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[ESPAÑA]

Despistes

En España parece que nos haya mirado un tuerto, que dirían los clásicos. Al drama del paro, a la pérdida del estado de derecho, a la desesperación de tantas y tantas familias a la hora de llegar a fin de mes, se unen ahora los accidentes.

La atmósfera olía a humo este lunes en la isla de Mallorca, donde vivo, mientras el sol levantaba y los primeros helicópteros conducían su carga de agua hacia el incendio inmenso que arrasó el parque natural de Tramontana, en la sierra del norte de la isla.

Cerca de dos mil hectáreas quemadas, los vecinos del pueblo de Estellencs durmiendo lejos de sus casas y, por pensar en algo que levante el ánimo, ninguna víctima mortal que lamentar cuando se escribe esta cuartilla. No sucede como en Santiago, donde los muertos en el accidente del tren doblaron las primeras estimaciones para alcanzar la cifra peor en 40 años.

El conductor del AVE que no frenó al alcanzar una curva cerrada reconoció su despiste. El responsable del fuego de Andratx, también. Qué cosas eso de los despistes; está uno en la cama, viendo en la tele cualquier idiotez, y en un despiste tira al suelo el vaso de agua. Pero conduce un tren y hay 79 muertos o prende una hoguera –¡a finales de julio, con 42 grados de temperatura al mediodía en Mallorca!– y se quema lo que era patrimonio de la humanidad.

Las leyes españolas contienen castigos no sé yo si lo bastante severos para desanimar a los despistados contumaces. Pero ninguna cárcel devolverá la vida a los padres de la niña con síndrome de Dawn que sobrevivió al descarrilamiento del AVE en Santiago, ni hará que se recupere el bosque de Tramontana de Mallorca. La única forma que se conoce de evitar los dramas disfrazados de despiste es la de poner medios que impidan o limiten esos daños: alarmas, frenos automáticos, actuación inmediata cuando el fuego acaba de comenzar. Todo eso que cuesta mucho dinero y que se está esfumando en España de la mano de esas mismas medidas que nos dejan en nada los hospitales y las escuelas.

Detrás de cada episodio cruel hay un despiste y unas carencias; resulta ridículo discutir qué es más peligroso en un toro, si los cuernos o el corpachón enorme, así que lo suyo es o bien encerrarlo o quedarse lejos del peligro no vaya a ser que, por falta de atención, nos empitone. Pero confiemos en que no; sometámonos a la suerte. Suerte es lo que pedía en la tarde del domingo el presidente de Baleares y tenía razón: a esas alturas en Mallorca estábamos en manos del azar, suspirando por que desapareciese el viento. Cuando el despiste se suma a las carencias no queda ya otra salida que la de los funerales y las oraciones, remedios cuyo alcance ya se sabe hasta dónde llega. Qué lástima depender de tanto despiste infame y terminar cruzando los dedos, virgencita, para que aparezca en otra parte.

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