ELECCIONES EN VENEZUELA

El primer día de un país perfectamente dividido

Un cacerolazo masivo ensordeció al país en protesta a la negativa del CNE de efectuar una auditoría.
Protesta. Simpatizantes del candidato opositor Henrique Capriles se enfrentaron a miembros de la Guardia Nacional Bolivariana, en el sector de Altamira, al este de la ciudad. Exigen que se audite el 100% de los votos de las elecciones presidenciales del pasado domingo. REUTERS/Christian Veron Protesta. Simpatizantes del candidato opositor Henrique Capriles se enfrentaron a miembros de la Guardia Nacional Bolivariana, en el sector de Altamira, al este de la ciudad. Exigen que se audite el 100% de los votos de las elecciones presidenciales del pasado domingo. REUTERS/Christian Veron
Protesta. Simpatizantes del candidato opositor Henrique Capriles se enfrentaron a miembros de la Guardia Nacional Bolivariana, en el sector de Altamira, al este de la ciudad. Exigen que se audite el 100% de los votos de las elecciones presidenciales del pasado domingo. REUTERS/Christian Veron

Venezuela amaneció ayer, por primera vez en muchísimo tiempo, perfectamente dividida. Las primeras elecciones en 20 años sin Hugo Chávez como candidato arrojaron, por encima de todo, una conclusión clara: aquí falta el comandante.

En solo 40 días, los herederos de Chávez se las arreglaron para perder más de 600 mil votos y, casi casi, el país que el difunto presidente dominó por casi tres lustros con una suficiencia rayana en lo inverosímil.

Por su parte, el candidato de la oposición, Henrique Capriles, experimentó la que quizá sea una de las mejoras políticas más vertiginosas de la historia, sumando más de 700 mil votos a los 6.5 millones conseguidos seis meses atrás (un promedio de 7 mil 500 votos al día).

Los resultados del pasado domingo dejan, pues, una fuerte sensación de que quizá fue simplemente una cuestión de tiempo. Como bien sugirió el intelectual Américo Martín en una reciente entrevista con este diario, si la campaña hubiera durado un poquito más, otro gallo quizás habría cantado. Pero no fue así, y los 265 mil votos de diferencia le valieron a Nicolás Maduro para conseguir la victoria más pírrica de la historia del chavismo. La primera, evidentemente, sin el comandante Hugo Chávez.

Sorpresiva proclamación

En la madrugada de ayer lunes, todo esto estaba claro. El CNE (Consejo Nacional Electoral) había anunciado la estrechísima victoria del oficialismo. Uno de sus cinco rectores, Vicente Díaz, solicitó una auditoría total “para la tranquilidad de la familia venezolana”, y ambos bandos parecieron aceptarla.

La auditoría se llevaría a cabo, la familia venezolana alcanzaría la tranquilidad, y el malabarista escogido en las máquinas electrónicas se enfrentaría a la peligrosa bomba de tiempo, que es la Venezuela de hoy.

Lastimosamente, la estabilidad de un país dividido no reside en la división en sí, sino en el arte de manejarlo manteniendo a todos contentos. Es, después de todo, la prueba de las grandes democracias. Y la venezolana iba a demostrar muy pronto que, al menos por ahora, no parece estar preparada para tamaño desafío.

Desde tempranas horas de la mañana, la televisora estatal instaba al pueblo a acudir a la plaza Caracas –sede del CNE– a la proclamación del nuevo Presidente. La noticia derrumbó el castillo de naipes construido la noche anterior, y lo volvió a poner todo en entredicho, incluyendo la tranquilidad del país.

Sobre la 1:00 p.m., la actividad en el CNE empezó a coger velocidad. Oficiales, funcionarios, periodistas y gente, sobre todo gente, iban llegando, quizá sorprendidos por la rapidez con la que el Gobierno venezolano quería finiquitar un asunto terriblemente espinoso.

Nadie sabía, sin embargo, a qué hora arrancaría el acto, en qué consistiría exactamente y, cómo afectaría a la solicitada auditoría.

