CIENCIA. PROPIEDADES antiparasitariAS Y anticancerígenAs.

De la palmera al laboratorio

Científicos de Panamá y Estados Unidos buscan en el coco la cura de males como la malaria, la leishmaniasis, el mal de Chagas y el cáncer.

Es un fruto que nos hace pensar en la playa tropical, en su brisa fresca y el aroma del mar. Posee un sabor intenso y agradable, es esférico y aromático, y fácil de encontrar durante todo el año.

Su cáscara es rugosa, fibrosa, dura y de color tierra. Por dentro está recubierto de una pulpa blanca, de textura oleaginosa, y en su interior contiene un líquido blanquecino, suavemente dulce, nutritivo y refrescante.

Se trata del coco, fruto del cual se aprovechan prácticamente todas sus partes (jugo, pulpa, aceite, etc).

Es conocido que este producto se puede utilizar con fines alimenticios y de higiene (jabones, repelentes de mosquito), y también se sabe, por conocimiento tradicional, y por uno que otro estudio científico, que tiene propiedades curativas.

Se le atribuyen toda clase de bondades: curar desde el insomnio hasta enfermedades renales. Sin embargo, tiene otras virtudes que aún no están comprobadas científicamente como: antiinflamatorio, anticancerígeno, antiparasitario, antimicrobiano –contribuye a fortalecer el sistema inmunológico–, y también que ayuda a prevenir la osteoporosis, controlar la diabetes y mejorar la digestión, entre otras.

Hoy un equipo de científicos del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat), Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza y el Instituto de Oceanografía Scripps, de la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, apuesta a la búsqueda en el coco de de propiedades antiparasitarias y anticancerígenas.

Los cinco colaboradores del proyecto -José Polanco, Alida Spadafora, Williams Henry Gerwick, Marcy Balunas y Carmenza Spadafora- abren un nuevo capítulo en la investigación panameña, ya que aprovecharán el recurso natural de la Reserva Natural de Punta Patiño, en Darién, donde hay 40 hectáreas con cocos nucífera, una especie de palmera de la familia Arecaceae, para encontrar una esperanza contra el mal que en 2010 cobró la vida de mil 807 personas: el cáncer.

Esencia del estudio

El estudio busca –a través de la fragmentación química de diversas partes del coco, y la realización de ensayos de bioactividad– principios activos contra el Plasmodium falciparum (malaria) , el Trypanosoma cruzi (mal de Chagas), la Leishmania donavani y el cáncer.

La indagación de las propiedades antiparasitarias y anticancerígenas estará a cargo de la doctora Marcy Balunas. En tanto, la investigadora Carmenza Spadafora supervisará los bioensayos para determinar si los extractos y compuestos del fruto tienen actividad antiparasitaria o anticancerígena. El proyecto no es solo científico. Además, contempla incorporar a las comunidades indígenas para que trabajen en la elaboración de jabones y otros productos higiénicos.

ESPERANZA NATURAl

No es la primera vez que los científicos panameños coinciden en que en la naturaleza está la cura de enfermedades como el cáncer. Hace seis meses, biólogos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés) descubrieron más de 45 compuestos en la fauna marina de Panamá, que tienen propiedades anticarcinogénicas y antipalúdicas.

Entre las fuentes proveedoras de químicos promisorios figuran las cianobacterias, llamadas algas azulverde, que producen la coibamida A, un compuesto extremadamente activo contra las células cancerosas.

Otros hallazgos incluyen la veraguamida A, un compuesto anticarcinogénico que fue bautizado en honor a la occidental provincia de Veraguas, en Panamá, y santacruzamate, un compuesto antiparasítico alusivo a la isla de Santa Cruz, en el Pacífico.

Según datos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, el 65% de todas las medicinas que combaten la enfermedad proviene de la vida y la flora marinas; raíces, hojas y frutos, entre otros.


Búsqueda del material genético

La coordinadora de proyectos de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza, Edisa Pitty, señaló que la investigación se encuentra a un paso de comenzar la búsqueda de material genético y biológico.

Pitty indicó que ya han solicitado a la Unidad de Acceso al Recurso Genético (Unargen), adscrita a la Dirección de Áreas Protegidas y Vida Silvestre de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), el permiso para poder extraer las sustancias que serán utilizadas por los investigadores. La extracción del material genético es la segunda fase del proyecto y empezará tan pronto se obtenga el permiso de la Anam. La investigación tiene un período de duración de 18 meses y su costo es de 168 mil 184 dólares, de los cuales 118 mil 185 dólares son aportes de los científicos en especies y servicios profesionales.

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