[CAMBIOS]

Aumenta el descontento juvenil en Cuba

Los fines de semana por la noche, jóvenes cubanos repletan las aceras de una popular intersección de La Habana, compartiendo botellas de ron, fumando cigarrillos y tocando la guitarra. Camisetas negras, jeans de moda, excéntricos peinados y tatuajes abundan en el cruce de las calles 23 y G, punto de encuentro de jóvenes atraídos por la contracultura y cierta actitud rebelde.

En una esquina, la Policía interroga a algunas personas excesivamente festivas, pero en general interviene menos que en el pasado, cuando según Ernesto Ramis, impedían que los jóvenes se detuvieran en “23 y G”. Ramis, de 25 años, dice que aquí es posible conseguir drogas –anfetaminas e incluso hasta éxtasis– pero esta noche no hay evidencias de ilegalidades, apenas la sensación de que ser joven en Cuba es hoy diferente y la conformidad con las viejas costumbres se ha desvanecido.

“La principal diferencia”, dijo Ramis señalando hacia el Estrecho de Florida, apenas visible en la oscuridad, “es que todo el mundo quiere irse”. “Todo el mundo” es una exageración, pero su comentario toca uno de los mayores problemas del Gobierno cubano: el descontento juvenil con un sistema que muchos consideran que no ofrece oportunidades de una vida mejor.

No es un problema exclusivo de la isla caribeña, que al igual que muchas otras naciones en vías de desarrollo lucha por retener su mejor talento, pero a diferencia de otros tiene la dificultad de hacerlo frente a una superpotencia hostil que incentiva la inmigración de los cubanos. Consciente del sentimiento de los jóvenes, el Gobierno está gradualmente cambiando su modelo económico estilo soviético y controlado por el Estado instaurado tras la revolución de 1959.

Algunos jóvenes están aprovechando las reformas económicas para abrir sus propios negocios o tomando empleos en el creciente sector privado de la isla, pero otros dudan que el Gobierno vaya a avanzar lo suficientemente rápido –y lejos– para cambiar las cosas y quieren irse. La mayoría quiere marcharse a Estados Unidos, a solo 145 kilómetros de Cuba, siguiendo los pasos de aproximadamente 1.5 millón de cubanos que emigraron desde la revolución. Otros países como Canadá y España también atraen a los cubanos, aunque la crisis económica en España ha hecho perder atractivo.

Estados Unidos concede anualmente entre 25 mil y 30 mil visas de inmigrante a cubanos y varios miles más entran a través de terceros países o por mar. Una veterana militante del gobernante Partido Comunista dijo que a diferencia del pasado, el deseo de marcharse es más extendido. “Desafortunadamente, si usted habla con 10 jóvenes de hoy nueve de ellos le dirán que quieren salir de Cuba. Ellos no ven un futuro aquí”, dijo la mujer, que pidió no ser identificada. Ulises Guilarte, primer secretario del Partido Comunista en la provincia de Artemisa y miembro del Comité Central, dijo que la razón es obvia. “Está claro que la situación económica está dura indisputablemente y que los muchachos ven sus aspiraciones todavía distantes”.

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