Esa sensación de apuro, de torpeza; esa falta de planeamiento e impredictibilidad general solo lograban añadir leña a un fuego que ya empezaba a arder. Porque en la plaza Altamira, un par de cientos de personas protestaban. Mientras el CNE y Maduro anunciaban la precipitada consumación de los hechos, la oposición pisaba el acelerador y exigía que no se diera la proclamación.

La oposición venezolana decidió ir allá y cuestionar directamente el sistema. En pocas horas, todo se había ido al garete. Nadie cedía.

Preguntas envenenadas

En el CNE, los protagonistas del primer acto fueron las comisiones internacionales de observadores. Una por una, todas ellas fueron diciendo lo mismo: las elecciones fueron limpias, legítimas, satisfactorias, y todo lo demás. En ese justo momento, fuentes de la oposición decían a este diario que tenían las actas para probar que ganaron los comicios. Capriles convocó ayer a cacerolazos, y hoy y mañana a protestas ante el CNE.

El acto de los observadores terminó, y los gritos de la multitud fuera del CNE recordaron que las tensiones se estaban saliendo de control. Ya se hablaba de más de mil personas en Altamira.

La situación, en la que expertos de todo el mundo confirmaban la validez de un proceso que estaba siendo abiertamente cuestionado por una de las partes, tenía algo de surreal: ¿insinuaba la oposición que los observadores mentían, o que habían sido engañados?

Ambas posibilidades eran estremecedoras, pero había más: acusando al CNE de complicidad con el chavismo, ¿intentaba Capriles deslegitimar al sistema que lo proclamó dos veces gobernador? ¿El mismo sistema que tal vez deba proclamarlo en 2019?

Poco después, el Presidente electo hizo su aparición. El ruido de la muchedumbre se colaba mientras saludaba a las autoridades presentes. La primera en hablar fue Tibisay Lucena, presidenta del CNE.

Ahora le tocaba al ente electoral reaccionar, y lo hizo como una fiera. Lucena exigió respeto para las miles de personas que participaron en el proceso, y habló de que el escrutinio manual “lesionó muchas veces” la voluntad de los ciudadanos. La posibilidad de una auditoría acababa de esfumarse.

Cuando Maduro tomó la palabra, las posiciones de ambos bandos estaban completamente definidas. Los chavistas, ganadores pírricos, defenderán los resultados e intentarán manejar de la mejor manera los enormes desafíos que se le vienen encima. Más allá de la actual disputa por los resultados, Maduro tendrá que manejar con pinzas una economía preocupante, una producción petrolera en declive, una situación gravísima de seguridad ciudadana y, por encima de todo, la unidad y estabilidad de su propio campo.

Capriles, a su vez, puede acabar siendo el pionero de la “derrota pírrica”. El flaco y su gente han decidido ir de frente contra el sistema, abriendo una caja de Pandora que puede traer consecuencias gravísimas, tanto si tienen razón como si no.

En el primer caso, deslegitimarían no solo a sus enemigos, sino a un sistema bajo cuyas reglas jugaron, y ganaron algunas batallas. En el segundo, echarían por la borda ese fulgurante ascenso que los ha colocado en la pole position para llegar al gobierno. Y uno se pregunta si, estando a punto del jaque mate, merece la pena patear el tablero y las fichas por haber perdido una jugada. Por lo pronto, Capriles y su gente parecen pensar que lo vale.

MADURO LLAMA A salir a LAS CALLES

El Presidente electo responsabilizó a Capriles del incendio de dos sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ayer durante las protestas, y llamó a la población a defender la paz en la calle.

“Quemaron la casa del PSUV en el estado Anzoátegui y en Táchira con gente adentro”, dijo Maduro durante una rueda de prensa basándose en información suministrada por miembros de la dirección del partido.

“Esa es la Venezuela que ustedes quieren?, ¿esa es la Venezuela que tú vas a promover candidato perdedor? Tú eres responsable de esta quema, te hago responsable de esta quema (...) y si hay heridos o muertos, tú eres responsable”, afirmó, dirigiéndose a Capriles.

Maduro llamó a continuación “al pueblo al combate en paz”.

“A movilizarse mañana en todo el país por la paz, movilizaciones en todo el país, y el miércoles (mañana) y el viernes, todos a Caracas”, indicó en alusión al acto de juramento presidencial. (Con información de EFE)

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