Política. Conflicto de soberanía.

Un territorio, dos versiones

Argentina mantiene ardiendo la llama del reclamo por la soberanía de las islas Malvinas. Para los ´islanders´ británicos, esas son sus Falkland.

Los habitantes de las Falkland Islands quieren que Latinoamérica conozca su versión de la historia.

Que se sepa que en el referendo del 10 de marzo, el 99.8% de los islanders dijo que deseaba seguir vinculado con el Reino Unido; no con Argentina.

Que se entienda que quieren ser buenos vecinos y que sí están dispuestos a discutir con Argentina “sobre asuntos de interés mutuo como la pesquería y el turismo”, recalca Barry Elsby, miembro de la Asamblea Legislativa de las Falkland.

Pero lo que más quieren los habitantes de las islas –situadas a unos 500 kilómetros del continente americano y a más de 10 mil de la ciudad de Londres– es seguir siendo británicos.

En efecto, el 10 de marzo pasado se dio el referendo en el que se preguntó a los poco más de mil 600 votantes (de los 3 mil que habitan el lugar) si querían seguir siendo británicos. Casi el 100% contestó que sí.

“Hicimos el referendo para demostrarles a los países democráticos lo que el pueblo quiere hacer”, explicó Elsby.

La reina Isabel II declaró hace poco –en un gesto inusual y decidor– que su gobierno garantizaría “la seguridad, la buena gobernanza y desarrollo de los territorios de ultramar”, refiriéndose no solo a sus Falkland sino también a Gibraltar (territorio reclamado por España).

Argentina, que lleva más de un siglo reclamando la soberanía de las que ellos llaman islas Malvinas, no solo desconoce los resultados de la consulta popular sino que ya pidió al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que intervenga en el dilema.

“El mentado referendo no ha cambiado en absolutamente nada la situación en que está el conflicto por las islas Malvinas”, enfatiza la embajadora de Argentina en Panamá, Ana Berta de Alberto.

Samuel Ortiz Basualdo, ministro de la Embajada de Argentina, aporta más para el debate: “Los isleños quieren seguir siendo británicos, con lo cual Argentina no tiene ningún problema. El problema es que ellos están en un territorio que no es británico”.

El conflicto se remonta al siglo XIX, cuando en 1833 los británicos se instalaron en las islas. Argentina afirma que aquello fue un despojo; Reino Unido, que fue la ocupación de un territorio que ni España ni Argentina reclamaron por abandono o porque en medio había un tratado de paz.

Las diferencias llegaron a su clímax cuando en 1982 el Gobierno argentino invadió las islas, para terminar derrotado por el Ejército inglés un par de meses después.

Jorge Ritter, exministro de Relaciones Exteriores panameño, está convencido de una cosa: solo a través del diálogo es posible una solución. El lío acá es que “el conflicto de las Malvinas se ha convertido en un diálogo de sordos, porque están hablando lenguajes distintos”.

Por un lado Argentina, que no reconoce el referendo. Por el otro Londres, que “hace mal en vender la idea de que hay que respetar el deseo de los isleños, porque un referendo no puede basarse en la opinión de unos colonos”.

Quienes han visitado las islas –en internet pueden encontrarse varios testimonios recientes– aseguran que aquellas no tienen ni una brizna argentina. Que todo allí se ve, se siente y se huele british.

Pero Ortiz Basualdo no se da por vencido y recurre a una analogía para explicar el sentimiento argentino: “Es como si en vez de negociar Torrijos y Carter –a propósito de los tratados Torrijos-Carter firmados en 1977 entre Panamá y Estados Unidos, que hicieron posible la reversión del Canal de Panamá y sus tierras adyacentes al Gobierno panameño–, se le hubiera preguntado a los habitantes de la Zona del Canal (ciudadanos del país norteño) si querían seguir siendo estadounidenses o panameños”...

Un documento, dos interpretaciones

Existe una resolución de las Naciones Unidas, la 1514 del 14 de diciembre de 1960 sobre la descolonización, que sostiene en su punto 2 que “todos los pueblos tienen el derecho a la libre determinación”, y que por ello deben poder decidir libremente su condición política y su desarrollo económico, social y cultural.

La misma resolución, pero en su punto 6, sostiene que “todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”.

Reino Unido se sostiene en el punto 2 para defender el referendo; Argentina se aferra al punto 6.

Naciones Unidas reconoce hoy 16 territorios no autónomos. Diez están bajo el paraguas del Gobierno británico y las Islas Malvinas es uno de ellos.

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