CIENTÍFICA, PIONERA Y EMPRENDEDORA.

Una vida dedicada a la botánica

Mireya Correa ha aportado más de cuatro décadas de su vida a la enseñanza. Fundó el Herbario de la UP y logró posicionarlo en la región.

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Las giras al bosque, las montañas y senderos para recolectar muestras de plantas han quedado atrás, pero Mireya Correa aún tiene energía para nuevos desafíos. Las giras al bosque, las montañas y senderos para recolectar muestras de plantas han quedado atrás, pero Mireya Correa aún tiene energía para nuevos desafíos.

Las giras al bosque, las montañas y senderos para recolectar muestras de plantas han quedado atrás, pero Mireya Correa aún tiene energía para nuevos desafíos.

Correa junto a su viejo amigo Thomas Croat, autor del libro ‘La flora de Barro Colorado’. Correa junto a su viejo amigo Thomas Croat, autor del libro ‘La flora de Barro Colorado’.

Correa junto a su viejo amigo Thomas Croat, autor del libro ‘La flora de Barro Colorado’.

“Dígame: ¿qué características ve que tienen en común estas hojas?”, me pregunta la profesora, de estatura pequeña, gafas y aspecto frágil mientras señala tres muestras secas pegadas sobre cartones.

–“Son opuestas, las rayitas (nervadura) corren en la misma dirección...” respondo con vergüenza al no recordar casi nada de las clases de botánica de la escuela.

“¿Vio? Usted sí es observadora. Aunque no sepa los términos, es correcto. A los estudiantes hay que enseñarlos a observar, a pensar, a sustentar el porqué de sus respuestas”.

Es imposible conversar con Mireya Correa y no aprender sobre la inflorescencia, los guayacanes o por qué los herbarios son importantes como referentes de la biodiversidad y de la historia de un país, para el turismo, como herramienta para investigaciones científicas y apoyo para planes de conservación.

Pionera de la botánica en Panamá, docente, autora de diversas publicaciones y fundadora y directora del Herbario de la Universidad de Panamá (UP) es toda una autoridad en la materia. Durante su vida académica de más de cuatro décadas, dictó cursos de botánica, morfología vegetal, ecosistemas terrestres, flora de Panamá y biología general. Su entusiasmo por las plantas es contagioso. Pero, reconoce la científica panameña, el ciudadano común asocia la botánica a la jardinería. “Yo soy taxónoma, no jardinera”, indica Correa, quien recibió el 26 de noviembre de 2014 un reconocimiento por los 45 años de servicios académicos prestados en la UP.

Un herbario es una especie de biblioteca de plantas secas. Los científicos colectan muestras de plantas y las identifican. El proceso incluye prensarlas y secarlas. Se examinan en un estereoscopio, se “montan” sobre un cartón y se les asigna un código de barra, que facilita los préstamos entre herbarios. En cada cartón se incluye una descripción de la planta, dónde se colectó, tipo de fruto, aspecto, etc. , y se ordenan para archivarlas en gabinetes especiales.

“Aquí hay plantas que se colectaron antes de la inundación del lago Fortuna por el año 1976. Hoy ya no están esas especies de plantas allí, pero sabemos que existieron. Lo mismo en Bayano. El herbario es como un muestrario de las plantas que hay en Panamá, de cuáles han sido usadas para experimentos químicos, farmacológicos, etc. Las muestras secas son testimonio de la existencia de una especie en nuestro país”, detalla Correa.

En Panamá hay alrededor de 10 mil especies de plantas vasculares. La colección del Herbario de la UP está distribuida en más de 130 gabinetes, de los cuales hay 124 con muestras de plantas vasculares (que tienen tejido para el transporte de agua y alimento) y 22 de briófitas (que se fijan al suelo por filamentos). También hay dos de hongos y una de algas.

Ya se han procesado 124 mil muestras, 98 mil han sido digitalizadas y colgadas con su información en el sitio web del herbario.

UNA VIDA LLENA DE RETOS

Mireya Correa se graduó como bachiller en Ciencias del Instituto Nacional en 1958. Estudió Biología y Química en la Universidad de Panamá, y llegó a criar chitras para experimentos de leishmaniasis en el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, donde trabajó como técnica de laboratorio, antes de convertirse en profesora en 1963.

Estudió una maestría en Botánica y Taxonomía en la Universidad de Duke, en Estados Unidos, y volvió a su terruño en 1967 con la meta de crear un herbario en la Universidad de Panamá. Ni el golpe de Estado en octubre de 1968, que llevó al cierre de la Casa de Méndez Pereira, logró minar su afán de continuar su proyecto el año siguiente.

Emprendedora, dinámica y de carácter fuerte, Correa siempre anda en busca de actividades y nuevos proyectos. Así ha logrado, a través de los años, incluir a Panamá en varias iniciativas internacionales para mejorar el herbario y el acceso a la información de las colecciones.

Cuando se colectan muestras de plantas, la mejor es el tipo principal, se llama holotipo. Las demás son duplicados o isotipos. En Latinoamérica, la mayoría de las colecciones las han hecho los europeos y norteamericanos. Y la mayoría de los tipos están fuera de nuestra región. Cuando alguien quería comparar los tipos originales, tenía que viajar a Londres, a Estados Unidos, etc., explica Correa.

