[ ECONOMÍA CENTROAMERICANA]

Anticiparse a la tormenta económica

La crisis de 2011 y 2012 se origina en la insostenibilidad fiscal de los gobiernos de la zona euro, que afecta a la banca, y que muy posiblemente haga caer a sus economías en una recesión.

Casi siempre las instituciones de la integración marchan a la zaga de los acontecimientos. Pecan de un exceso de timidez, de un exceso de cautela. Prefieren no moverse en determinada dirección sino hasta que los ministros del ramo o los presidentes de los bancos centrales les dan instrucciones. Tienen temor de ser llamadas al orden si es que inician procesos autónomos que no han sido acordados con antelación por las instancias nacionales respectivas.

En octubre y noviembre de 2011 logramos cambiar, aunque fuera coyunturalmente, esa actitud. De manera conjunta elaboramos un documento que pretendía adelantarse a los posibles efectos que la tormenta económica que se gesta en la zona euro podía desencadenar sobre Centroamérica. Ahí estábamos Sieca (la secretaría de los ministerios de economía), Secma (la secretaría de los bancos centrales), BCIE (la entidad financiera de la integración), CAC (la secretaría de los ministerios de agricultura), Cenpromype (la secretaría de los viceministerios de mipymes), y Sitca (la secretaría de los ministros de turismo).

En la primera reunión que se sostuvo en Guatemala enfaticé cuatro puntos. Primero, la nueva tormenta económica difiere de la anterior. En 2009 tuvimos una que se originó en el sector inmobiliario de Estados Unidos (EU), que se expandió a su sector financiero, y que terminó arrastrando a una recesión no solo a EU sino que a todos los países industrializados. En 2011 y 2012 nos encontramos ante una crisis que se origina en la insostenibilidad fiscal de los gobiernos de la zona euro, que afecta a su sector bancario, y que muy posiblemente haga caer a sus economías en una recesión durante 2012.

Segundo, los canales de transmisión hacia Centroamérica serán siempre los mismos –exportaciones, importaciones, inversión extranjera directa, cooperación internacional, remesas, turismo, entre otros–, pero dado que nos encontramos ante una tormenta diferente, la lluvia también caerá de manera distinta sobre los países y sus respectivos sectores. Es decir, los canales de transmisión serán los mismos, pero el agua golpeará con mayor o menor intensidad en unos sectores u otros.

Tercero, Centroamérica se encuentra preparada ahora de manera diferente respecto a como se encontraba ante la crisis de 2009. En algunos aspectos se podría decir que la región está mejor preparada –por ejemplo, la banca logró soportar la crisis anterior y tiene una amplia liquidez–, pero en otros frentes se encuentra peor preparada –las cuentas fiscales se agravaron y la carga tributaria cayó durante 2009–. Ahora obviamente predomina más lo negativo más que lo positivo, pues la región está saliendo de una crisis, no de una bonanza económica.

Cuarto, si la tormenta es diferente, si los canales de transmisión serán impactados de otra manera y si la región se encuentra preparada de forma distinta para enfrentar la crisis, la conclusión obvia es que... Centroamérica debe reaccionar de otra manera, pues no puede limitarse a repetir las acciones que ejecutó durante 2009 y 2010 para enfrentar la crisis que se originó en EU.

Ese fue el meollo de mi propuesta y así se determinó la estructura del documento. Los capítulos siguieron esa secuencia. El documento está ahora en manos de los países y serán los presidentes quienes tengan la última palabra y quienes determinen su divulgación. Preocupa, sin embargo, que los gobiernos sigan con la inercia de 2011: como hubo precios altos para commodities como el café, azúcar o carne, no han dimensionado de manera adecuada la tormenta europea, cómo podría incidir sobre el ya lento crecimiento de EU, y sobre el potencial impacto que tendría sobre Centroamérica.

Somos sociedades que tienden a verse absorbidas por los problemas internos. Nos pasamos casi todo el tiempo en nuestras disputas domésticas, sin levantar la vista hacia fuera, y solo hasta que es muy tarde nos percatamos de que en EU, o ahora en Europa, se gestan fenómenos que pueden llegar a tener una gran repercusión sobre nuestras economías. Es por demás paradójico pues somos economías pequeñas y abiertas, tan vulnerables a lo que acontece en la economía mundial que, más bien, deberíamos estar muy pendientes de lo que acontece fuera de nuestro vecindario.

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