CUBA

Los silencios de La Habana

La capital cubana atiende a sus turistas sin música y sin ron hasta el lunes próximo, cuando finalice el luto por Fidel Castro.

Temas:

Iconografía revolucionaria y por supuesto, libros, sobre todo antiguos, es lo que pueden encontrar los visitantes en la librería La Victoria, en la calle Obispo, de La Habana. Iconografía revolucionaria y por supuesto, libros, sobre todo antiguos, es lo que pueden encontrar los visitantes en la librería La Victoria, en la calle Obispo, de La Habana.

Iconografía revolucionaria y por supuesto, libros, sobre todo antiguos, es lo que pueden encontrar los visitantes en la librería La Victoria, en la calle Obispo, de La Habana. Foto por: LA PRENSA/Luis Burón

El bar Floridita es un punto legendario de la bohemia habanera, frecuentado por Ernest Hemningway. Por estos días está cerrado. El bar Floridita es un punto legendario de la bohemia habanera, frecuentado por Ernest Hemningway. Por estos días está cerrado.

El bar Floridita es un punto legendario de la bohemia habanera, frecuentado por Ernest Hemningway. Por estos días está cerrado. Foto por: LA PRENSA/Luis Burón

Tangui, vendedor de libros en La Victoria, canta discursos de Fidel. Tangui, vendedor de libros en La Victoria, canta discursos de Fidel.

Tangui, vendedor de libros en La Victoria, canta discursos de Fidel. Foto por: LA PRENSA/Luis Burón

El día en que la rumba cubana se convirtió en patrimonio del mundo, nadie celebró en La Habana. El anuncio de la Organización de las Naciones Unidas bien pudo ser un rumor, una sospecha. En la capital cubana no sonó una conga. Ni siquiera una clave. Había duelo.

Cuando Raúl Castro anunció la muerte de su hermano Fidel el viernes pasado, también estableció un luto por nueve días, hasta el próximo lunes, cuando el país lo despida definitivamente desde la ciudad de Santiago.

Y enseguida se convirtió en otra ciudad distinta a la de las películas, a la de las fotos, la de los reportajes. Distinta a la de la semana pasada. Estaba solemne, callada, apesadumbrada.

Por las calles empedradas de La Habana Vieja el silencio era el protagonista. La falta de música y la ley seca cambiaban todo el escenario para los turistas. La popular Bodeguita del Medio, por ejemplo, había cerrado el área de bar, famosa por los mojitos que allí bebió el escritor estadounidense Ernest Hemingway en la Cuba prerrevolución. El restaurante sí funcionaba y ofrecían un mojito pero sin ron y malta en vez de cerveza.

El bar La Floridita, también conocida por los gustos de Hemingway, los daiquirís en esta ocasión, prefirió cerrar del todo, aunque igual los turistas se acercaban a sacarse selfis con el local icónico al fondo. Y la lista sigue. Solo bastaba observar las mesas de los restaurantes, en las que desfilaban aguas minerales, gaseosas, jugos, maltas. Todo, menos alcohol.

Si acaso en los locales de los cuentapropistas, que son quienes han recibido un permiso del Estado para un comercio privado. Allí sí aparece una que otra cerveza o trago, con una música tenue, pero lo suficiente como para quebrar la monotonía del silencio habanero de estos días.

AL SON DE TANGUI

En la calle Obispo de La Vieja Habana, el sonido se percibe diverso, como la vía misma, como la vida de la gente que la recorre. El pregón de un vendedor, los pasos apresurados y a veces tranquilos de los turistas, el estruendo de las llantas de una carretilla que se deslizan por el pavimento, el cañonazo que anuncia las horas. No hay música en la calle pero Tangui, moreno, delgado y de pelo rasta, canta. Canta en la librería La Victoria, donde trabaja como vendedor de libros antiguos, afiches y de cualquier objeto raro. “Esa bandera, ese cielo, esta tierra la defenderemos al precio que sea necesario”. No le importa si su voz tiene los matices perfectos, o si a la gente le gusta.

¿De quién es la canción? Le preguntan. Señala un afiche enorme que cuelga de la pared, y donde se ve a un Fidel Castro en sus mejores tiempos, pronunciando un discurso. Arriba de su cabeza, la bandera cubana. “Son palabras de un discurso del comandante a las que se les puso música. Eso es lo que tengo entendido”.

¿Por qué le gusta la canción?, le consultan. Tangui se pone la mano en el pecho y dice: “El corazón, el corazón, esto es Cuba”.

En el espacio que queda entre la puerta del local y la mesa que carga los libros viejos, improvisa una pista de baile. Desliza un pie tras otro, sin despegarlos del piso. Hace una versión criolla del moonwalk que popularizó Michael Jackson y otra vez canta. No es Thriller, ni Billie Jean ni Black or White, algunas de las canciones que elevaron al rey del pop estadounidense. Tangui tiene su propio guaguancó: “No te equivoques por Dios, Michael no tiene en el mundo lo que a mí el Señor me dio, no te equivoques por Dios, Michael no tiene en el mundo, lo que a mí el señor me dio”. Y le aplauden.

NOCHES SIN TRÍOS

Varias calles después de la librería La Victoria, se oyen las voces de dos hombres ofreciendo el Granma del sábado 26 de noviembre, el día después de la muerte de Castro. “El Granma con la muerte de Fidel, el Granma con la muerte de Fidel, a 1 peso, a 1 peso”, y enseñan la portada del diario oficialista donde aparece la cara del barbudo empuñando un fusil, con un titular gigante que dice: “Cuba es Fidel”. Es quizá un sonido para el recuerdo.

En los jardines del emblemático hotel Nacional, por primera vez no se escuchan las guitarras de los tríos que tocan música de Compay Segundo. El Chan Chan se remplaza por el sonido de las olas del mar junto al malecón.

En las noches habaneras no se escucha salsa en Gato Tuerto, en el silencio del Caribe, ahora se oye el sonido del viento, un viento frío, triste, melancólico.

“Nueve días son demasiados. Bastaba con tres”, dice Maryelis, una chica de 29 años, traje de colores ceñido al cuerpo y un tatuaje en el hombro izquierdo. Fue bailarina del Tropicana, pero la sacaron por ser de baja estatura, así que ahora se dedica a enseñar a bailar salsa, guaguancó, rumba.

Añade que es lamentable que todo esté cerrado. Por un lado, explica, los turistas dejan de ver la Cuba de las películas, de las fotos, de los reportajes, que es lo que vinieron a ver. Por el otro, continúa, el pueblo deja de canalizar sus realidades. “Cuba es un pueblo alegre. Con muchas necesidades, pero alegre”, afirma y se pierde entre el parque Cervantes. Se escucha el cantar de un gallo y un vidrio que se rompe. El luto en La Habana se puede oír y suena a ausencia.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código