EMPRENDIMIENTO. NUEVOS HORIZONTES PARA CREADORES DE LA COMARCA.

La mola se pone cómoda

Se han emprendido proyectos basados en el arte detrás de la tradicional mola para convertirla en objeto de deseo en la metrópoli.

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La diseñadora Yalibeth Roldán empleó como pretexto el saburete o falda guna para dar vida a otras creaciones en un desfile de modas del Festival Dule. La diseñadora Yalibeth Roldán empleó como pretexto el saburete o falda guna para dar vida a otras creaciones en un desfile de modas del Festival Dule.
La diseñadora Yalibeth Roldán empleó como pretexto el saburete o falda guna para dar vida a otras creaciones en un desfile de modas del Festival Dule.

Ropa diseñada por manos gunas para damas gunas. Así había concebido su idea de negocio Yalibeth Roldán, una artista visual de origen guna que posó sus aspiraciones en la floreciente industria de la moda.

Por entonces, en 2009, deseaba que toda mujer guna que se paseara por la capital tuviera la oportunidad de lucir los rasgos distintivos de su atuendo tradicional “en cualquier ocasión”, así fuera para ir a la oficina.

“Me molestaba que mis paisanas tuvieran que guardar las blusas de molas y el saburete (falda) solo para cuando regresaban de visita a la comarca”, se queja Roldán, también pintora, quien ha emprendido junto con la especialista en mercadeo Sogui Díaz la carrera de diseñadora de modas bajo el sello de “Dutu Mola”, que en lengua dule significa flor-ropa.

El concepto parecía simple. Apostaban a lo seguro. Pero pronto aspiraron a más, a incluir entre sus clientes a las “latinas” o wagas como suele identificarse a las mujeres que no son hijas de gunas ni nacieron bajo el sol ardiente de las islas del archipiélago de San Blas.

Además, en Dutu Mola el fin va orientado a fusionar molas con tendencias actuales. Y es que a Roldán le dio nostalgia cuando notó que el febril gusto por el textil colorido hecho a mano en la comarca cayera en desuso.

Un caso popular de las aplicaciones en mola se registró en la década de 1980 cuando se popularizó la frase “My name is Panama” como parte de una campaña de turismo para promocionar el país en el exterior. Posterior a ello, llegó el fenómeno de los suéteres estampados con la memorable inscripción de “My name is Panama”.

‘Gunas Models’

El compulsivo mundo de la moda ha dado paso a otra ramificación, la del modelaje con el distintivo étnico. Anselmo Urrutia, por ejemplo, lanzó una academia de modelaje dirigida a chicas provenientes de la comarca.

Un parangón creado como una oportunidad para que sean las mismas jóvenes gunas las transmisoras del ajuar con aplicaciones autóctonos. En el acto de modelar profesionalmente, Urrutia encuentra una justificación para “que de alguna manera las chicas gunas sientan orgullo por sus raíces e incentiven a otras mujeres a lucir los atuendos”.

En su academia G-D Gunas Models forman a las chicas en conceptos afines con las pasarelas, como el arreglo personal, etiqueta, maquillaje, autoestima, nutrición y ejercicio, sin dejar de lado el reforzamiento en cultura, danza y canto dule.

Cuestionado sobre la posibilidad de crecer como academia y llevar a las “gunas models” a pasarelas internacionales, Urrutia no es optimista; dice que la etnia tiene una característica desventajosa: la baja estatura.

Por el momento, se concentra en la propuesta de preservar la cultura, realzar la belleza y el talento de las jóvenes gunas y, como objetivo aliado, impulsar el gusto por la mola.

De hecho, la escuela de modelaje cuenta con la diseñadora de moda Marisol Hernández, encargada de la creación de nuevos diseños para la indumentaria que posteriormente visten las chicas de G-D Gunas Models en presentaciones artísticas o culturales.

En cuanto a las molas, recalca que estas son hechas por mujeres en su mayoría madres y abuelas de las islas para mantener la fidelidad con sus antepasados.

MANTENER EL LEGADO

En tanto, Rosina Ynzenga, presidenta de la fundación Mua Mua, es una convencida de que para resaltar la vestimenta indígena se requiere incentivar a las chicas gunas a aprender a hacer este arte, especialmente desde muy pequeñas.

Así mismo, sugiere al comprador el reconocimiento del valor monetario de la mola, puesto que en su confección, nada fácil, se invierten días para llegar a aplicar la técnica.

En su fundación Mua Mua, por ejemplo, se imparten talleres de concienciación que buscan recalcar en las familias gunas el legado de sus conocimientos.

Ynzenga advierte de que se estima que el 10% de las nuevas generaciones gunas aprende a coser molas y, sin embargo, no siempre hacerla significa que sea de calidad. “Sin la transmisión del arte de la mola desde los núcleos familiares es complicado que esto se mantenga a largo plazo”, augura sobre la potencial extinción de la moda de calidad.

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