SALUD

Cartas de Europa: Edulcorantes

Un solo estudio científico de carácter estadístico no sirve para probar que los substitutos del azúcar son dañinos y producen obesidad, y causan diabetes e hipertensión.

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Ha llamado la atención, incluso fuera de la prensa especializada, un artículo de análisis de Meghan B. Azad, especialista en bioestadística del Departamento de Pediatría de la Universidad de Manitoba (Winnipeg, Canadá), y sus colaboradores, aparecido en el Canadian Medical Association Journal.

El trabajo revisa los resultados que tiene, a largo plazo, la ingesta de edulcorantes, esas sustancias que se utilizan para endulzar las bebidas en vez del azúcar.

Para sacar sus conclusiones, el equipo de investigación repasó 30 estudios longitudinales a lo largo del tiempo ( cohort studies) que seguían los efectos del consumo de edulcorantes de bajas calorías en adolescentes y adultos. Con un resultado bien sorprendente: como indican los autores, los edulcorantes no nutritivos llevaron a los consumidores de aspartamo, sacarina o productos similares, en un porcentaje significativo, a experimentar aumentos de peso y de circunferencia de la cintura, a la vez que padecían una mayor incidencia de obesidad, de hipertensión, de síndromes metabólicos, de diabetes de tipo 2 y de problemas cardiovasculares.

Los resultados del trabajo de Azad y colaboradores asustan. Hasta que se toma en cuenta un factor nada despreciable que convierte las conclusiones de los autores en un tanto sesgadas.

Quienes toman edulcorantes de forma sistemática suelen ser personas preocupadas por su peso y, salvo casos patológicos como puedan ser los de anorexia, dicha preocupación viene impuesta porque se cuenta ya de partida con un sobrepeso considerable.

Es harto sabido que la obesidad cuenta con múltiples causas: genéticas en algunos casos, de una alimentación inadecuada durante la niñez en bastantes más y, casi de forma generalizada, como suma de unos hábitos que añaden a la dieta nociva una tendencia hacia el sedentarismo.

El resto —la diabetes de tipo 2 y las dolencias cardiovasculares— son una consecuencia del problema mayor de contar con un sobrepeso patológico. Y cabe concluir que son los hábitos nocivos y no el aspartamo los que llevan a engordar aún más.

Para saber en qué medida el consumo de edulcorantes tiene un papel importante en los problemas de la obesidad hasta agravarlos, como sugieren Azad y colaboradores, sería necesario incluir en los estudios grupos de control de personas sin problemas de peso que consumiesen sacarina, aspartamo o lo que sea. Pero no es el caso o, al menos, no se menciona en parte alguna del trabajo de los autores.

Deducir que quienes toman edulcorantes agravan sus problemas de obesidad es tomar el rábano por las hojas. Cabría suponer también que, como quienes toman medicamentos para prevenir infartos mueren a menudo por un fallo cardiaco, son las medicinas los que les matan. O que la pérdida de capacidad visual que padezco yo mismo con el paso de los años la causan las gafas.

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