XX aniversario del fallecimiento de Julio Linares

El último discurso del canciller

El pensamiento de Julio E. Linares, en sus facetas como estadista, escritor, historiador y jurista, sigue vigente 20 años después de su desaparición.
Julio E. Linares, cuando ocupaba la cartera de Relaciones Exteriores. LA PRENSA/Archivo. Julio E. Linares, cuando ocupaba la cartera de Relaciones Exteriores. LA PRENSA/Archivo.
Julio E. Linares, cuando ocupaba la cartera de Relaciones Exteriores. LA PRENSA/Archivo.

Si no funcionaba habría que acudir al cerrajero. Tres eran las series de números de cada una de las cerraduras cifradas. La clave no era 000 ni 999. Julio Linares era un hombre, aunque metódico, descomplicado. 1, 2, 3; Tic, tic... y se abrió la cerradura izquierda. Su época estaba lejos de las contraseñas táctiles de los teléfonos inteligentes de hoy. Le tenía desconfianza a otras cosas, a los militares panameños y a los gringos, por ejemplo, “que no gustaban de él” al pedirles una indemnización por la invasión y su lucha por la reversión canalera . “Algunos hasta lo tacharon de comunista”, recordó su esposa Albalyra Franco de Linares.

Tic, tic, tic... Esta última dio más trabajo por el óxido. Con un movimiento brusco la manija derecha se liberó del mecanismo que la aprisionaba y con un chillido que más bien parecía un bostezo agudo, la última bisagra cedió. El silencio subsiguiente habría podido ser retratado.

El maletín del diplomático había estado cerrado por 20 años y bien podía esperar un poco más. No había sido abierto desde su deceso y las manos de su viuda, pese a estar decidida, temblaban al hacerlo. Cuando él murió, lo guardó en el estudio donde reposan sus memorias.

Desde que se lo obsequiaron, en 1991, durante la primera Cumbre Iberoamericana celebrada en Guadalajara, México, el maletín de cuero color camel se convirtió en el favorito de Linares. En su interior había algunas carpetas, anteojos e identificaciones con banda tricolor escritas a mano y en letra cursiva , típica de la caligrafía diplomática. Estas últimas le acreditaban como canciller y representante de la república de Panamá ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El interior estaba cubierto de un polvillo blanco y olía a humedad. Sus carpetas contenían artículos de prensa y un brochure de una ONG de perspectiva de género. Solo faltaban un par de carpetas por revisar y ya la expectación del hallazgo se mezclaba con el “miedillo” de que la búsqueda resultara infructuosa.

¡Tiene que estar allí! -Fue el clamor -. Bastó con leer el primer párrafo. Había aparecido el discurso que el primer canciller de la era democrática panameña no pudo jamás pronunciar ante la Organización de las Naciones Unidas. La vida se le escapó un día antes, lejos de su tierra. Tenía 63 años.

Dos generaciones han pasado desde que aquel aciago día 27 de octubre de 1993, Julio Linares falleciera en Estados Unidos, en la antesala de la máxima cumbre mundial. Salvo el documento recién hallado, la totalidad de sus obras, discursos, artículos y libros han sido publicados y distribuidos gratuitamente por su familia.

El último discurso del canciller de Panamá, Julio Linares, sale a la luz y revela una muestra de cuál era la posición de Panamá hace dos décadas, frente a un mundo cuyas fronteras e ideologías se habían desdibujado y en el que aún se vendían como recuerdos los restos del muro de Berlín.

PANAMÁ EN EL CONTEXTO MUNDIAL

Corrían tiempos de bloques ideológicos rotos, orbitados por políticas giratorias que aún no terminaban de encajar en el nuevo orden mundial. Era otoño en Nueva York y el frío, para las dermis tropicales poco acostumbradas, calaba hasta los huesos. Este era el escenario que encontró a su llegada, en octubre de 2003, el canciller Julio Linares. Llegaba investido por el presidente Guillermo Endara Galimany (q.e.p.d.) para dirigirse en representación de Panamá, a la Asamblea General de la ONU.

Faltaban dos años para que el organismo cumpliera sus bodas de oro, y Julio Linares escribía un discurso haciendo un llamado a la renovación, indicando que el mundo no era igual “al de los firmantes de la Carta de San Francisco”, que dio vida a la ONU en 1945.

El entonces ministro de Relaciones Exteriores reconocía que para la comunidad internacional no había sido sencillo “navegar entre las turbulentas aguas de la Guerra fría y de los compromisos ideológicos”. A juicio de Linares, si bien la tregua existente entre las potencias de la época, la Unión soviética y Estados Unidos y sus bloques de influencia, le llenaba de esperanza, no se había “ganado todavía la guerra contra la pobreza y la marginación social”. Por este motivo clamaba por una justicia pacífica.

El canciller cuestionaba fuertemente la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU, por el derecho de veto del que disponen únicamente los miembros permanentes del ente, lo que a su juicio atentaba contra “el principio de la igualdad jurídica de los Estados”. Linares reconocía abiertamente que las reformas al Consejo no serían tarea fácil, mas consideraba necesaria su discusión, porque las causas que habían justificado categorías de países con más poder de decisión que otros, habían desaparecido.

