exministro confiesa un año y medio después

La pelea que Guillermo Ferrufino ocultó

El 7 de marzo de 2013, Guillermo Ferrufino celebró su cumpleaños en La Chorrera. Hubo golpes con uno de sus ´asesores´ y supuestos disparos.

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Carlos Espino Villalaz (camisa turquesa) se presentaba como funcionario de Asesoría Legal del Mides, pero no aparecía en su planilla. A pesar del ‘incidente’, siguió como activista político de Ferrufino. LA PRENSA/Ricardo Iturriaga. Carlos Espino Villalaz (camisa turquesa) se presentaba como funcionario de Asesoría Legal del Mides, pero no aparecía en su planilla. A pesar del ‘incidente’, siguió como activista político de Ferrufino. LA PRENSA/Ricardo Iturriaga.
Carlos Espino Villalaz (camisa turquesa) se presentaba como funcionario de Asesoría Legal del Mides, pero no aparecía en su planilla. A pesar del ‘incidente’, siguió como activista político de Ferrufino. LA PRENSA/Ricardo Iturriaga.

Después de una fiesta, los comentarios no se dejan esperar. Y las celebraciones que organizaba el hoy exministro de Desarrollo Social Guillermo Ferrufino eran tema de conversación durante semanas y meses.

La del 7 de marzo de 2013 –con motivo de su cumpleaños 39– no fue la excepción. Pero los comentarios no fueron por su alegre música ni por las viandas ni por la lista de sus invitados.

Estos giraron en torno a los graves incidentes que ocurrieron esa noche, que generaron largas y polémicas tertulias en programas de radio y en las glosas de medios digitales y escritos.

Por ejemplo, el diario digital Hora Cero escribió el 29 de marzo del año pasado que “desde hace una semana en varios medios impresos se asegura que hubo una balacera en la residencia del ministro Guillermo Ferrufino ...”.

Incluso, cita a un tabloide: “varios medios impresos, entre ellos El Siglo, dijeron que el Servicio de Protección Institucional (SPI) hizo un reporte, pero le habrían tirado mucha tierra”.

La gran pregunta del diario digital era: “¿Por qué el [entonces] ministro no sale a dar explicaciones o a desmentir?”.

La respuesta era simple: los que asistieron a la fiesta se impusieron cumplir un código de silencio, salvo uno que otro, que susurraron lo ocurrido en la finca que Ferrufino tiene en La Chorrera.

La Prensa trató de unir las piezas de un rompecabezas –hasta entonces incompleto– pues el cerco de silencio autoimpuesto por los invitados resultó casi un éxito.

Mucho menos quiso hablar de ello Ferrufino, quien no solo evitó reaccionar a los comentarios públicos sobre el incidente, sino que tampoco respondió una palabra de los cuestionarios enviados –durante año y medio– a su correo, a su despacho, a su oficina de Relaciones Públicas y a su abogado.

LOS HECHOS

Ese día –el 7 de marzo de 2013– Ferrufino reunió a su más cercano grupo de amigos y colaboradores para lo que sería una celebración especial, ya que días antes había hecho una fiesta formal a la que no faltó ni el presidente, Ricardo Martinelli.

A su finca en el distrito de La Chorrera, a 35 minutos de la ciudad capital, Ferrufino invitó a funcionarios del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y a activistas de la Juventud F-14, que impulsaban su fallida aspiración para alcanzar la Alcaldía de Panamá.

El ritmo del reguetón daba la bienvenida a los asistentes, que, entre tragos y charlas políticas, empezaron a departir en “familia”.

El tiempo transcurrió rápidamente con un Ferrufino saludando y posando para las fotos con sus invitados.

Horas después, y ya bajo el frío de la noche, la música dio paso a los gritos de la gente.

Fuentes presentes en la fiesta –pero que temen represalias después de lo que vieron y oyeron esa noche– relataron que Ferrufino y su asesor Carlos Espino Villalaz sostuvieron una riña que llegó a los golpes.

“Suéltalo”, decían los que permanecían en la celebración. Espino Villalaz, acompañado de su esposa, huyó en su carro, tras ser golpeado en el rostro por Ferrufino.

Pero la trifulca no terminó con el golpe. Ferrufino subió a uno de sus vehículos y persiguió a Espino Villalaz, lo que provocó temor entre sus invitados porque ambos llevaban horas ingiriendo licor.

Los testigos añadieron que minutos después, el ministro Ferrufino regresó a la finca y de manera airada gritó a su esposa: “Milena, le dije [refiriéndose a la pareja de Espino Villalaz], estúpida de mie... Tú no sabes lo que tienes al lado [sic]”.

“Se encontró con la ´fucking´ espuela del gallo”, gritaba un exaltado Ferrufino, mientras su esposa, Milena, pedía tragos para calmar a su marido.

Las fuentes contaron que los insultos no cesaban: “Yo soy un ´fucking´ italiano... “Le descargué todo el proveedor [de la pistola]”, se jactaba mientras los presentes hacían mofa de los golpes que el ministro le propinó al rostro de Espino Villalaz.

Justamente, esta era la “balacera” a la que se referían en la radio y en las glosas de los medios escritos y digitales.

Según las fuentes, el motivo de la disputa pudo ser un incidente con la pareja de Ferrufino, porque este, en medio del escándalo de esa noche, señalaba: “A mi esposa se le respeta”.

