[NATURALEZA]

Amores letales

Uno de los ejercicios más difíciles –y más frustrantes– de la paleontología consiste en querer deducir cómo se comportaban los seres ya desaparecidos. Todo lo que sabemos de ellos se reduce a sus fósiles que, entendidos de la forma más amplia, incluyen aquellas modificaciones que los animales llevaron a cabo en vida sobre el ecosistema.

Las huellas de pisadas o los cropolitos –excrementos petrificados– son buenos ejemplos de esos indicios. Pero imaginar formas de actuar a partir de datos tan fragmentarios y mínimos es, ya digo, todo un compromiso. La ingente cantidad de artículos y libros que intentan explicar cómo fue la evolución de la bipedia humana pone de manifiesto que en buena parte solo cabe plantear hipótesis frágiles y, por añadidura, sometidas a una complicada tarea de comprobación.

Es toda una sorpresa, en esas condiciones, que sea posible ofrecer nada menos que el ritual de apareamiento –parte de él, en realidad– de unos animales que vivieron en el Eoceno, hace 47 millones de años. Se trata de tortugas de la especie Allaeochelys crassesculpta procedentes de la Fosa Messel, yacimiento que se encuentra cerca de Frankfurt (Alemania). Numerosos ejemplares de esas tortugas, muy bien conservados, han aparecido en parejas: murieron y se fosilizaron mientras se encontraban realizando el apareamiento. Walter Joyce, del departamento de Geosciences de la universidad de Tübingen (Alemania) y cuatro de sus colaboradores han publicado en la revista Biology Letters el estudio de esas tortugas de Messel dando algunas claves acerca de su muerte en pareja. Todas las tortugas de agua dulce se aparean en el medio acuático montando el macho por detrás a la hembra y, tras la cópula, los dos animales permanecen unidos. Si la monta se ha realizado en aguas abiertas, la pareja se hunde hasta alcanzar profundidades considerables. Pues bien; es esa la explicación que dan Joyce y colaboradores de los fósiles de Messel. Las tortugas habrían llevado a cabo la cópula en aguas superficiales pero, al completarla y hundirse, es posible que alcanzasen aguas peligrosas del fondo del lago, allí donde la presencia de gases volcánicos suponen un veneno que habría sido la causa de la muerte. Las tortugas actuales pueden absorber el oxígeno disuelto en el agua a través de su piel, cosa que les permite permanecer un tiempo considerable sumergidas. Pero esa capacidad supone también un riesgo si se trata de aguas venenosas. Hasta ahora se había dado por supuesto que las tortugas de Messel murieron al ingerir las aguas contaminadas, o al comerse los peces que vivían en ellas. Para Joyce y colaboradores, fueron en realidad víctimas del Eoceno de un comportamiento parecido al de las tortugas actuales: el de la larga unión sexual. No deja de ser un destino mucho más literario ese de la muerte en pareja después de un acto de amor.

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