transfuguismo en la asamblea nacional

36, el número mágico de CD

La bancada de CD comenzó en 2009 con 17 diputados elegidos, pero luego de dos años ya suma 35 miembros.

Ricardo Martinelli alcanzó la Presidencia con una alianza que le aseguraba el control de la Asamblea Nacional. Aunque su partido, Cambio Democrático (CD), tenía solo 17 diputados, gracias a los 21 que tenía el Partido Panameñista logró aprobar sus primeros proyectos, incluyendo algunos polémicos, como la Ley 30.

Aun cuando todo parecía andar bien, CD comenzó a implementar su estrategia de sumar diputados. Lentamente, sostiene el analista político Mario Rognoni, empezó un programa de asimilación de diputados, “buscando afanosa, pero cautelosamente el mágico número de 36 diputados, que asegura la mayoría necesaria para aprobar leyes y le garantiza poder evitar un enjuiciamiento al mandatario, que requiere dos terceras partes del pleno para condenarlo”. Hoy, CD tiene 35 diputados y en cuestión de días alcanzará la mayoría: ya el panameñista Manuel Cohen anunció que se cambiará de tolda.

Para Rognoni, el plan de CD fue simple: “empezó sumando diputados con escándalos o líos legales”. En efecto, a Abelardo Antonío se le acusó de dejar el PRD para que no le quitaran sus negocios, y a Abraham Martínez (exPRD), para librarse de ser investigado por la malversación de $450 mil entregados por el entonces Fondo de Inversión Social.

Luego, sostiene el analista, el blanco fue los diputados “fáciles de convencer por la codicia”. Antonío, por ejemplo, aceptó que el gobierno le prometió un aeropuerto, un hospital, un acueducto y nombramientos para su circuito. Gabriel Méndez, por su parte, confesó que le dieron materiales de construcción, bolsas de comida y proyectos de vivienda. Abraham Martínez dijo que ahora tenía acceso directo con los ministros, y Rony Araúz aseguró que su circuito se benefició con una potabilizadora, un hospital, un estadio y parques.

Finalmente, con las fusiones partidistas y la ruptura con el panameñismo –con la que según Rognoni el plan de sumar diputados estaba ya casi consumado–, CD se apuntó unos diputados más (ver tabla).

Hoy, con un Presidente con la fuerza centralizada y en un solo partido en el poder, la democracia parece estar en peligro, sostiene Rognoni: “El balance a su mandato está reducido a la opinión pública, a la fuerza de la sociedad civil y a la oposición”.

DEMOCRACIA, EN PELIGRO

Para el exmagistrado del Tribunal Electoral Guillermo Márquez Amado lo sucedido refleja las ansias de poder desenfrenado del gobierno. “Creo que el Ejecutivo, que tenía una representación débil en la Asamblea, ha caído en la tentación de fortalecer su poder, disminuyendo la capacidad de supervisión de la oposición”. Eso, piensa, no debería generar mayores aprensiones “si no fuera porque el tercer poder del Estado, que es la administración de justicia, no ha dado señales de aplicar oportuna y enérgicamente las leyes ya existentes para prevenir los excesos que han ocurrido tanto en gobiernos anteriores como en el actual”.

Esto, continúa, lleva a predecir que “dada la escasa madurez y comprensión de las razones de ser de la organización del Estado por parte de los diputados y del Ejecutivo, los funcionarios de este se sientan sin frenos en cuanto a sus actos y el Legislativo no ponga límites para evitar excesos, de donde es previsible anticipar que se presentarán proyectos de leyes/disparates, que se fomentará la adulación interesada hacia el Ejecutivo y que con ese poder se pueda perder el sentido de la misión de gobierno, que es administrar en función del bien común”.

Jaime Porcell también piensa que con la aplanadora de CD, el Ejecutivo tendrá la comodidad para pasar leyes y decisiones que apoyen su gobernar. En esencia, dice, “el verdadero dilema es si estará más cerca o más lejos del verdadero y sostenible poder del consenso ciudadano”.

El abogado Ebrahim Asvat, por su parte, se remontó a la historia de la década de 1950, cuando José Remón Cantera fue elegido Presidente: “promovió la fusión de todos los partidos políticos aliados en lo que denominó Coalición Patriótica Nacional. También se preveía que propondría la reelección para continuar su mandato. Los sectores oligárquicos del país se sintieron amenazados por ese control absoluto del poder político”.

En el caso de Martinelli, Asvat piensa que el tema es netamente partidista y de intereses personales. “Siento que el gobierno está en su afán de destruir al panameñismo porque lo siente como un peligro. Toda esta estrategia, dirigida a robarle diputados, representantes y suplentes, es para debilitarlo. Eso, aunado a que en ausencia de ideologías o proyectos nacionales, los partidos son plataformas para aspirar a cargos de elección popular, y nada más. Nada cambia si hoy se es PRD, mañana CD o pasado panameñista”.

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