[ALIANZAS]

Ay, chinito, que sí

Como en la habanera famosa, el presidente chino Xi Jinping puede cantar su particular paloma amorosa con América Latina. Casi dos semanas ha durado la gira que le ha conducido a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba, y le ha permitido participar en tres cumbres internacionales: la de las cinco potencias mundiales emergentes, los llamados Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y luego la de estos cinco Brics con la Unasur (Unión de Naciones Iberoamericanas) y la especial de China con la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribe), en las que han estado representados 11 países americanos.

Los éxitos de Xi son el reverso de las dificultades de Obama en la conducción del mundo. China no quiere conducir, al menos todavía, pero sí aprovecharse de la defectuosa conducción de Estados Unidos. Cuanto más distantes de Washington se muestren los pretendientes, más fácil será la aproximación de Beijing. Y la viceversa: una gira como esta es una oportunidad para un país latinoamericano que quiera exhibir su distancia con Estados Unidos. El itinerario de Xi, con estaciones en el mausoleo de Hugo Chávez y visita al patriarca comunista Fidel Castro, señala la geografía con resabios de guerra fría de una alianza alternativa al liderazgo vacilante de Washington.

No todo pertenece a la geometría política. Xi Jinping ha viajado chequera en mano y con una larga cohorte de empresarios. China está pasando a una velocidad superior en sus relaciones con América Latina. Su interés supera la simple voracidad de materias primas y se cifra ahora en las inversiones directas y en los grandes proyectos: presas, trenes, autopistas. Y, por supuesto, en la idea estratégica de un edificio multilateral paralelo al que crearon los países occidentales al término de la Segunda Guerra Mundial. El Nuevo Banco de Desarrollo de los Brics, con sede en Shanghái, es la baza para competir incluso con el FMI a la hora de suministrar recursos financieros a sus proyectos.

América Latina es una novia cortejada por todos. A Xi Jinping le ha seguido el japonés Sinzo Abe y poco antes estuvo también de gira Vladímir Putin. Con ellos se ha cruzado la vicepresidenta española, Soraya Sáenz de Santamaría, en su viaje a Chile y Perú, el primero que realiza a América Latina; aunque España, al revés que los emergentes, ha visto desplomarse sus inversiones en la región en los años de la crisis y ahora lo que quiere es meramente empezar a recuperarse.

Tampoco todo son inversiones y alianzas de oportunidad. En una gira como la de Xi juega también la ideología. Cuando China penetra en América Latina y coloca los ladrillos de una arquitectura internacional alternativa, exhibe y vende un modelo de desarrollo sin democracia que tienta e incluso suscita cierta admiración entre las propias democracias latinoamericanas.

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