TESTIGOS NARRAn MUERTE DE adolescente EN LAS LOMAS, CHIRIQUÍ

´De regalo, me lo mataron´

El MP pidió cuentas a la Policía Nacional, uno de cuyos miembros es señalado como sospechoso de la muerte del joven de 16 años.

Edwin Montenegro pasó su cumpleaños número 29 tranquilo, en casa con su familia. Pero en la madrugada del día siguiente, 7 de febrero, despertó a causa de una noticia que aún no le permite salir del asombro: su hermano, de 16 años, había muerto después de ser herido en la cara en medio de las protestas de los indígenas ngäbe buglé en Las Lomas, Chiriquí, contra la minería y las hidroeléctricas.

“Ese fue el regalo que me dieron; me lo mataron”, dijo al declarar en la Fiscalía Primera Superior de Chiriquí.

Todos los testigos de esa madrugada coinciden que Mafia, como decían al joven, fue herido con una escopeta por un policía vestido con uniforme verde, casco negro y una máscara transparente en el rostro, similar a la usada por los antimotines.

Vestimenta que aquel día fue utilizada por los agentes del cuartel de Policía de David, según lo admitió el teniente Luis Araúz durante una inspección realizada en esa dependencia tres días después del suceso por la agencia delegada de la Fiscalía Auxiliar en Chiriquí.

Mafia, quien residía en San José de Las Lomas, fue uno de los dos muertos tras los operativos desplegados por la Policía Nacional (PN) a partir del 5 de febrero pasado a fin de despejar la vía Interamericana en varios puntos de Veraguas y Chiriquí, tomados por los indígenas.

La otra víctima fue Jerónimo Rodríguez Tugrí, un indígena ngäbe buglé de 26 años, quien cayó abatido al recibir un disparo en San Félix el 5 de febrero.

Sorprendido

La noche del día 6 de febrero pasado, un grupo de siete amigos residentes en Las Lomas, entre ellos el joven de 16 años, se dirigió hacia el sitio de la concentración, en la Interamericana, para ver lo que pasaba. Los muchachos se ubicaron detrás de los indígenas.

Pasada la medianoche y debido a la intensidad de los gases lacrimógenos, decidieron retirarse y regresar a sus casas, pero junto con ellos también se replegaron los manifestantes.

Mafia se escondió detrás de un ficus plantado en la casa de Virgilia Vargas y su amigo Mauricio Montezuma, de 22 años, más adelante, cerca al taller Beto. Los otros muchachos se dispersaron por el otro lado de la calle y se escondieron.

Por unos minutos hubo un cese de los gases lacrimógenos y todos pensaron que los policías, apostados en el minisúper Económico, habían bajado la guardia.

El menor salió a la vereda para seguir rumbo a su casa y allí fue sorprendido. Miró hacia atrás al escuchar el grito de uno de sus amigos, quien estaba en la acera de enfrente y le advertía del policía que le salía al paso.

Pero en instantes, el uniformado disparó y el joven cayó mortalmente herido, narraron Montezuma y otros dos adolescentes que presenciaron lo ocurrido.

“Lo vi tirado en el suelo. Le dije: Mafia, levántate´, porque pensé que estaba herido en otro lado, [pues] en ese momento estaba boca abajo. Lo quise levantar y fue cuando me di cuenta de que tenía todo el rostro desfigurado”, contó Montezuma, el testigo más cercano a la víctima.

El menor trataba de hablar, pero no podía, se ahogaba con su sangre, apuntó otro de los testigos.

“Era un arma larga, algo así como un rifle”, agregó Montezuma, en referencia al arma usada por el policía. “Era una escopeta de color chocolate y negra”, acotó otro de los menores. “Cargaba una escopeta o arma de fuego con la que estaba disparando”, reiteró el tercero.

El disparo reventó los vidrios de una ventana de la casa de la señora Vargas, donde además quedaron incrustados pedazos de piel de la cara del joven.

Después del disparo, el policía corrió hacia la caseta del minisúper y se unió a sus compañeros, precisó Elba Muñoz, de 21 años, quien también fue testigo de los hechos aquella madrugada.

Montezuma, quien afirmó haberlo visto de cerca, describió al policía como un hombre de una estatura de 1.70 metro. “No era gordo ni flaco”, recordó.

Raudo al hospital

Darío Vega, cocinero de un hotel en David, salió de su trabajo a las 11:30 p.m. del lunes 6 de febrero. Se fue en su carro a buscar a su esposa e hija, que se habían ido de la casa por los gases lacrimógenos, y cuando llegaba a su residencia en Las Lomas fue detenido por los muchachos, que le pidieron que llevara a su amigo al hospital.

“No sabía qué hacer y estos me sacaron [del carro] a mi esposa, a mi hija y a la muchacha que nos cuida a la niña”, contó a la fiscalía.

Vega pidió que alguno de los presentes lo acompañara, pero nadie quería ir. Luego, un indígena, que afirmó no conocer, subió al vehículo y lo acompañó con el menor herido. El joven de 16 años fue ingresado en el cuarto de urgencias del hospital Rafael Hernández de David a las 12:23 a.m.

En medio de la atención médica, el jovencito sufrió un paro cardíaco y por 35 minutos le hicieron ejercicios de resucitación, pero resultaron en vano.

La médica de guardia en el cuarto de urgencias decretó su muerte a la 1:25 a.m. del 7 de febrero.

De acuerdo con el historial clínico, el joven fue herido con “arma de fuego de alto calibre”. El impacto le destrozó el lado derecho de la cara, desde la mandíbula hasta el pómulo, sin llegar al ojo, y le sacó varios dientes.

