[LECCIONES APRENDIDAS]

Alemania en paz consigo misma

Los alemanes lograron exorcizar su pasado nazi y conjurar su pasado comunista para recuperar su identidad y definir el futuro económico, político y cultural de Europa, conscientes de su legado.
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/05/0_20141205HjN6Fn.jpg /deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/05/0_20141205HjN6Fn.jpg
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/05/0_20141205HjN6Fn.jpg

Hablando desde la Bernauer Strasse, a 25 años de la caída del muro de Berlín y a casi 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, la canciller de Alemania, Ángela Merkel nos recordó que “la caída del Muro nos demuestra que los sueños pueden hacerse realidad y que nada tiene por qué seguir como estaba, sin importar que tan altas sean las barreras”. Nos mostró que “podemos cambiar las cosas para mejorarlas”; que Alemania reencuentra su identidad milenaria y que los alemanes, por fin, lograron “hacer las paces” con ellos mismos, o como se dice en alemán, aufarbeitung, una expresión que en inglés significa coming to terms.

Ligo los dos sobrecogedores acontecimientos, la Segunda Guerra y la caída del Muro, porque fue también otro 9 de noviembre, en 1938, cuando tuvo lugar la noche de los cristales rotos. Esa negra noche en la que las brigadas nazis anticiparon los horrores del holocausto persiguiendo a los judíos y destruyendo sus sinagogas y sus negocios por toda Alemania.

Este domingo, después de tantas vicisitudes, los alemanes finalmente han logrado exorcizar su pasado nazi y conjurar su pasado comunista para recuperar su identidad. Una identidad forjada muchos siglos antes de que estos dos horrores del Siglo XX ensombrecieran su historia. Una historia que yo he tenido la suerte de observar de cerca.

Mi primera visita a Berlín fue dramática. Era 1968 y llegar a Berlín desde Varsovia era muy complicado pues solo había un corredor para autos y camiones que desembocaba en un paisaje desolador de edificios abandonados, áreas minadas, perros iracundos, alambres de púas que coronaban un muro que se extendía una eternidad. En su vano esfuerzo por ganar la guerra de la propaganda, las autoridades de Alemania Oriental justificaban la construcción del muro como un esfuerzo para proteger a la población de las fuerzas fascistas que conspiraban para socavar el paraíso comunista. Del otro lado del muro, me tocó observar la brutal represión policial a los estudiantes que cuestionaban el sistema político del país, el silencio de sus padres sobre su pasado nazi, la guerra en Vietnam, la visita del Shah de Irán. Lo predominante era la desunión.

Volví a Alemania en noviembre de 1987, cuando los vientos de rebeldía que habían empezado a soplar en Hungría en 1956 y después en 1989; en Praga en 1968; en Gdansk y Varsovia en la década de 1980 y en la propia Unión Soviética con el Glasnost y la Perestroika de Mijail Gorbachev, y la división y la desconfianza entre los alemanes se ahondaba cada vez más. En el 2005, en Madgeburg platiqué con hombres nostálgicos que añoraban el estado de bienestar en el que vivían en esa parte de la Alemania Oriental y le recriminaban su falta de solidaridad a occidente. En 2010, en el Memorial de Buchenwald pude observar el asombro de los jóvenes alemanes al contemplar los horrores cometidos por sus abuelos y leí sus conmovedoras palabras expresando su repulsión a esa parte de la historia de su país.

Hace apenas un mes, a mi regreso de un viaje que incluyó una visita al Centro de Documentación de Núremberg, donde se expone el pasado nazi con honestidad, sin disfraces, sin disculpas, en la exhibición permanente Fascinación y terror, me convencí de que finalmente Alemania ha logrado hacer las paces con su pasado. Que sus museos educan a las nuevas generaciones sobre los horrores de su pasado sin disfraces ni disculpas; que se honra a los muertos convirtiendo los antiguos campos de concentración en museos de historia y construyendo monumentos por toda Alemania para recordar a las víctimas; que si bien algunos personajes menores han logrado escapar al castigo, los principales culpables han sido condenados; que se ha indemnizado a muchas de las víctimas y, sobre todo, que el país entero ha asumido su responsabilidad sin excusas.

Creo que hoy, la Alemania reunificada ha entendido que en sus manos está definir el futuro económico, político y cultural de Europa y que debe hacerlo consciente de su legado histórico. Que está convencida de que su prosperidad actual se debe a su trayectoria milenaria, no a dos periodos negros en los que perdió la razón, y que ha sido su respeto al sistema democrático, a su creatividad, a sus avances tecnológicos y científicos tanto como a su poder económico lo que la han llevado a la posición de privilegio en la que hoy está.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código