[GOBIERNO MEXICANO]

Cambiar para que todo siga igual

Entre el priismo tradicional y el priismo modernizador, parece haber un siglo de distancia ideológica, pero en realidad es un partido que ha sabido adaptarse a su circunstancia.

Después de 12 años de torpezas, improvisaciones y errores de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón en México, el oficio, la soltura y la eficacia de Enrique Peña Nieto y su equipo de trabajo en sus primeros 100 días de Gobierno evidencian las mejores virtudes del viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI) sin, hasta ahora, mostrar ninguno de sus legendarios vicios. Ahora lo que falta es que demuestren que, con esta mezcla de oficio neo y viejo priista, serán capaces de lograr la aprobación de las imprescindibles reformas a los desvencijados sistemas educativo y fiscal, y que serán capaces de abrir a la competencia a las monopólicas industrias petrolera y de comunicaciones.

Sin duda, el hecho más espectacular de este inicio de Gobierno ha sido el arresto de Elba Esther Gordillo, la líder “vitalicia” del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, acusada del desvío de fondos del sindicato, de lavado de dinero y de asociación delictuosa, y que hoy espera la decisión del sistema judicial a resguardo en una prisión.

Y es, precisamente, por lo atrevido del arresto que una buena parte de la opinión pública en México cree que el nuevo PRI de Peña Nieto opera igual que el viejo y conocido PRI. Los más viejos recuerdan como Lázaro Cárdenas se deshizo de su antecesor Plutarco Elías Calles, quien creía que él seguía siendo el poder tras el trono. Otros se acuerdan de Carlos Salinas de Gortari, quien en 1989 encarceló al corrupto líder del Sindicato Nacional de Petróleos Mexicanos, Joaquín Hernández Galicia, alias La Quina, quien se equivocó al retar públicamente a dos presidentes a un pulso para determinar quién realmente mandaba en México. Los más jóvenes quizá recuerdan que en 1995, Ernesto Zedillo hizo lo propio al encarcelar bajo cargos falsos al hermano de Carlos Salinas, Raúl, para quitarse de encima a su antecesor después del “error de diciembre” que propició una crisis económica mayúscula.

Otro hecho que ha llamado la atención fue la orden de Peña Nieto de disolver la Secretaría de Seguridad Pública que había sido creada por el gobierno de Vicente Fox con el fin de separar las funciones de un organismo de seguridad pública con las de otro encargado de la seguridad nacional. Hoy ha sido reubicada, bajo otro nombre, dentro de la Secretaría de Gobernación, la dependencia encargada de manejar la política doméstica y desde donde los gobiernos priistas manejaron la seguridad nacional con mano de hierro.

También ha suscitado suspicacias que por orden de Peña Nieto el PRI actual rectifique sus estatutos para permitir la incorporación del impuesto al valor agregado a alimentos y medicinas. Cuando el Partido Acción Nacional (PAN) gobernaba, el PRI se opuso a gravar esos rubros, argumentando que la medida golpearía a los sectores más pobres de la población. Hoy, piensa que ese impuesto es imprescindible dado los índices tan bajos de recaudación fiscal en México. Yo no creo en las repeticiones de la historia aunque entiendo las razones que conducen a las comparaciones. Tampoco creo que se pueda hablar de un nuevo o un viejo PRI en sentido estricto, entre otras razones porque si algo ha demostrado el PRI en su ya casi centenaria existencia es su asombrosa capacidad camaleónica. Tal y como Tancredo le sugería a su tío, don Fabricio Corbera en el Gatopardo de Giuseppe di Lampedusa, el PRI sabe que hay que cambiar para asegurarse de que todo siga igual. Entre el priismo tradicional, nacionalista, revolucionario, antiimperialista y estatista y el priismo modernizador insertado en la globalización, más reformista que revolucionario, más socio que enemigo de Estados Unidos parece haber un siglo de distancia ideológica, pero en realidad el PRI es tan solo un partido que ha sabido adaptarse a su circunstancia.

Yo pienso que probar que Gordillo desviaba ilegalmente fondos del sindicato para pagar sus excentricidades no debe ser difícil, pero no es lo más importante. Lo substancial es que Peña Nieto ha mandado un mensaje contundente a todos los que habían olvidado que en México no hay poder comparable al presidencial, y el regreso de los políticos profesionales al escenario principal. Y esto es muy significativo porque el país necesita avanzar en las reformas fiscal, energética y de comunicaciones que el nuevo Gobierno se ha planteado realizar en este sexenio. Veremos si lo logran.

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