La agencia delegada de la Fiscalía Auxiliar de Chiriquí hizo el levantamiento del cadáver a las 3:30 a.m. de aquel día. A Juan Ibarra, de 44 años y padre del muchacho, le tocó reconocer el cadáver. Pudo identificarlo gracias al tatuaje con la palabra “mafia” que tenía en la parte superior de la mano derecha, entre el pulgar y el índice.

Su hermano, Edwin, dijo que le tenían ese sobrenombre “porque no estaba bien de la cabeza; él era discapacitado”.

Irvin Méndez, otro de los seis hermanos del menor, detalló que “tenía retraso mental y por eso no pudo terminar la escuela”. Elba Muñoz lo describió como gago, y todos coincidieron en que era una “buena persona”.

No hubo quemaduras

A las 9:42 a.m. de ese mismo día, martes 7 de febrero de 2012, la PN envió un comunicado de prensa, en el que informó que pasada la medianoche se reportó a un joven de 16 años con el rostro desfigurado, tras una explosión en la comunidad de Las Lomas, Chiriquí.

El comunicado explicó que la víctima fue hallada junto a dos envases de combustible y que la propia PN lo trasladó al hospital, donde más tarde murió.

Según la nota, los antimotines habían detenido horas antes a 14 jóvenes que se dedicaban a preparar bombas incendiarias (molotov) y lanzacohetes con tubos de pvc y fuegos artificiales.

Sin embargo, en un informe de novedad suscrito por el teniente Abilio Cedeño, de la Dirección de Información Policial (DIP) de Chiriquí, se indicó que el sargento Eibar Castillo, de turno en el hospital, informó que la víctima llegó en el carro de Darío Vega y no en una patrulla de la PN.

Hasta este momento, en el expediente de la Fiscalía Primera Superior de Chiriquí –al que este diario tuvo acceso– no se menciona a los jóvenes detenidos por la policía, acusados de preparar las bombas molotov.

Antes de conocerse las causas de muerte del adolescente, el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino, confirmó que este había muerto por un disparo de escopeta.

La autopsia al cadáver del menor fue iniciada a las 10:15 a.m. del mismo día del suceso, pero fue suspendida 35 minutos después, luego de que dos detectives de homicidios de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), procedentes de la ciudad capital, llegaron a la morgue judicial de David para indicarle a la médica forense de Chiriquí, Silvia de Bandel, que por instrucciones del procurador, José Ayú Prado, la necropsia sería efectuada por el subdirector del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Imelcf), José VicentePachar.

Al día siguiente, 8 de febrero, Pachar hizo la autopsia en compañía de Bandel y de un familiar de la víctima.

El protocolo indicó que las causas de muerte fueron una herida con objeto contundente que produjo destrucción y estallido de tejidos blandos y fractura de los huesos de la cara, la base del cráneo y contusiones en el cerebro.

En las observaciones del informe se destaca que no se encontraron quemaduras de los tejidos, perdigones ni otros proyectiles balísticos.

La investigación penal del caso fue iniciada por la agencia delegada de la Fiscalía Auxiliar de Chiriquí y desde el 24 de febrero el expediente fue remitido a la Fiscalía Primera Superior de Chiriquí, a cargo de Luis Martínez.

Cartuchos de escopeta y seis dientes

La agencia delegada de la Fiscalía Auxiliar en Chiriquí, junto con personal de la Subdirección de Criminalística del Imelcf y de la Fiscalía Primera Superior, hizo una inspección ocular a las 8:40 a.m. del 7 de febrero en la escena del crimen (la casa de Virgilia Vargas) y en el taller de Beto, ubicado al lado de esa residencia, y halló al menos 26 cartuchos de escopeta, 11 de estos cerca de los inmuebles y 15 en la acera de enfrente.

También localizó un cartucho de una bomba lacrimógena y tres balas de goma. A una de las ventanas del lado derecho de la casa le faltaban cinco paletas de vidrio y en la pared (cerca a esa ventana) se encontraron tejidos de piel, que se cree son de la víctima.

Cerca del ficus que –según los testigos– fue usado por el menor para esconderse, había rastros de sangre y un par de chancletas negras. También se recogieron seis dientes en las afueras de la residencia y del taller.

Frente al taller se encontró una botella con un pedazo de tela quemada, que se sospecha sea una bomba molotov. En la cuneta que está fuera de la casa de la señora Vargas había dos envases plásticos de gasolina (uno gris y otro negro) y un tubo de pvc.

La Policía Nacional (PN) informó a la fiscalía que ese día se utilizaron fusiles lanza cápsulas 1.5, escopetas para triple chaiser (que es el gas lacrimógeno) y escopetas calibre 12 para cartuchos de goma de impacto.

Además, la PN remitió dos listados con los nombres de los funcionarios que estuvieron en las manifestaciones del 6 y 7 de febrero en Las Lomas, Chiriquí.

En el minisúper Económico –donde los testigos señalan que estaba el policía que hirió al menor– había 17 policías: dos tenientes, cuatro subtenientes, seis sargentos, dos cabos y tres agentes. Este grupo está trabajando actualmente en el centro penitenciario La Joya.

Mientras, en el colegio Victoriano Lorenzo, en Las Lomas, estaban 21 policías: dos tenientes, dos subtenientes, cinco sargentos, tres cabos y nueve agentes.

La Dirección de Responsabilidad Profesional de la PN lleva a cabo una investigación por estos hechos y pidió copia de la necropsia practicada al cadáver.

Rubén Polanco

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