francisco, el pontífice que vino del fin del mundo

Los mil días del Papa

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El papa Francisco ha dicho que prefiere las ‘periferias existenciales’. El papa Francisco ha dicho que prefiere las ‘periferias existenciales’.
El papa Francisco ha dicho que prefiere las ‘periferias existenciales’.

La noche del 13 de marzo de 2013, Jorge Mario Bergoglio se negó en rotundo a que una limusina le llevará hasta la Domus Santa Marta, una residencia para cardenales dentro de los muros de la Ciudad del Vaticano, donde iba a cenar con el resto de cardenales que unas horas antes le había elegido como el pontífice número 265 de la Iglesia católica. Si nunca había tenido chófer, ¿por qué iba a empezar a usarlo en aquel momento? Nadie sabía entonces que el Papa “venido del fin del mundo”– que además escogió el nombre de Francisco, en alusión a san Francisco de Asís, el santo de los pobres- estaba determinado a emprender una verdadera revolución en el seno de la institución más antigua del mundo.

Francisco no usa coches blindados, le gusta pasear entre las multitudes y estar en contacto directo con la gente, rechaza el protocolo burocrático del vaticano y habla sin tapujos. La espontaneidad y frescura de un sencillo cura argentino, en edad de jubilación, ha provocado algún que otro quebradero de cabeza a la poderosa oficina de prensa de la Santa Sede.

La primera muestra de la trasparencia se dio durante una entrevista –sin preguntas pactadas o previamente censuradas- que concedió en el avión de regreso de Río de Janeiro (Brasil), el primer viaje de su pontificado.

El Papa rompió de algún modo uno de los grandes tabúes de la Iglesia católica, cuando al ser preguntado sobre su postura con respecto a la homosexualidad, respondió: “si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”.

Las misas matutinas que celebra cada mañana como un simple párroco y a las que acuden oficinistas, jardineros o encargados de la limpieza del Vaticano son un fiel reflejo de la humildad que define sus gestos y que lo ha transformado en una persona inmensamente popular.

Los pontífices tienen la misión de retar a la sociedad y Francisco ha conseguido que sus mensajes lleguen a todos los rincones del planeta. Sus duras críticas al sistema económico global y a la especulación financiera se completan con su opción por los más desfavorecidos, ya sean las mujeres víctimas de la trata, los niños que se convierten en carne de cañón para las organizaciones criminales o los refugiados que mueren en el mar.

Al Papa le gusta estar cerca con lo que él llama “periferias existenciales” y no es extraño que invite a almorzar a los vagabundos que viven en las cercanías de la plaza de San Pedro de Roma. Pocas semanas después de haber sido elegido pontífice, cumplió un gesto inédito. Decidió celebrar la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo en el Instituto Penal de Menores ‘Casal del Marmo’ donde lavó los pies a 12 jóvenes de diferentes nacionalidades, 2 de ellos, mujeres y una de ellas musulmana.

Pero los mil días de pontificado han demostrado que es un gran estratega con un talento innato para la diplomacia que se evidenció cuando logró la caída del último muro de la guerra fría. Cuba y Estados Unidos anunciaron que reinstauraban las relaciones diplomáticas tras años de bloqueo gracias a la mediación del Papa argentino.

Otro de los momentos más recordados de sus mil días de pontificado fue su viaje a Lampedusa (Italia) después de la muerte de cientos de inmigrantes que intentaban alcanzar la isla italiana en pateras. Su grito de “vergüenza” por lo ocurrido resonó.

Sus feroces críticas a los abusos del sistema capitalista que durante su viaje a Bolivia llegó a catalogar de “excremento del diablo” han generado incomodidad e incluso desprecio de algunos sectores que han dicho que era un Papa marxista. Sin embargo, los que lo conocen de cerca saben que su figura no puede reducirse a un cajón ideológico.

El reconocimiento mundial como uno de los líderes morales, le ha permitido entrar con fuerza en debates globales como la inmigración o el cambio climático y sus reflexiones contra la corrupción, que ha definido en varias ocasiones como un pecado gravísimo, o contra la cultura del descarte han consolidado su influencia en la geopolítica mundial.

En las asambleas de cardenales que precedieron al cónclave del que salió elegido el entonces cardenal Bergoglio se debatieron por primera vez en toda la historia de la Iglesia católica los escándalos que provocaron la renuncia de Benedicto XVI. Por ello, los expertos aseguran que los purpurados decidieron elegir a alguien con capacidad para poner orden en la denostada Santa Sede, desgarrada por los casos de abusos sexuales y marcada por una gestión económica de excesos corruptos.

En estos 32 meses, Francisco ha delegado a un Consejo de nueve cardenales las tareas de limpieza en las finanzas del Vaticano y ha instituido una comisión que se ocupa de la crisis de abuso sexual de los clérigos. Además, ha agilizado las normas que regulan el proceso de nulidad matrimonial y ha simplificado los dicasterios de la curia vaticana agrupando sus funciones y eliminando lo superficial. Además, ha creado 39 cardenales, entre ellos al primer cardenal panameño, José Luis Lacunza.

La reforma de la curia romana se ha topado con una fuerte oposición que ha derivado en un escándalo de dimensiones colosales que tiene como protagonistas al sacerdote español Lucio Vallejo Balda, designado por el Papa como responsable del organismo que debía limpiar el aparato económico del Vaticano, y su amante, una joven italiana con un pasado controvertido que él mismo introdujo en la comisión vaticana.

Según las acusaciones del tribunal vaticano, ambos orquestaron el robo y filtración de documentos secretos que evidenciaban la gestión corrupta de las finanzas de la Santa Sede y los excesos de una vida llena de lujos de algunos cardenales.

El Vaticano mandó a juicio a los urdidores de la conspiración contra Francisco, pero también a los dos periodistas Emiliano Fittipaldi y Giancarlo Nuzzi –autores de Viacrucis y Avaricia- cuyas páginas mostraban los documentos de la vergüenza. En mitad de la tormenta, el Papa superó las dificultades y dijo que la reforma no se detendrá.

Si algo ha dejado patente en su pontificado es que su intención es cambiar también el fondo de la Iglesia católica. La doctrina sigue siendo la misma, pero Francisco ha cambiado el enfoque y ha puesto el acento en la misericordia, tema principal del Año Jubilar que se inaugurará este miércoles.

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