especies. progreso amenaza con desaparecerlos

Los últimos cangrejeros

Cerca del Corredor Sur en Juan Díaz hay miles de hectáreas de manglares que son el hogar de una especie muy particular: el cangrejo azul.
SUBSISTENCIA. Jorge Pineda lleva 20 años dedicándose a la captura del cangrejo azul, pero el desarrollo inmobiliario amenaza con desaparecer estos crustáceos. LA PRENSA/Bienvenido Velasco SUBSISTENCIA. Jorge Pineda lleva 20 años dedicándose a la captura del cangrejo azul, pero el desarrollo inmobiliario amenaza con desaparecer estos crustáceos. LA PRENSA/Bienvenido Velasco
SUBSISTENCIA. Jorge Pineda lleva 20 años dedicándose a la captura del cangrejo azul, pero el desarrollo inmobiliario amenaza con desaparecer estos crustáceos. LA PRENSA/Bienvenido Velasco

A menos de cinco minutos de la capital y cerca de enormes edificios que son el símbolo del emporio económico de la ciudad, se lleva a cabo una actividad conocida por muy pocos: la captura de cangrejos.

Se trata de una labor bastante compleja, pues quienes se ven involucrados deben destinar muchas horas y evitar quedar atrapados en las tenazas de estos animales, ya que esto les podría ocasionar serias lesiones.

Cristino Duarte, Jorge Pineda y Ángel Montilla son de los pocos “cangrejeros” (captura de cangrejos) que existen en la capital.

Viven en casas precarias dentro del mismo humedal de la bahía de Panamá. Para ir a cangrejear salen un día a las 2:00 de la tarde y regresan al día siguiente a esa misma hora. “El manglar nos da todo lo que necesitamos”, sostiene Duarte.

Explican que para capturar los cangrejos hay dos métodos. El primero es elaborar trampas de madera con carnada que colocan sobre el agujero donde habita el crustáceo y la otra es tapar el agujero para forzar su salida.

Un día bueno significa la captura de 100 cangrejos entre los tres cazadores y uno malo es cuando atrapan menos de 50.

La actividad le representa una entrada económica que consideran “muy buena”, ya que una docena de cangrejos la pueden vender hasta en 10 dólares.

Pineda, Montilla y Duarte tienen más de 20 años dedicándose a esta actividad y ya tienen una clientela fija que le compra cangrejos en San Miguelito, el este de la capital y Juan Díaz.

Pero no todo es fácil para estos cangrejeros, ya que resultan heridos por las tenazas de estos crustáceos. Además, para capturarlos tienen que enfrentar picaduras de mosquitos, pasar por terrenos fangosos y frías noches entre el mangle.

Una vez capturados los cangrejos, estos hombres los guardan dentro de neveras viejas y allí los alimentan con hierbas y maíz por varios días mientras los venden.

No obstante, advierten que en los últimos años algo está cambiando en el manglar, pues los cangrejos no salen como antes, ya que hace seis años lograban capturar hasta 500 crustáceos en un día.

Creen que esta situación guarda relación directa con la tala de manglares, principal hábitat de los cangrejos, que están ubicados a un costado del Corredor Sur.

La preocupación de estos cangrejeros es razonable debido a que informes de los ambientalistas dan cuenta de que hay la intención de desarrollar más de 20 proyectos en esa zona.

Hasta el momento ya están en construcción nueve de esos proyectos y el resto aún espera los permisos de construcción.

Cristino, Jorge y Ángel admiten que de seguir las edificaciones deberán abandonar el manglar y esta actividad debido a la desaparición de esta especie. “Los cangrejos caminan hacia atrás por naturaleza, pero acá los empresarios caminan hacia atrás al destruir los manglares”, advirtió Ángel.

Menos mangle, escasa pesca

El Plan de Conservación de los Humedales de la bahía de Panamá, que fue presentado recientemente por la Sociedad Audubon de Panamá, plantea los riesgos en que se encuentran los crustáceos dentro de la zona. Según el documento, la deforestación indiscriminada de manglares, y que podría superar las 500 hectáreas, ha acabado con una buena parte de los cangrejos azules que habitan en el lugar.

Además de los cangrejos, la Sociedad Audubon menciona otras especies que están en peligro, como el camarón, la concha negra, algunos peces y aves, pues les han destruido su hábitat. “Los estudios han demostrado que existe una correlación lineal entre la extensión de los manglares y la captura anual de pesca en las zonas adyacentes”, es una de las conclusiones de este plan haciendo referencia a que mientras menos mangle hay, más escasa es la pesca.

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