RAFAEL MÉNDEZ

Un luchador por la vida

Tras sufrir hace 15 años una aneurisma cerebral, Rafael Méndez sigue mirando al futuro y tiene una nueva meta: ser ingeniero en sistemas.

Temas:

Rafael Méndez trabaja como técnico en computación en la Dirección de Informática de la Asamblea Nacional. Rafael Méndez trabaja como técnico en computación en la Dirección de Informática de la Asamblea Nacional.

Rafael Méndez trabaja como técnico en computación en la Dirección de Informática de la Asamblea Nacional.

Méndez pide a los jóvenes estar conformes como son físicamente para evitar consecuencias a su salud y a sus vidas. Méndez pide a los jóvenes estar conformes como son físicamente para evitar consecuencias a su salud y a sus vidas.

Méndez pide a los jóvenes estar conformes como son físicamente para evitar consecuencias a su salud y a sus vidas.

Inquieto, curioso y soñador como todo niño, así era Rafael Méndez cuando chico. Un amante de la vida, deseoso de triunfar y de sacar adelante a su familia.

Apasionado por los deportes, en especial el fútbol, el baloncesto y la lucha libre, Rafael, de 35 años, en su infancia quería ser basquetbolista profesional.

Pero a los 17 años decide inclinarse por el fisiculturismo, algo que traía en mente desde pequeño cuando imitaba al luchador estadounidense Hulk Hogan.

Esa pasión se acentuó en su afán de tener un cuerpo escultural y musculoso, una moda en muchos jóvenes que quieren impresionar y lucir diferente.

Cuenta que con ese deseo empezó a consumir esteroides anabólicos y Ganabol, un esteroide de aplicación oral utilizado para ciclos de volumen y que, originalmente, en su forma inyectable era usado para que caninos, porcinos, equinos, bovinos, ovinos y caprinos ganaran peso y masa muscular.

Los fisiculturistas también suelen emplearlo para aumentar su fuerza.

Para entonces, Rafa, como le llaman sus amigos, pesaba 150 libras y aspiraba a emular a William Scott Goldberg, conocido como Bill Goldberg o Goldberg, otro exluchador profesional estadounidense y exjugador de football americano.

“Yo no me sentía a gusto con mi cuerpo, porque era flaco y quería estar musculoso porque el trabajo me lo exigía. En ese momento era seguridad en una discoteca llamada Prestige, en La Chorrera. Teníamos que sacar a algunas personas que se tornaban problemáticas... necesitaba fuerzas y para mí esa era la solución”, relató.

Contó que con el consumo de esta sustancia llegó a pesar 170 libras “de puro músculos”. “Me sentía con mucha fuerza, podía levantar yo solito carros sedanes de todo tipo, me sentía contento por mi nueva apariencia. Me sentía invencible”, dijo.

Por cuatro años, hasta los 20, lucía fortachón, como siempre soñó, y quería más. Pero esa fantasía le jugó una mala pasada.

Recuerda que un día en el año 2000, cuando caminaba a comprar su almuerzo detrás del hospital Santa Fe, en la ciudad capital, cerca a su nuevo trabajo en una agencia para rentar autos, sintió un dolor en la nuca, lo que le provocó que se desplomara en medio de la calle.

Unos conocidos lo levantaron y lo trasladaron al hospital Santo Tomás.

Rafa había perdido el conocimiento. No sabía quién era ni dónde estaba. No podía hablar ni caminar.

Su caída se debió a una aneurisma cerebral por el consumo de estas sustancias en el afán de lucir fuerte.

Como intentando no olvidar nada de lo ocurrido, levanta la mirada, toma un respiro... y recuerda: “ Yo abrí mis ojos, pero no sabía dónde estaba ni quién era”.

El accidente cerebrovascular afectó el hemisferio izquierdo del cerebro, causándole daños psicomotores del lado derecho del cuerpo. Había perdido la movilidad de su brazo y pierna derechos.

“Me sentí muy triste. Estuve casi un mes hospitalizado y no me sentía bien; me dieron de alta, pero no hablaba ni caminaba. Quedé totalmente hecho un vegetal. Me sentía mal porque no hacía nada, era como un bebé, todo tenían que hacérmelo”, cuenta con nostalgia.

