silencio

El asesinato de Hugo Spadafora conmocionó al país y fue el preludio de la lucha civilista contra el régimen de Manuel Antonio Noriega. LA PRENSA/Archivo. El asesinato de Hugo Spadafora conmocionó al país y fue el preludio de la lucha civilista contra el régimen de Manuel Antonio Noriega. LA PRENSA/Archivo.
El asesinato de Hugo Spadafora conmocionó al país y fue el preludio de la lucha civilista contra el régimen de Manuel Antonio Noriega. LA PRENSA/Archivo.

El 13 de septiembre de 1985, Hugo Spadafora salió temprano de su casa en San Francisco de Goicoechea, Costa Rica. Abordó un avión con destino a Coto 47, en la provincia de Puntarenas, frontera con Panamá y allí tomó un taxi a Paso Canoas, en territorio panameño, donde almorzó. Y siguió su camino en bus hacia David. Un camino que ya no completaría.

Spadafora había sido viceministro de Salud de Panamá durante el mandato de Omar Torrijos, participado en la lucha revolucionaria en Guinea Bissau, África occidental, y fue voluntario en Nicaragua, enfrentando al régimen de Anastasio Somoza.

Luego, se desencantó con el rumbo de la revolución Sandinista. La figura ascendente y oscura de Manuel Antonio Noriega, ahora comandante de las Fuerzas de Defensa, se había convertido para él en una amenaza para Panamá.

Fue una de las primeras figuras públicas en denunciar los vínculos de Noriega con el narcotráfico. Radicado en Costa Rica, sentía que debía hacer frente a su denuncia en Panamá. Creía que en casa Noriega no se atrevería a tocarlo. Pero el mismo día que viajó a Panamá, el agregado militar de la embajada en San José puso sobre aviso a las autoridades panameñas.

Spadafora fue obligado a bajar del bus en Concepción de Bugaba por un miembro de las Fuerzas de Defensa, Francisco Eliécer Bonilla, Bruce Lee, y llevado hasta el cuartel, de acuerdo con la Comisión de la Verdad.

Por donde pasaba, Spadafora enseñaba su cédula y decía en voz alta: “Soy el doctor Hugo Spadafora y he sido detenido por las Fuerzas de Defensa”. Mucha gente lo vio. Bonilla relata que permanecieron un rato en el cuartel de Concepción, y luego se fueron al área de Varital en Boquerón. Allí se encontraron con Julio César Miranda Caballero, Muñecón, otro militar.

Según un testigo, Bonilla contó que en un camino apartado Miranda le pegó a Spadafora con la cacha del revólver en la nuca. Lo creyeron muerto y huyeron. Bonilla regresó a buscar el maletín de Spadafora y al darse cuenta de que aún vivía, forcejeó con él y lo estranguló con una cuerda.

Miranda y Bonilla se acusaron mutuamente de la muerte de Spadafora. Surgirían otras versiones en las que saldrían a relucir las torturas de las que fue objeto Spadafora antes de morir.

Bonilla habría vuelto después al cuartel, donde contó lo ocurrido a Demetrio Rodríguez Palé y a Luis Papo Córdoba. Este último habría dado la orden de iniciar un operativo para borrar el rastro del crimen. En Costa Rica, a la altura del puente de El Roblito, sobre el río La Vaquita, arrojaron el cadáver. Antes de deshacerse del cuerpo, Bonilla le habría cortado la cabeza “por órdenes superiores”. Luego, Bonilla lo negaría y diría que fue otro militar el que lo hizo.

Según versiones posteriores, la cabeza fue enterrada en el cuartel de Corozo, Chiriquí, donde realmente habría ocurrido la decapitación. Esta sería desenterrada después y su paradero hoy es desconocido.

El cuerpo de Spadafora fue hallado por un joven campesino tico el 14 de septiembre. Las autoridades costarricenses se hicieron cargo.

En Panamá, la familia estaba inquieta por la desaparición. El hallazgo del cuerpo aumentó la tensión. La reconstrucción del recorrido de Spadafora llevaba hacia el mismo punto. Una pariente confirmó finalmente que se trataba de Hugo.

