OCUPACIÓN. LA HISTORIA DE UN NEGOCIO ALTERNATIVO.

El oficio de pasear perros

Como muchas personas no pueden o no quieren sacar a caminar a sus mascotas, la figura del ´paseaperros´ gana demanda en Panamá.
Isabel González ha llevado hasta 25 canes atados a su cintura. LA PRENSA/Eric Batista. Isabel González ha llevado hasta 25 canes atados a su cintura. LA PRENSA/Eric Batista.
Isabel González ha llevado hasta 25 canes atados a su cintura. LA PRENSA/Eric Batista.

Ropa deportiva, gorra, zapatillas, agua, y un cinturón especial al que va atada una manada de 15 perros ansiosos. Sí, 15 perros.

Pasear mascotas con fines lucrativos se ha convertido en el oficio que un puñado de nativos y foráneos aprovecha para ganar dinero extra o hasta para cubrir su sustento diario, la mayoría desde la informalidad y otros establecidos bajo el paraguas de una empresa formal.

Como todo invento, su génesis es una necesidad: mucha gente no cuenta con el tiempo o disposición para salir con sus perros, y los paseadores han llegado para satisfacer la demanda.

Una búsqueda sencilla en internet puede arrojar entre 15 y 20 paseadores. Doggie Walkers, Dog Fun Services, Dog Out, Runner, Walking Dog, Healthy Happy Dog o Paso a Paso, son algunos.

Cubren puntos de la ciudad como San Francisco, Punta Pacífica, Paitilla, Brisas del Golf, Costa del Este, Bella Vista, Chanis y, cruzando el puente, Arraiján.

Los precios oscilan entre lo económico (5 o 10 dólares por paseo) y cuotas mensuales no anunciadas.

HABLAN LOS PASEADORES

Todas las versiones mencionan los nombres de Isabel González y Miguel Ángel Sprovieri, cuando se busca el origen de esta ocupación.

González, paraguaya, y Sprovieri, de Uruguay, llegaron a Panamá y llevan tres años al frente de Doggie Walkers, paseando canes mañana y tarde, sobre todo en Costa del Este.

Sprovieri cuenta que su esposa Isabel ya se dedicaba a las caminatas caninas en otros países, donde el oficio es muy común, y lo replicaron en Panamá. Desde entonces, se ven más personas trotando y lucrando con mascotas.

Nadia Justino, panameña de 22 años y estudiante universitaria, lleva un año y medio en la faena. La necesidad de trabajar la animó, tras conocer que a muchos paseaperros les iba bien. Recuerda que su primer “cliente” fue ´Mayka´, una labradora, y siempre mantiene entre tres y cinco perros que esperan por ella para dar una vuelta.

El colombiano Andrés Corredor, de 38 años, lleva menos tiempo en el negocio (siete meses), y al día atiende unos 15 canes. Cuando se le consulta por la rentabilidad de la actividad, comparte que “se puede vivir”.

En tanto, Paola Sánchez, colombiana de 27 años, calcula que el ingreso que gana por los 8 o 10 perros que en promedio ejercita al día, representa el 30% del presupuesto en su hogar.

Doris Castillo, Osman Sevilla y Daniel Hogan también se han unido al gremio, pero solo a medio tiempo, empleando los ratos libres que les dejan sus empleos.

Aparte de correas seguras y agua para el trayecto, hay que ir armado con cartuchos, muchos cartuchos, para no dejar tiradas las “gracias” perrunas.

Castillo recibe cinco dólares por animal, el honorario de Sevilla es 10 dólares la hora, mientras que Hogan cobra una cuota semanal de 25 dólares por perro.

Por su parte, Isabel ha llevado hasta 25 perros atados a su esbelta humanidad. No terminan por arrastrarla porque todo es cuestión de carácter y de transmitir disciplina, acota Sprovieri y destaca que su pareja ostenta un título en psicología y adiestramiento canino.

Como Doggie Walkers ofrece entrenamiento, cuidado y recreación, fuera de los recorridos, los precios son relativos y Sprovieri prefiere no entrar en detalle.

NO ES SOLO CAMINAR

Por supuesto, ir al trote con una manada perruna puede ser un gran problema cuando se cruza un gato, ardilla o un can agresivo. Para que el alegre paseo no termine en desgracia, el líder del grupo debe ejercer el control como tal. Por eso Sprovieri sostiene que a esto solo se deben dedicar personas con preparación.

“Es una gran responsabilidad; llevas en tus manos a un miembro de una familia”, resume Corredor.

No es solo caminar, aclara Justino. Cuenta que también la han contratado para que sea la “niñera de mascotas” por semanas, siempre debido a un viaje o a alguna situación imprevista.

Y Sánchez agrega que en cada paseo, sobre la marcha, se le puede inculcar obediencia al animal y corregir poco a poco sus malas mañas.

Pasear un perro, en resumen, es asunto serio.

Mascotas que salvan vidas

Caminar con su perro puede salvarle la vida. No es broma, es científico. Resulta que recorrer un par de kilómetros cada día gracias a los paseos de la mascota, reduce el riesgo de sufrir hipertensión y otras enfermedades crónicas vinculadas, según un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad George Washington de Estados Unidos (EU), luego de analizar a 916 personas divididas en tres grupos: los que no tenían mascota; los que sí, pero no acostumbraban sacarla a caminar, y los que sí le ponían la correa a diario para pasear.

La clave es atender siempre la necesidad que tiene el animal por ejercitarse, pues para las personas es difícil empezar o mantener una rutina de este tipo por voluntad propia, anotaron doctores del Instituto Médico Johns Hopkins, EU.

Por eso aconsejan: “salga a caminar con su perro con orgullo, y por más tiempo”.

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