ARTE URBANO

Cuando la pintura cura y regenera

La vida de 40 familias de la comunidad de El Chorrillo se vio impactada por una nueva capa de pintura y un mensaje positivo.

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Dos años después de la pintura inicial, los miembros de Boa Mistura regresaron a restaurar el color al edificio. CORTESÍA Dos años después de la pintura inicial, los miembros de Boa Mistura regresaron a restaurar el color al edificio. CORTESÍA

Dos años después de la pintura inicial, los miembros de Boa Mistura regresaron a restaurar el color al edificio. CORTESÍA

Muchos de los chicos participaron de la pintura y se mantienen en contacto con los españoles a través de las redes sociales. CORTESÍA Muchos de los chicos participaron de la pintura y se mantienen en contacto con los españoles a través de las redes sociales. CORTESÍA

Muchos de los chicos participaron de la pintura y se mantienen en contacto con los españoles a través de las redes sociales. CORTESÍA

Hasta los más pequeños se entregaron a la labor de repintar el edificio. CORTESÍA Hasta los más pequeños se entregaron a la labor de repintar el edificio. CORTESÍA

Hasta los más pequeños se entregaron a la labor de repintar el edificio. CORTESÍA

“El edificio podrá ser tipo Begonia, pero el nombre se lo pusieron los españoles: Somos luz”, escribe Itzel Rodríguez, horas después de haber abierto las puertas de su casa para hablar de la colorida fachada del edificio en el que vive.

Itzel, que se cataloga entre risas como una de las vecinas originales, lleva 22 años viviendo en el Begonia I y tiene la suerte de compartir con el edificio una fecha especial: el mismo día que lo entregaron a los inquilinos nació su segundo hijo, Lester.

En esos 22 años el edificio había sido pintado una sola vez. En 2013, cuando el colectivo Boa Mistura llegó por primera vez invitado por la Alcaldía de Panamá en el marco de la Bienal del Sur, Itzel y las otras 39 familias inquilinas firmaron la petición que permitiría la intervención, sin esperar más que una nueva capa de pintura.

Lo que recibieron fue mucho más que eso: una pintura colorida que no olvidaba sus inicios, esa mezcla de colores que tanto caracteriza al barrio de El Chorrillo, y un mensaje que en pocas letras hablaba una verdad profunda.

“Para mí el mensaje es que a pesar de que estás en El Chorrillo no estás en la oscuridad, no estás en lo malo”, comparte Elizabeth Bulgin, vecina que reside en el segundo piso desde hace cuatro años.

Desde esa primera pintada el edificio ha sido noticia. En 2013 su mensaje fue retratado por los medios y la población y luego, a principios de 2014, el error humano que dañó parcialmente la obra –recubriendo de pintura celeste más de la mitad– causó conmoción, tanto en el país como en el extranjero.

Casi un año después, Boa Mistura regresó al sitio y emprendió la tarea de restaurar el mensaje con la ayuda de los vecinos.

A Elizabeth, una señora amable que divide sus mañanas entre atender a una de sus hijas y hacer de cuidadora de una vecina a la que la memoria ya ha empezado a traicionar, se le sale una sonrisa sincera cuando comparte la ilusión que pintar “Somos luz” causó en su hija de 12 años, Ana Paola.

Aunque cuando se propusieron restaurar la obra Ana Paola y el resto de los niños del edificio estaban de vacaciones, aquello no disminuyó su emoción.

La sonrisa de Elizabeth crece cuando recuerda cómo durante esos días desayunaban tempranito y Ana Paola exclamaba emocionada cuando veía llegar al grupo para iniciar la jornada. “Era como si fuera un trabajo que le estaban pagando”, cuenta.

Para esta vecina esa ha sido una de las cosas más importantes de la intervención: que los niños pudieran participar y trabajar por mejorar el lugar en donde viven.

EL PRINCIPIO DE UN CAMBIO GRADUAL

Entre la nueva pintura y la apertura de la cinta costera 3, la vida de los vecinos de El Chorrillo, especialmente de los que viven más cerca de lo que solía ser el malecón, ha cambiado gradualmente.

Para Itzel es un paso en el camino correcto, pero la responsabilidad recae ahora en quienes viven allí.

La lucha más grande, relata, es lograr que los vecinos mantengan el edificio limpio. Junto a Alegre Saporta, artista panameña que en ambas ocasiones acompañó a Boa Mistura en la obra, se dedicó a visitar cada apartamento recogiendo dinero para colocar pequeños basureros en las escaleras.

Aunque a veces puede ser decepcionante pensar en que los inquilinos disfruten del exterior del edificio y se hallen reacios a cuidar las áreas comunes, Itzel está segura de que el cambio llega, aunque lentamente.

Con matices casi más propios de una madre orgullosa, relata que uno de los jóvenes que vive en el edificio le preguntó recientemente que cuándo sería la próxima limpieza. Acostumbrada a luchar con los adultos para conseguir su ayuda, para ella es un claro indicio del cambio que poco a poco se está dando.

EL MENSAJE DETRÁS DE LA TIPOGRAFÍA

El gran mural sirve como una manera de cambiar la percepción que la ciudad tiene del barrio, explica Javier Serrano Guerra, uno de los cinco artistas que componen Boa Mistura.

El mensaje, “Somos luz”, surgió como respuesta directa a la experiencia que el grupo de españoles tuvo cuando llegó. “ Fue lo que nos inspiraron los vecinos”, expresa.

Para ellos es, en definitiva, algo que va más allá de una nueva capa de pintura. Para Boa Mistura la intervención puede propiciar un cambio real, en gran parte porque los vecinos participaron de la creación.

“Al ayudarnos a pintar el edificio se dan cuenta de que pueden cambiar las cosas que les rodean”, cuenta Serrano agregando que cuando terminan se sienten orgullosos de vivir allí y toman conciencia de lo importante que es su cuidado.

En el colectivo acompañan a Serrano, Rubén Martín, Pablo Purón, Juan Jaume y Pablo Ferreiro. Para todos, la experiencia ha ido más allá que la pintada del mural.

Habiendo respondido al llamado de los vecinos, que firmaron una carta en la que pedían que volvieran, todos tuvieron la oportunidad de ver a sus pequeños ayudantes crecer.

Entre birrias de fútbol con los chicos y ver a las chicas convertirse en señoritas, existe indudable sinceridad cuando Serrano afirma que todos forman parte de la familia de Boa Mistura.

“Somos Luz” se ve desde la cinta costera, a lo lejos y con admiración. Quien no recorre sus pasillos no podría imaginarse cuánta alegría cabe dentro de cada pequeño apartamento. ¡Cuánta luz!

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