CONFLICTOS. PERIODISTAS EN LA LÍNEA DE FUEGO.

´Somos reporteros de guerra´

Detrás de las noticias de batallas, muertos, campos de concentración, fusiles y balas está la entrega de hombres y mujeres que cubren los combates.
Los últimos enfrentamientos en Egipto provocaron la muerte de dos periodistas. AFP /Mosaab El-Shamy. Los últimos enfrentamientos en Egipto provocaron la muerte de dos periodistas. AFP /Mosaab El-Shamy.
Los últimos enfrentamientos en Egipto provocaron la muerte de dos periodistas. AFP /Mosaab El-Shamy.

Él era británico. Ella egipcia. Murieron esta semana en medio de la cobertura noticiosa de los disturbios en El Cairo, Egipto. Mick Deane tenía 61 años y era un veterano corresponsal de guerra. Trabajaba para la cadena Sky News y buena parte de su vida vivió en Jerusalén.

Habiba Ahmed Abd Elaziz tenía 26 años y era reportera del periódico Xpress. Fue alcanzada por disparos cuando se encontraba en la plaza Rabaa Al Adawiya, el centro de las revueltas.

Sus nombres terminaron en los encabezados de los cables de las agencias noticiosas y ahora son un número más en la lista de reporteros y camarógrafos muertos en combate. Estadísticas frías que compilan las asociaciones de periodistas.

¿Héroes? ¿Soñadores en busca de una buena historia? ¿Un oficio más? ¿Tiene sentido laborar en la línea de fuego?

Marie Corvin, excorresponsal del Sunday Times, considerada una leyenda del periodismo de conflictos y quien murió en los combates en Siria en febrero de este año, defendió hasta lo último la idea de estar en el frente de batalla.

“Cubrir una guerra significa ir a los lugares devastados por el caos, la destrucción y la muerte (...) y tratar de dar testimonio. Esto significa tratar de encontrar la verdad entre la tormenta de la propaganda, de los ejércitos, tribus o terroristas”, relató.

Corvin, de quien Hollywood prepara una cinta sobre su vida, portaba un parche negro desde 2001, luego de perder el ojo izquierdo al ser alcanzada por una granada mientras trabajaba en la guerra en Sri Lanka.

Aunque su especialidad era el Medio Oriente y el mundo árabe, Colvin narró las refriegas de Timor Oriental, Sierra Leona, Zimbabue, Kosovo y Chechenia.

En tanto, Francesca Borri, de 33 años, es abogada, pero se convirtió en periodista cuando comprendió que incomodaba más a hombres y mujeres con poder por lo que escribía que como jurista.

Es freelance en Siria. Y en una aguda crónica publicada en varios diarios en el mundo, dejó al desnudo la parte incómoda de cubrir las guerras en tiempos de crisis.

“$70 por artículo, incluso en lugares como Siria, donde los precios se triplican por una rampante especulación. Dormir en una base rebelde, bajo fuego de morteros, en un colchón en el piso, con agua amarilla que me dio tifoidea, cuesta $50 la noche; un auto cuesta $250 por día. Así que terminas maximizando, antes que minimizando los riesgos”, manifestó en su texto periodístico publicado también en la revista digital El Puercoespín.

Borri, autora de un libro sobre Kosovo y de otro sobre Israel/Palestina, no solo ha tenido que esquivar balas y dormir en la calle. Se ha enfrentado, incluso, a temas tan básicos como los de género.

“Una noche reciente hubo bombardeos por todas partes y yo estaba sentada en un rincón, con la única expresión que puedes tener cuando la muerte puede llegar en cualquier segundo y otro reportero se acerca, me mira de arriba a abajo y dice: ´Este no es lugar para mujeres´. ¿Qué se le puede decir a un tipo así? Idiota, este no es lugar para nadie”, expresó.

Ella insiste: “Pero somos reporteros de guerra después de todo, ¿no?”.

En la piel de Kapuscinski

Ryszard Kapuscinski, Polonia, 1932-2007. Escribió sobre guerras, golpes de Estado y revoluciones. Es considerado por muchos como el mejor cronista de guerras del siglo XX. Perteneció a ese grupo de comunicadores que poco a poco se extingue de las salas de redacción, a los que se les llamó “enviados especiales”. Cubrió al menos 12 guerras en África, Asia y Centroamérica. Lejos de la era del iPhone, de sofisticados programas de computadores y de los tiempos récord de internet, Kapuscinski, con una vieja máquina de escribir, narró historias de seres anónimos y de líderes políticos entre la gloria y el ocaso. En El Sha, por ejemplo, contó la vida de Mohammad Reza Pahlevi, derrocado gobernante iraní, que incluso buscó refugio en Panamá a finales de la década de 1970. En El Imperio viajó a la antigua Unión Soviética y a su laberinto político y social.

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