En 2006, en una reunión mundial de botánicos en Viena, Correa supo que había un proyecto financiado por The Andrew W. Mellon Foundation de Nueva York que podría evitar la necesidad de viajar para analizar los tipos. Panamá entró en el proyecto, que terminó el año pasado. La fundación pagó para digitalizar en alta resolución las muestras del herbario, que están disponibles en la base de datos Global Plants de jstor.org. Actualmente hay nuevas muestras ya procesadas, listas para ser digitalizadas.

Panamá fue uno de los primeros países de la región en incorporarse a la Iniciativa Global de Plantas, que agrupa a unos 300 herbarios de todo el mundo.

Desde hace dos años, Correa dejó de dictar clases y tampoco asesora trabajos de graduación para optar por la licenciatura en biología con orientación vegetal como lo hacía antes, aunque a veces vienen estudiantes de Botánica Sistemática a consultarla. También tiene pasantes que entrenar para que trabajen en el herbario, que aún dirige. El número de visitantes –científicos, investigadores, estudiantes y público en general– ha aumentado, comenta con emoción, pero a la vez, le preocupa que no le alcance el tiempo para atenderlos adecuadamente y coordinar todo lo que tiene pendiente, incluyendo el servicio social de los alumnos. “Tenemos que poner reglas. Que me manden una nota para hacer una cita”, expresa.

Correa también se encarga del herbario del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y a finales de 2014 fue invitada a participar en un comité científico para revisar, recomendar y proponer acciones relacionadas a las colecciones de flora y fauna que debe tener el Parque Municipal Summit. “Sugiero que estudiantes hagan pasantías allí”.

ANÉCDOTAS

Con poco más de siete décadas a cuestas, la dificultad para desplazarse y el temor de “descalabrarse”, las giras al bosque, las montañas y senderos para recolectar muestras de plantas han quedado atrás para Mireya Correa, pero ganas no le faltan de estar en el campo otra vez.

Vivaz y elocuente, de su mente ágil brotan las anécdotas de colegas y estudiantes que fueron pasando por las aulas de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la UP y por las páginas de su vida.

“A mis estudiantes los llevaba mínimo a tres excursiones durante el semestre, y les restaba puntos a los que tenían mala ortografía”.

Hasta le espantaba las chicas que no dejaban concentrarse a los alumnos guapos. Recuerda en especial a uno de primer año que era “fresco” y fracasó en casi todas las materias.

“Vaya a su microscopio, no tiene nada que andar preguntándole a él”, le decía a una jovencita que lo perseguía.

Ese estudiante ahora es docente en Canadá.

SIEMPRE ACTIVA

Apasionada por el conocimiento, inventora y acostumbrada a resolver problemas y a reparar cosas –incluyendo una secadora de plantas de 1976– Correa no se queda atrás en la tecnología.

“Yo no quería comprar celular, pero en 2006 mi mamá, que aún vivía, me dijo que ya la gente no quería prestar el teléfono porque cada minuto costaba y que me debía comprar, aunque fuera, un celular baratieri. Antes tenía uno primitivo, ahora tengo otro y ya uso WhatsApp”, cuenta.

Alguna vez tuvo una computadora Osborne, que describe como “un maletín con pantalla”. Luego compró una Apple. Aprendió a usar hojas de cálculo Excel, el procesador de texto Wordperfect y hasta se aplicaba en la programación. “Yo escribía programas, pero me dije: ¿para qué perder tiempo en eso, si hay programadores?”.

Hoy en el herbario de la UP usa Dropbox para enviar imágenes en alta resolución de las muestras.

HUELLAS Y LOGROS

Es difícil discriminar por importancia los méritos de su impresionante currículo de 27 páginas, pero se destacan, entre muchos otros, la medalla José Cuatrecasas a la Excelencia en Botánica Tropical, otorgada por el Departamento de Botánica y el Herbario Nacional de Estados Unidos, en abril de 2008; el reconocimiento de Grupo Melo por ser pionera de la investigación Botánica en Panamá; el que le concedió la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología en 2013 por ser una mujer pionera en la ciencia en Panamá; y el reconocimiento “Mujeres que dejan huella”, de la Asociación de mujeres empresarias y profesionales de Panamá, en mayo de 2013.

Adicionalmente, ha sido coautora de obras como Árboles y arbustos del Parque Natural Metropolitano (Correa, M.D., Stapf, M., De Sedas, A., Hernández, F. & R. Carranza. Panamá. Editorial Inbio, 2010, Costa Rica. 112 pp.).

¿Y qué hace en su tiempo libre?

“Los sábados y domingos escribo y corrijo como seis horas. Me gusta ver documentales en televisión sobre la vida de los animales en el bosque y el programa 100 latinos dijeron”, cuenta.

El fotógrafo y una de las científicas que trabaja con ella en el herbario regresan y le proponen salir para tomarle una foto en exteriores. “¿Ves cómo me convencieron?”, dice mientras camina con ayuda de una andadera y cuenta sobre un esguince que sufrió. Al terminar, se encuentra con un viejo amigo y colega. Es Thomas Croat, autor de La flora de Barro Colorado. “¡Yo lo conozco hace como mil años!”, exclama. En su larga trayectoria, Correa no solo ha sembrado semillas de conocimiento en suelo fértil, sino también ha cultivado logros, admiración y amistades.

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