INFORME DEL CENTRO DE ESTUDIOS POR LA PAZ J.M. DELÁS DE BARCELONA, ESPAÑA

´Las otras violencias en América Latina´

La organización atribuye la violencia a las desigualdades y conflictos por intereses económicos en ámbitos rurales.

La violencia que se registra en América Latina, y que en parte se expresa a través de una tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes que duplica al promedio mundial, no está ligada directamente a conflictos bélicos, aunque se trata de la región que durante los últimos años tuvo el más alto gasto militar en el mundo.

No. La violencia en la mayoría de los países latinoamericanos es resultado directo de la distribución desigual de la riqueza, de conflictos por intereses económicos en ámbitos rurales y de conflictos derivados del crimen organizado, según concluye el más reciente informe del Centro de Estudios por la Paz J.M. Delás, que forma parte de la ONG Justicia y Paz de Barcelona, España.

El estudio, divulgado a comienzos de este mes, hace referencia a países latinoamericanos que “sin padecer ninguna guerra civil ni guerrillas internas que provoquen un número importante de muertes, tienen conflictos de otra naturaleza a los considerados como de tipología política o de guerra clásica como lo es Colombia, pero que en cambio tienen unas tasas muy elevadas de muertes”.

Se trata de Guatemala, El Salvador, Venezuela, Belice, Honduras, Brasil, Perú, México y Panamá.

CAUSAS

A juicio de los investigadores del centro, esas otras “violencias en América Latina” son la consecuencia, por ejemplo, de conflictos generados por la expulsión de comunidades campesinas de tierras que luego son deforestadas o usadas para la ganadería y la agricultura intensiva, o la minería extractiva.

Esta situación, dice el estudio, afecta a unos 40 millones de campesinos que cultivan para el autoconsumo unas 17 millones de pequeñas unidades agrícolas y ocupan, por tanto, 34.5% de las 60.5 millones de hectáreas cultivables de la región, donde se produce 51% del maíz, 61% de las papas y 77% de los frijoles del continente.

En otras palabras, “la violencia que afecta a los campesinos tiene que ver con las economías de subsistencia que dan ocupación a 30% de la población total latinoamericana que sigue viviendo en zonas rurales”.

En este aspecto, el informe cita como “una de las luchas campesinas más importantes en Panamá” la que se lleva a cabo en la provincia de Colón contra una empresa minera, a la que atribuye la afectación de amplias extensiones de manglar, lo que ha causado la muerte de diferentes especies y perjudicado la pesca.

Por otro lado, el informe atribuye parte de la violencia en la región a enfrentamientos propiciados por “demandas de derechos culturales de las comunidades indígenas, también ligadas a cuestiones ambientales o de acceso al agua potable”.

¿Un ejemplo en el país?: las intensas protestas realizadas en 2011 y 2012 por la etnia Ngäbe Buglé contra la minería y la instalación de hidroeléctricas en su comarca, que dejaron dos muertos y decenas de heridos.

Finalmente, en lo que respecta al crimen organizado, el estudio resalta los conflictos derivados del “cultivo, producción y tráfico de coca, del tráfico de personas, inmigración, trata de mujeres para la prostitución, o a la violencia que se desencadena en la represión de todos estos conflictos y que se concentra en las cárceles”.

Destaca, como generador de esa violencia, el éxito alcanzado en la lucha contra las drogas, que aunque relativo se refleja en una reducción de 27% en las hectáreas cultivadas de hoja de coca en Colombia, Perú y Bolivia, y en la producción de toneladas de cocaína en esos mismos países, de 6.5%.

Panamá decomisó 34.6 toneladas de drogas en 2012, según cifras del Ministerio de Seguridad.

Asimismo, el informe distingue el problema carcelario, que engloba “casos de malos tratos, tortura, ejecuciones y sobrepoblación”.

En el país, la población penitenciaria ronda los 14 mil reos, 60% de estos sin condena, y el hacinamiento fluctúa entre 50% y 60%.

