[CONSULTA]

Cataluña y Escocia

Todos los que en España han sostenido, desde los artículos orgánicos hasta los editoriales y las crónicas, que el referendo escocés y el catalán eran por completo diferentes mentían de forma deliberada. En aspectos obvios, como el de que la constitución no impide celebrar ese tipo de consultas en el Reino Unido –porque carece de carta magna– pero sí lo hace en España –porque así lo decidieron quienes diseñaron el estado de derecho tras la muerte del general Franco–, uno y otro anhelo de independencia siguen caminos formales distintos.

Pero en términos de voluntad de un número importante de ciudadanos, que es al cabo lo que cuenta, ambos pueblos, el escocés y el catalán, buscan lo mismo: pulsar en qué medida hay o no una mayoría suficiente que permita disgregar el Estado y emprender nuevas fórmulas de convivencia cuyo alcance, en realidad, se desconoce.

Así que en ambos casos existía (existe) un dilema idéntico: ¿qué es preferible? ¿Emprender el proceso del referendo que hiere y desgasta o silenciar los deseos de quienes se manifiestan de manera multitudinaria en favor no ya de la consulta, sino de la independencia, sin más?

Ambas decisiones tienen sus costes. Los de celebrar un referéndum como el escocés acabamos de comprobarlo: tensiones, angustias, promesas improvisadas en el último momento desde ambos bandos y, sobre todo, la sensación de que el valor más alto de todo contrato social que desemboca en un Estado, el de la voluntad ciudadana de pertenecer a él, se ha destruido. Daba igual que en Escocia triunfase por poco el sí o el no a la independencia; el mero hecho de plantear la pregunta indicaba que cerca de la mitad de los ciudadanos iba a verse defraudada de forma inevitable.

Con Cataluña sucede lo mismo, y en realidad el detalle de si es o no legal una consulta plebiscitaria supone un aspecto menor comparado con el fondo de la cuestión: la convivencia dentro del Estado se ve puesta en duda tanto desde las filas independentistas como desde las que se oponen, incluso a la celebración del referendo. Repásese lo que han dicho a lo largo de muchos meses acerca de la insaciabilidad de los catalanes los defensores de esta última opción.

Pero la derrota del “sí” en Escocia y, en particular, las ofertas de Londres para convencer a la ciudadanía de las ventajas de mantenerse unidos han supuesto un cambio notable. El Reino Unido caminará de forma decidida hacia un Estado federal, salvo que las promesas se olviden. Pues bien, para llegar a esa solución, ¿era necesario el desgaste, la herida del referendo? Los desengañados, como el presidente catalán Artur Mas, dirán que sí, que las terceras vías frente a la independencia o el inmovilismo solo dan fruto tras un duelo brutal. Pero habida cuenta de que semejante conflicto ya existe en España, cabe preguntarse qué razones hay para evitar el que se diseñe un nuevo Estado, federal en principio, en vez de seguir con la sangría del referendo sí/no. Una vez más, Cataluña y Escocia son idénticas en ese aspecto que, miren ustedes por dónde, resulta ser el crucial.

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