La muerte de Spadafora indignó a Panamá. Marchas y manifestaciones opositoras se sucedieron por esos días y Noriega se vio expuesto como nunca antes al enojo popular.

El Ministerio Público abrió una investigación. Pronto desestimó a los principales testigos. Tres meses más tarde se pidió un sobreseimiento definitivo a favor de Bonilla, Omar Vega Miranda y Eliécer Ramos.

El Órgano Judicial dictó el sobreseimiento en 1986. El 20 de septiembre de ese año, el presidente de la República, Nicolás Ardito Barletta, anunció la creación de una comisión especial para investigar el hecho.

Esto solo produjo que las Fuerzas de Defensa lo obligaran a renunciar. Un año más tarde sería el coronel Roberto Díaz Herrera, tras su jubilación, quien culparía a Noriega por la muerte de Spadafora y del intento del general para incriminarlo.

El deterioro del régimen culminó con la invasión estadounidense de 1989 y la captura de Noriega.

La Sala Penal de la Corte Suprema ordenó, en marzo de 1990, la ampliación del sumario. El 23 de abril se creó la Fiscalía Primera Superior Especial para “llevar a cabo la investigación del homicidio del doctor Hugo Spadafora Franco y otros homicidios”. El 7 de junio la fiscalía asumió el conocimiento del caso. Acusados y testigos fueron llamados a declarar.

El 23 de diciembre de 1993, la Sala Penal de la Corte llamó a juicio a 10 personas, entre las que figuraban Noriega, Bonilla y Miranda. La audiencia duró dos meses, a partir del 6 de julio. Noriega, Bonilla y Miranda optaron por un juicio en derecho.

El 20 de octubre, el Tribunal Superior del Tercer Distrito Judicial condenó a los tres a veinte años de prisión, la máxima pena entonces. Los demás encausados fueron declarados inocentes.

En 2004, el excoronel Luis Papo Córdoba, condenado por el homicidio de Edwin Heredio Amaya y exculpado en el de Spadafora, abandonó la cárcel.

“No siento rencor y estos 15 años en prisión me sirvieron para acercarme más a Dios”, dijo al salir.

No sería hasta los meses de enero y febrero de 2010 que Bonilla y Miranda recobrarían su libertad. Ninguno completó los veinte años de la sentencia original.

Miranda, quien vive en Chiriquí, trata de mantener un bajo perfil. Abordado por periodistas en diversas ocasiones, ha preferido guardar silencio. No habla de lo ocurrido.

Algo similar ocurre con Bonilla, quien vive en la provincia de Veraguas. Dice haber sido un chivo expiatorio pero no da mayores pistas.

Su versión de los hechos fue publicada hace años en un texto titulado Así murió Spadafora: la verdad de Bruce Lee, escrito por su abogado defensor Florencio Castillo.

Entre tanto, Papo Córdoba tampoco aborda lo ocurrido en aquellos años. Hoy, ministro evangélico, ha dicho que en prisión “se acercó a Dios” y se arrepintió, pero no se refiere a nada de aquellos años ni asume ninguna responsabilidad.

Noriega regresó a Panamá en 2011, luego de estar prisionero en Estados Unidos y Francia, a cumplir, entre otras, la sentencia por el asesinato de Spadafora.

Hermético sobre este y otros casos no ha dado pistas de lo que realmente sucedió.

Para recordar la vida de un personaje

El periodista y escritor de origen cubano Amir Valle, radicado en Alemania, publicó en 2013 Hugo Spadafora, bajo la piel del hombre, un libro en el que se reconstruye la vida –más que la muerte– de un personaje nacional. Lastimosamente, suele conocerse y recordarse, sobre todo, su trágico final y las turbulentas circunstancias que vivía Panamá en la década de 1980, tras la muerte de Omar Torrijos, el fallido retorno a la democracia, el endurecimiento de la represión y el abuso del poder de los militares que desembocaría en la invasión estadounidense de 1989.

Valle acomete este proyecto editorial por encargo de la familia Spadafora, que sentía que faltaba el testimonio vital de Hugo y que por diversas razones, según dice, nadie quería abordar en Panamá.

Valle tuvo acceso a una extraordinaria cantidad de información y el ser extranjero le ayudó a tomar distancia de posiciones y personajes nacionales.

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