Pasos de vida

Tras el incidente, y con esa misma fortaleza con la que transformó su cuerpo, empezó a dar pasos importantes en su mejoría. Además, pensaba en su futuro y en la superación profesional en su nueva condición.

En 2001 inició su etapa de recuperación, la cual atribuye, primero a Dios, a su madre, Dalvis Estrella López, al resto de sus familiares, amigos y vecinos.

Recuerda que hermanos de la iglesia a la que asiste lo visitaban a su casa en Nuevo Arraiján y oraban por él. Le gustaba porque lo animaban a seguir adelante.

Por ello acudió a un naturista en Veraguas que le entregó remedios para diluir los coágulos de sangre que pudieran afectarle. También se fue a Monagrillo, en Herrera, a un fisioterapista conocido como el maestro Cerin.

Cuenta que este señor, apenas lo vio, le dijo a su mamá que en tres días podría hablar.

“Con sus masajes empecé a recobrar casi todo. Yo no hablaba, eso fue efectivo... eso pasó, empecé a gritar, con el dolor que sentía comencé a pronunciar palabras y a hablar nuevamente”, señala, y en él vuelve a renacer una sonrisa durante su relato.

Esa misma sensación de felicidad la vivió cuando recobró el habla.

Su deseo de ser el mismo de antes lo mantuvo fuerte en sus terapias y poco a poco movía sus piernas.

Rafael manifiesta que cuando ya sentía que podía dar más, acostado en su cama, escuchaba a sus vecinos corriendo y jugando fútbol.

Como era inquieto se sostenía de las cortinas de su cuarto para caminar, pero caía una y otra vez tras perder el equilibrio.

Más que desanimarlo, este obstáculo lo impulsó a intentarlo hasta lograr su objetivo y, aunque estaba en una silla de ruedas, daba sus primeros pasos.

Ejemplo de superación

Pese a su nueva condición física, Rafa se impuso otro reto. Solo había llegado hasta tercer año de secundaria, insuficiente para obtener una plaza de trabajo para mantenerse y ayudar a su madre.

Su vecina María Cerrud, quien lo ayudaba en sus terapias, le dijo que su incapacidad era física y que muy bien podía estudiar y luego trabajar.

Rafa destaca que Cerrud le entregó una volante de un colegio en La Chorrera, se lo comentaron a su madre y se matriculó.

“Comencé con un curso de técnico en operación y cómputo, con especialización en diseño gráfico. Tomé otro curso de técnico en reparación y rearmado de computadoras como administrador de redes y después saqué el bachillerato en informática en 2005”, detalla.

A pesar de las secuelas del accidente cerebrovascular que le impiden movilizar su brazo y pierna derechos con normalidad, ese año, con esa preparación académica, Rafa recibió una llamada de la Dirección de Recursos Humanos de la Asamblea Nacional

A partir allí empezó a laborar otra vez, una meta que se había trazado al retomar sus estudios.

Comenzó impartiendo cursos de informática. Luego lo enviaron a la imprenta como diseñador gráfico y en la actualidad labora como técnico de computadoras en la institución.

Ahora quiere ser ingeniero en informática, aunque entre lamentos y sonrisas cuenta que su salario es poco para costear sus estudios.

Aun así está convencido de que algún día logrará conseguir esta meta.

Reconoce que lo sucedido le dejó una gran enseñanza que quiere transmitir a los demás, en especial a los jóvenes confundidos por su apariencia física.

“Uno tiene que ser conformista como Dios nos trajo a este mundo, porque el tratar de ser diferentes y experimentar cosas nos puede traer graves consecuencias a la salud y a nuestras vidas”, expresó.

Personaje

Rafael Méndez

Edad: 35 años

Nació: 12 de marzo de 1980

Hijos: uno

Residencia: Nuevo Arraiján

Estudios: Bachiller en Informática, técnico en reparación y rearmado de computadoras; técnico en operación y cómputo con especialización en diseño gráfico.

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