PROCESO. TRIUNFO.

La prueba de un publicista

Juan Forch fue uno de los responsables de la campaña del ´No´ durante el plebiscito que terminó con la dictadura militarde Augusto Pinochet.
OFICIOS. Durante la década de 1980, Juan Forch, como muchos otros chilenos inquietos por la cultura, se refugia en las agencias de publicidad, y en las productoras audiovisuales y musicales. LA PRENSA/Maydée Romero Sprang OFICIOS. Durante la década de 1980, Juan Forch, como muchos otros chilenos inquietos por la cultura, se refugia en las agencias de publicidad, y en las productoras audiovisuales y musicales. LA PRENSA/Maydée Romero Sprang
OFICIOS. Durante la década de 1980, Juan Forch, como muchos otros chilenos inquietos por la cultura, se refugia en las agencias de publicidad, y en las productoras audiovisuales y musicales. LA PRENSA/Maydée Romero Sprang

A Juan Forch (Santiago de Chile, 1948) le gustan las cuentas claras.

Primera de varias pruebas. No fue nominada al premio Oscar en la categoría de mejor película extranjera y recibió premios en los festivales de Cannes (Francia) y La Habana (Cuba), pero este publicista evita ser presa de la emoción y la califica como una interesante representación, en clave de ficción, de un hecho histórico ocurrido en el Chile de 1988.

Para el también escritor, No en ningún momento aspira a ser un documental de cuando un dictador, Augusto Pinochet (1915-2006), fue vencido por la fuerza de los votos en un plebiscito, aunque asegura que esta producción colaboró para que los chilenos de hoy, en especial los más jóvenes, reflexionen sobre el pasado y presente de su país.

Otra observación. No, largometraje que cerró ayer miércoles el Festival Internacional de Cine de Panamá, tampoco es de índole biográfica, es decir, está lejos de ser estrictamente sobre su propia participación en la campaña publicitaria que ayudó a poner punto final a un gobierno militar, sino que este drama político representa a múltiples hombres y mujeres, creativos y valientes, que colaboraron para que la gente ejerciera, sin miedo, su derecho a votar en contra del régimen.

Evita ser comparado con René Saavedra, el ejecutivo de publicidad que es uno de los portaestadartes de la mítica campaña de acuerdo con la versión que ofrece la cinta dirigida por Pablo Larraín, y menos con Gael García Bernal, el actor mexicano que interpreta a este personaje en No.

Por estrictas razones dramatúrgicas del guionista Pedro Peirano, muchos de los profesionales que participaron en la campaña fueron sintetizados en unos cuantos personajes.

Forch y sus compañeros de faena se enfrentaron “a un hecho totalmente nuevo y único, en el que teníamos un mes para hacer una campaña de comunicaciones en contra de la pretensión de un dictador que desea perpetuarse en el poder”.

Para lograr tamaño objetivo usaron la imaginación y la improvisación sobre la marcha. “Fue una tremenda apuesta, y un gran riesgo que tomamos”.

¿Cómo llegó a este proyecto? Entró 15 días antes de que la campaña saliera al aire. Su contribución fue encargarse de la parte relacionada con el Pinochet responsable de toda serie de violaciones a los derechos humanos, hasta convertirse en uno de los tres directivos generales de la franja.

Al principio todos pensaban que vencer a Pinochet era imposible, pero a medida que la franja se popularizó de forma rápida, “la adrenalina y el optimismo de trabajar infinidad de horas diarias producen el convencimiento de que el triunfo es posible”.

Los chilenos que estaban en contra de Pinochet no compartían sus ideas casi con nadie, pero cuando la propaganda del “No”, llena de sentido del humor y esperanza les contagió la libertad, empezaron a reconocerse como opositores. “Eso confirmó que estábamos en la ruta correcta”.

Victoria, no hay vuelta atrás

Cuando el 5 de octubre de 1988 Fernando Matthei, comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile, reconoce públicamente el triunfo del “No”, la teoría de Juan Forch es que el general Augusto Pinochet lo mandó a cumplir esa tarea y así el dictador se evitaba admitir su propia derrota. El plebiscito, en opinión de Forch, fue una trampa que se creó el propio régimen militar, sin saberlo.

“Ellos estaban tan absolutamente seguros de que iban a ganar, que se dieron el lujo de invitar a toda la comunidad internacional para que asistiera al gran triunfo de Pinochet. Habría sido imposible para él desconocer el hecho cuando había tantos testigos”. Las circunstancias, señala, habían cambiado, incluso el Gobierno estadounidense, que “estuvo involucrado en el golpe de Estado de 1973, 15 años después quería más bien un regreso a la democracia”.

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