El paraíso hiede a indolencia

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Con una población de 480 personas, Puerto Obaldía es el último pueblo del istmo. A unos cuantos kilómetros está la playa La Miel, en donde termina el territorio panameño y comienza el colombiano. Con una población de 480 personas, Puerto Obaldía es el último pueblo del istmo. A unos cuantos kilómetros está la playa La Miel, en donde termina el territorio panameño y comienza el colombiano.

Con una población de 480 personas, Puerto Obaldía es el último pueblo del istmo. A unos cuantos kilómetros está la playa La Miel, en donde termina el territorio panameño y comienza el colombiano.

A este pueblo solo se puede llegar de dos maneras: en avioneta o en complicadas y largas rutas en lancha. Ni siquiera Google Maps sabe cómo llegar a Puerto Obaldía. A este pueblo solo se puede llegar de dos maneras: en avioneta o en complicadas y largas rutas en lancha. Ni siquiera Google Maps sabe cómo llegar a Puerto Obaldía.

A este pueblo solo se puede llegar de dos maneras: en avioneta o en complicadas y largas rutas en lancha. Ni siquiera Google Maps sabe cómo llegar a Puerto Obaldía.

Cientos de cubanos se agrupan a las puertas de la oficina del Servicio Nacional de Migración de Puerto Obaldía a la espera de poder obtener de nuevo sus documentos y seguir rumbo a Estados Unidos. Cientos de cubanos se agrupan a las puertas de la oficina del Servicio Nacional de Migración de Puerto Obaldía a la espera de poder obtener de nuevo sus documentos y seguir rumbo a Estados Unidos.

Cientos de cubanos se agrupan a las puertas de la oficina del Servicio Nacional de Migración de Puerto Obaldía a la espera de poder obtener de nuevo sus documentos y seguir rumbo a Estados Unidos.

La cancha de baloncesto se ha convertido en el principal hotel del pueblo. Decenas de cubanos viven bajo el zinc y sobre cartones, bolsas negras de basura, toallas y colchones inflables. La cancha de baloncesto se ha convertido en el principal hotel del pueblo. Decenas de cubanos viven bajo el zinc y sobre cartones, bolsas negras de basura, toallas y colchones inflables.

La cancha de baloncesto se ha convertido en el principal hotel del pueblo. Decenas de cubanos viven bajo el zinc y sobre cartones, bolsas negras de basura, toallas y colchones inflables.

El viaje siempre cuesta más de lo que planearon, por lo que al llegar a Puerto Obaldía dependen de llamar a sus familiares para que les envíen dinero y poder seguir su travesía. El viaje siempre cuesta más de lo que planearon, por lo que al llegar a Puerto Obaldía dependen de llamar a sus familiares para que les envíen dinero y poder seguir su travesía.

El viaje siempre cuesta más de lo que planearon, por lo que al llegar a Puerto Obaldía dependen de llamar a sus familiares para que les envíen dinero y poder seguir su travesía.

La travesía hacia Estados Unidos la hacen familias completas, por lo que en el pueblo hay decenas de niños. Ellos no entienden de complicaciones, y son de los pocos que disfrutan las condiciones paradisiacas del lugar. La travesía hacia Estados Unidos la hacen familias completas, por lo que en el pueblo hay decenas de niños. Ellos no entienden de complicaciones, y son de los pocos que disfrutan las condiciones paradisiacas del lugar.

La travesía hacia Estados Unidos la hacen familias completas, por lo que en el pueblo hay decenas de niños. Ellos no entienden de complicaciones, y son de los pocos que disfrutan las condiciones paradisiacas del lugar.

Puerto Obaldía es el último poblado de la comarca Guna Yala, un territorio en pleno mar Caribe, rodeado de aguas cristalinas y arena blanca. En papel, un lugar paradisiaco.

El puerto es un lugar inaccesible: solo se puede llegar en avión o por largos recorridos en lancha. Pese al olvido, Puerto Obaldía permanecía más o menos funcional. Hasta ahora.

En lo que va de este año, más de 22 mil cubanos han pasado rumbo a Estados Unidos por este pequeño pueblo, en el que regularmente viven menos de 500 personas. Y la sobrepoblación ha dejado sus huellas.

Lo que era un lugar lento y amodorrado, hoy es un hervidero. Gente que grita, que corre; gallinas que huyen; música, lamentos, llantos.

Las casi dos mil personas que habitan por estos días en Puerto Obaldía deben intentar sobrevivir con un abastecimiento limitado de alimentos y medicinas, sin señal de teléfono y con contados accesos a internet.

La mayoría de los migrantes cubanos también debe vivir sin baños. La pequeña quebrada se ha transformado en recipiente de todas las necesidades fisiológicas.

En el aire huele a una mezcla de berrinche y leña quemada. El calor húmedo agobia y la gente camina de un lado a otro, sin rumbo fijo. En el puerto, miran las olas y esperan un barco que se ofrezca a llevarlos por tres veces el precio de hace un mes. En la pista de aterrizaje, preguntan con aflicción a todos los pilotos si hay un puesto disponible en la nave. Casi nunca hay.

Siguen esperando en un paraíso que hiede.

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