[MECANISMOS]

Apreciando números

Los psicólogos averiguaron hace mucho tiempo, nada menos que en el siglo XIX, que los humanos disponemos de la capacidad para apreciar el número de objetos que hay en un grupo que se nos muestra, sin necesidad de contarlos, siempre que el número sea pequeño.

Lo descubrió W. Stanley Jevons quien, en 1871, cifró en tres o cuatro la cantidad máxima de objetos que puede apreciarse a simple vista.

Medio siglo más tarde, George Miller habló del “mágico número 7” (más o menos dos) como universal perceptivo para la especie humana. Pese a las bromas que puedan hacerse con el uso de “un parell” en mallorquín, la cuestión acerca de qué mecanismos permiten apreciar el número de elementos de un conjunto es un asunto muy serio sobre cuyo sentido no existe una buena explicación.

La sensación de la densidad puede dar una pista a tal respecto. Si en un determinado recipiente con judías pintas –ya que fueros esos los objetos utilizados por Jevons en su estudio inicial– se encuentran estas agolpadas, la impresión que tenemos es de que hay muchas. La densidad crea adaptación. Mirar un frasco con una alta densidad de judías hace que luego, al enseñarnos unas pocas, saquemos la conclusión de que hay menos de las reales. De ahí que se dé la paradoja de que un frasco pequeño con gran densidad de judías dé la impresión de que contiene muchas más que uno grande con las judías separadas. Misterios de la mente humana.

Steven Dankin, del Instituto de Oftalmología del Universtity College (Londres, Reino Unido), junto con cinco colaboradores, ha publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences USA un artículo en el que indican cómo la apreciación visual del número y la de la densidad descansan en unos mismos mecanismos perceptivos.

Esa idea parece ser, en principio, desechable porque se sabe que los mecanismos de detección de un número pequeño de objetos, localizados en el córtex parietal, implican un consumo de “peso” de la atención mayor que cuando se están apreciando números altos; de ahí que los psicólogos hayan utilizado en sus experimentos grupos de pocos objetos, con un máximo de alrededor de una treintena.

Pero el equipo de Dankin ha indicado que esa interpretación clásica no se sostiene. Para esos investigadores, el dispositivo cerebral que permite distinguir entre frecuencias espaciales altas y bajas es el que interviene en todos los casos.

Lo hace mediante el uso de frecuencias altas cuando se está considerando el número en sí de los objetos que se perciben –pocos, por lo general– y por medio de frecuencias bajas cuando es la densidad lo que queremos considerar.

Me pregunto cuáles serán los mecanismos visuales que utilizan las autoridades y los líderes de los sindicatos cuando, ante una manifestación de protesta, unos ven pocos miles de participantes allí donde los otros perciben medio millón.

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