Respecto a las cumbres iberoamericanas, Linares pensaba que su fuerza estaba guiada por la intención de aprovechar en toda su plenitud las afinidades de sus miembros, a fin de “consolidar un espacio abierto a la cooperación y a la solidaridad”. No obstante, reconociendo las limitaciones de este foro regional y haciendo referencia al sonado caso de las restricciones a la importación de banano latinoamericano, plasmó en su obra póstuma , “el clamor de una Iberoamérica que siente que a la mayoría de los Estados que la integran, no en pocas ocasiones se les ha impedido el acceso creciente de sus productos a mercados incluso tradicionalmente accesibles”.

De Julio Linares diría el periodista Mario Castro Arenas que “la historia de este período político de reconstrucción democrática recogerá su brillante y esforzada trayectoria como canciller. Al llegar a la Cancillería encontró un país aislado y sin prestancia política y moral” tornándolo en un “Panamá que sostiene relaciones diplomáticas universales; un Panamá integrado al bloque de países centroamericanos; un Panamá gallardo y enérgico en la defensa de su soberanía y sus derechos”.

DERECHOS Y LIBERTAD

Linares reitera en su obra final que “los derechos humanos y las libertades fundamentales no son producto de una concesión generosa del Estado y sus autoridades”, sino que son “inherentes a la persona humana”, por tanto, los que los violan no solo atentan contra el individuo, sino que “ atentan también contra la estabilidad institucional, el orden constitucional y el estado de derecho”.

El canciller tenía el firme criterio de que “la soberanía ... no solo puede ser vulnerada por actos realizados por terceros Estados”, sino también por actos de los propios nacionales, que al colocarse “por encima de la voluntad popular, como ha ocurrido en las muchas dictaduras que han existido, desconocen precisamente el principio de libre determinación y violan los derechos humanos”.

MÁS QUE UN CANAL

La última misiva al mundo transmitida en nombre de Panamá por Linares, no dejó por fuera el tema de la soberanía panameña en la Zona del Canal y la proyección futura de los resultados de esta lucha histórica nacional, luego de expirada la vigencia de los tratados Torrijos-Carter, firmados en 1977.

El ministro plasmó su visión de país en los siguientes términos: Por más “importante que sea el objetivo jurídico político señalado, la buena o mala utilización que hagamos tanto del Canal, como de las áreas revertidas, habrá de marcar nuestro futuro en forma positiva o negativa”, acotaba.

Su insistencia permanente en el reconocimiento al derecho a la libre autodeterminación de Panamá no solo se centró en la acción diplomática.

Julio E. Linares dejó una extensa obra jurídica, en la que se destacan los títulos Derecho internacional público y Tratado concerniente a la neutralidad permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá. En este último advertía de los efectos desfavorables para Panamá de dicho tratado.

Sus obras son de referencia obligada en las carreras de derecho, ciencia política y relaciones internacionales de las universidades nacionales, especialmente de la Universidad de Panamá, en la que se desempeñó como catedrático y decano.

VISIÓN INTEGRAL

La visión integral de Linares abarca las especiales y únicas condiciones sociopolíticas que confluyeron en el istmo, partiendo de su interés en la historia política panameña desde los tiempos de la independencia hasta la desintegración final de la democracia en la dictadura militar. Con relación a estos temas se destacan sus discursos Juicio crítico al 3 de noviembre de 1903 y Panamá: 20 años de tinieblas.

Como historiador e hispanista, Linares realzó la figura de Simón Bolívar y la de Justo Arosemena en sus disertaciones ante la Sociedad Bolivariana de Panamá. Por otro lado, su vena lírica exaltó el canto de su “Alondra”, la laureada poetisa chiricana María Olimpia de Obaldía, a quien homenajeó en diversos foros.

En 1992, un año antes de su muerte, el canciller proclamaba: “La democracia no se cultiva estimulando con un manto de impunidad la corrupción (...) no se consolida sin reafirmar el concepto de soberanía popular”.

Linares dejó un legado a las nuevas generaciones, sobre las dinámicas a jugar por la República ´pro mundi beneficio´, respecto al resto de las naciones, de cara al nuevo milenio.

Muchos de los retos por él identificados están por afrontarse. Les tocará a otros panameños escribir esa historia.

PERFIL

JULIO E. LINARES

(1930-1993)

Licenciado en derecho por la Universidad de Panamá. Doctor en derecho por la Universidad de Madrid, España, con especialización en derecho internacional en Roma, Italia. Ocupó los cargos de canciller, diputado de la Asamblea Nacional y ministro de Hacienda y Tesoro. A nivel internacional fue presidente de la V asamblea de gobernadores del BID, presidente de la Asamblea General de la OEA y secretario general del Instituto Hispano Luso Americano de Derecho Internacional. Fue también historiador, hispanista, escritor y político.

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