Minutos después que retornó la calma al lugar, cuentan los testigos, la celebración continuó, pero con el compromiso de “que esto no puede salir de aquí”.

extrañas coincidencias

Meses después de lo ocurrido en La Chorrera, sus actores lo negaban; mientras los espectadores guardaban el silencio exigido por Ferrufino.

Por ejemplo, La Prensa se citó con la “víctima” de Ferrufino, el martes 28 de mayo de 2013, a las 3:00 p.m. y durante la entrevista –que duró unos 40 minutos– en todo momento evitó que sus respuestas fueran grabadas.

Se trata del abogado Carlos Espino Villalaz, quien se presentó como funcionario de la Oficina de Asesoría Legal del Mides y afirmaba devengar un salario de 3 mil dólares mensuales.

Sin embargo, Espino Villalaz no estaba en la planilla de la institución ni en los registros de la Contraloría ni aparecía como cotizante de la Caja de Seguro Social.

Perturbado por las preguntas que se le hacían, Espino Villalaz se limitó a decir on the record que su vida es “transparente”, y que nadie jugará con su nombre. “Publiquen lo que quieran”, decía una y otra vez.

En esa entrevista, este medio fue insistente en interrogarlo sobre los motivos que originaron la pelea, los golpes en su tabique nasal, su huida de la finca y la posterior persecución del ministro, la cantidad de disparos contra su vehículo y su relación laboral y comercial con Ferrufino.

Espino Villalaz exigió que la entrevista no fuera grabada, por lo que La Prensa no fue autorizada para reproducir las respuestas que dio sobre el incidente.

Al preguntarle por el paradero de su auto, supuestamente impactado con los disparos del entonces ministro Ferrufino, dijo: “lo vendí”.

Lo que no contó fue que el 23 de abril de 2013, 47 días después de la pelea, traspasó su vehículo Hyundai Elantra, color rojo tomate, con placa 569961, a Javier Armando Chacón Ardines, residente en la barriada Villas del Campo, calle C, casa 130, distrito de La Chorrera.

Chacón Ardines, según el Nodo de Transparencia de la Defensoría del Pueblo, era asistente (transitorio) de Ferrufino, con un salario de 3 mil dólares mensuales.

Espino Villalaz tampoco quiso responder por qué –a pesar de haber traspasado su carro a Chacón Ardines y de que el auto ya no era de su propiedad– el 12 de mayo de 2013 suscribió a su nombre la renovación de la póliza de seguro de ese carro que dice haber vendido.

Este medio, además de esa entrevista, llamó insistentemente a Espino Villalaz y dejó mensajes para que ampliara su declaración, pero no hubo más respuestas.

El viernes 31 de mayo de 2013 se le trató de contactar en la oficina de Asesoría Legal del Mides, pero José Jaén, un mensajero de esa dependencia, contestó: “¿Quién? Aquí no está”.

Fue hasta la semana pasada (14 de noviembre de 2014) que Espino Villalaz respondió un chat con preguntas del incidente y sobre su puesto como “consultor” en la administración de Ferrufino.

“Hola periodista Julio. Me parece muy bien, después que no digan algo que no es cierto me parece muy bien. Yo estoy en Nueva York. Saludos”.

También se llamó a Chacón Ardines para que brindara detalles de la compra del carro a Espino Villalaz, y tampoco respondió los mensajes.

ferrufino miente... y rectifica

Para conocer su versión, el martes 28 de mayo de 2013, La Prensa habló telefónicamente con el entonces ministro Ferrufino, quien, manifestó entonces estar fuera del país.

Este diario le solicitó que, una vez retornara a Panamá, diera una entrevista, pero no hubo resultados.

El viernes 31 de mayo y el domingo 2 de junio de 2013 también se le enviaron mensajes a su celular, pero evitó responder. Este último día, el que sí se comunicó con La Prensa fue su abogado Luis Carlos Cabezas para preguntar sobre el tema.

El 3 de junio, Ferrufino solo respondió: “Amigo y hermano. No se por que insiste en eso, si ya le dije que no a pasado [sic] nada en mis fiestas. No se de donde sacan eso para hacerme daño”.

Veinte días después, Ferrufino fue internado en el hospital San Fernando por supuestos problemas de presión arterial. Un mes más tarde renunció a su aspiración a la candidatura de alcalde de Panamá, aduciendo motivos de salud.

A pesar de que se le siguieron enviando cuestionarios y se le llamó en varias oportunidades, nunca más respondió.

Pero ayer, 26 de noviembre de 2014, año y medio después de aquel incidente, Ferrufino –investigado por la supuesta comisión de delitos contra la administración pública– cambió su versión: de no haber pasado nada a admitir el acto de violencia que casi le cuesta la vida a dos personas.

En una entrevista concedida a Álvaro Alvarado, de Telemetro Reporta, Ferrufino confesó: “Sí, Álvaro. Es una situación muy lamentable que sucedió. Puedo decirte a ti y a todos los que estuvieron en esa celebración, donde a ciertas horas se dio un incidente en el que no quisiera ahondar más en eso. Yo respeto a esa persona, que también conversando con ellos logramos mantener una comunicación cordial”.

Y luego agregó: “Sí se dio un incidente, y yo, como ser humano, como padre y como esposo, le prometí a mi familia que nunca más en la vida iba a pasar algo semejante a esto. Mucho más que soy una figura pública y me he mantenido siempre como un líder social y político. Y quisiera dejarlo allí por respeto a mi familia, a Carlos, a su esposa, que tuvimos conversaciones y nos seguimos hablando en buena lid”.

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