HACIA EL FUTURO

En conclusión, el estudio afirma que la mayoría de las violencias que se registran en América Latina “son debidas a una distribución desigual de la riqueza y, por lo tanto, ligadas a cuestiones estructurales”.

Y es que, a juicio de los investigadores del centro, “los países de la región están cada vez más asediados por trasnacionales que, en su búsqueda de lucro, contaminan y desalojan a la población con el desarrollo de proyectos mineros, hidroeléctricos, ganaderos, pesqueros y de monocultivos intensivos”.

También está el problema de la exclusión social en las ciudades a causa de “factores económicos y de crecimiento acelerado y desordenado, lo cual crea extensas zonas marginadas que favorecen la aparición de delincuencia”.

El estudio reconoce, empero, una reducción gradual en esos factores de exclusión y cita el último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre la Seguridad Ciudadana, que admite “resultados positivos en la reducción de la criminalidad en países como Colombia, Uruguay, Chile, Jamaica, Brasil y Panamá”.

Aun así, concluye que la “única posibilidad que tienen los gobiernos para acabar con las violencias señaladas es poner en marcha políticas integrales de desarrollo, que abarquen todos los ámbitos de la seguridad humana: económica, alimentaria, cultural, de salud, personal, política y ambiental; de planificación familiar y control de natalidad; de educación, vivienda y empleo. Solo así, con una planificación a largo plazo, se podrán ir reduciendo las desigualdades y la violencia”.

Homicidios por líos personales

Cifras del Sistema Integrado de Estadísticas Criminales indican que el año pasado hubo 665 homicidios en el país, 94 casos menos (-12.38%) que los 759 reportados en 2011.

La tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, que refleja el riesgo de sufrir muerte violenta, también disminuyó de 20.8 casos en 2011 a 18 en 2012.

De acuerdo con los reportes oficiales, la disminución en la variación acumulada desde 2010 en este indicador fue de 24%.

Más allá, el informe resalta que 43% de los crímenes reportados en 2012 fue la consecuencia de conflictos personales, es decir, riñas, venganzas, rencillas o en defensa propia.

Este porcentaje aumentó con relación a las cifras de 2011, cuando estos móviles causaron 36% de los homicidios en el país.

El resto de los asesinatos reportados el año pasado estuvo relacionado con el crimen organizado (23%), con robos (17%), violencia doméstica y pasional (8%), acciones policiales (3%) y otras causas (6%).

Rafael Luna Noguera

Factores sociales y económicos

La directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, Aida Selles de Palacios, y el psiquiatra forense del Instituto de Medicina Legal Alejandro Pérez coinciden en que la violencia en Panamá tiene entre sus causas una combinación de factores sociales, económicos y psicológicos.

Selles de Palacios sostiene que entre las principales causas de la violencia local destaca la delincuencia común y en esta convergen factores como el desempleo, la desorganización y el mal funcionamiento de la familia; el tráfico de drogas, el surgimiento de pandillas y la vinculación de estas con el crimen organizado.

Además, dijo, está la violencia intrafamiliar, en la que también entran en juego las drogas, las enfermedades mentales, las pasiones, los celos, entre otros factores.

“Ningún factor se explica por sí solo. Son varios los elementos que inciden. La violencia es un mecanismo diverso, que se ha ´legitimado´ para resolver los conflictos sociales. Es un ´valor´ que se transmite entre las culturas y cada vez más es aceptadocomo válido”, explicó.

Pérez, por su parte, citó como causas de la violencia el “desequilibrio injusto de la riqueza del país, la pérdida de credibilidad en las instituciones del Estado, la ausencia de liderazgo, la pérdida de cohesión social, la pérdida del valor de la religión, de la ética, la moral y la falta de educación”.

“En nuestra sociedad”, dijo, “cada vez son más los que quieren hacer lo que les da la gana y que no les importa darle un tiro a cualquiera. El ´juega vivo´ es un ejemplo claro de lo que sucede en la sociedad. Hemos adoptado la violencia como método para la resolución de los conflictos”.

Rafael Luna Noguera

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