[SOBRE ABDICACIONES]

Barajando

Hay quienes dicen que hay una competencia planteada entre el rey y el príncipe. Para otros, simplemente, el ´juancarlismo´ es lo único que mantiene viva la monarquía.

MADRID. En estos días por aquí se barajan tantos documentos, cifras, datos y elementos diversos que es difícil elegir y decidir qué es lo más importante. Los presuntos casos de corrupción –infinidad de “presuntos” por ahora– llevan la delantera. Entre estos el del extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas, y los escándalos que involucran a popes del PSOE en Andalucía van a la cabeza. Y hay quienes aseguran que el espacio se ampliará con escándalos “en investigación”, o la eventual aparición de “presuntos Bárcenas”, hasta ahora leales y silenciosos, de los restantes partidos políticos y hasta de las dos grandes centrales sindicales.

Para alivio de Juan Carlos el tema de su abdicación –tan fuerte hace unos meses– o de la llana y definitiva eliminación de la monarquía no está en primera plana. Y si no pasa más inadvertido es por la manía de abdicar de algunos de sus colegas.

El tema, muy latente, revive con esas noticias y comienzan a mezclarse informaciones y barajarse sesgos y deseos. Por lo menos es lo que se lee entrelíneas. El País de Madrid, en una de sus crónicas dice: “Nuevas normas de conducta llegan a las monarquías. Ya no es necesario oír la tradicional frase ´Ha muerto el rey, viva el rey´ para que se mueva la línea de sucesión”, y añade: “En el siglo XXI las monarquías meditan cómo adecuarse a los nuevos tiempos para justificar su existencia. Algunas de ellas piensan que es necesario un cambio, la llegada de príncipes más profesionales, más preparados y sin cargas del pasado”. Toda una sugerencia. Si en efecto es así, lo del monárquico ABC resulta aun más elocuente cuando al referirse al príncipe Felipe de Asturias señala que: “Aparte de sus cualidades natas (simpatía, carisma, autenticidad ...) detrás de esa capacidad para desenvolverse con naturalidad y confianza en todo tipo de ambientes, hay muchos años de formación y de experiencia, muchas horas de trabajo y un carácter tenaz y perfeccionista...”. Y al dar cuenta de su formación, de la militar por un lado y académica por el otro, más los idiomas que domina, observa que es “la más indicada para un futuro jefe de Estado del siglo XXI”.

Esta proclamación –o defenestración según a quien le toque– surge del relato de la gestión “inmejorable” del príncipe Felipe en Suiza, ante el Comité Olímpico, en donde ganó “prestigio internacional” como “Embajador de España”.

Pero no todos lo ven así: para el conservador La Razón, “Don Juan Carlos mantiene intacto todo su prestigio como primer embajador de España”. En cuanto al tema de la abdicación y “ainda más”, asegura en un editorial que es la consecuencia de “injustas críticas”, en casos difamatorias, y de una “insidiosa campaña contra la institución monárquica” de la extrema izquierda y el separatismo radical, que no distinguen entre “el derecho a la libertad de expresión y la mala educación”.

En el diario El Mundo, Jaime Peñafiel, cuya autoridad en la materia no puede discutirse, refiriéndose a la anunciada abdicación de Alberto de Bélgica afirma: “¡Qué error! ¡Qué gran error! El mismo que si don Juan Carlos decidiera abdicar como muchos irresponsables piden...”.

Es que la cuestión está planteada y cada vez más. La crisis la apuró; a ella se suma el crecimiento del separatismo, nada monárquico, por cierto. Y Juan Carlos que se descuidó: eso de irse a “cazar elefantes” en medio de la apretura general estuvo frívolo; y puso de manifiesto otras tantas “frivolidades”. Quizás la rebaja de sueldos y del presupuesto real, la entrega del yate, el acortamiento de las vacaciones y el someterse a la Ley de transparencia, mejore un poco.

¿Pero qué es lo que mejora?, la imagen personal del rey o de la institución monárquica. Hay quienes dicen que hay una competencia planteada entre el propio rey y el príncipe. Pero otros le quitan trascendencia y futuro a esa competencia y aseguran que el “juancarlismo” es lo único que mantiene viva la monarquía. “Después de Juan Carlos, habrá que decidir qué se hace, no es una cuestión de herencia, y si el príncipe está tan preparado, que se presente a elecciones”, afirman los “juancarlistas” o antimonárquicos tapados.

En conclusión , aunque esté un poco desplazado, el tema está ahí y es una de las tantas cartas que hoy se barajan en España.

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