[LONDRES]

Duendes peligrosos

David Cameron amenazó a principio de año con que, si no se planteaban las reformas de su gusto, celebraría un referéndum para retirar a Reino Unido de la Unión Europea (UE) en 2017. Con este chantaje sacaba el peligroso duende de la eurohostilidad del interior de la botella del euroescepticismo donde sesteaba.

Creyéndose que con ello capitalizaba descontentos y centrifugaba frustraciones por su mediocre gestión económica, alimentó tendencias que desbordan el antiguo recelo conservador frente a Europa. Alimentó la xenofobia contra la inmigración del Partido por la Independencia: algo no solo peligroso, sino erróneo.

La experiencia indica que los flujos migratorios de los últimos países adheridos no se multiplican cuando acaban los periodos de transición pactados de apertura de fronteras. No hubo éxodos masivos de españoles al resto de Europa en los primeros 90. Tampoco debiera haberlos de rumanos y búlgaros ahora, si la ampliación al este resultó tan positiva como la del sur.

Y si ha resultado mal, buena parte de la responsabilidad recae en Londres, siempre al acecho de un mercado más amplio, aun a costa de que la Unión Europea pierda cohesión interna.

El caso es que ahora dos ministros del gobierno de Cameron dan un paso más en el juego de las hipótesis y anuncian su predisposición a votar en contra en el eventual referéndum. Y de los tan europeístas liberal-demócratas del mismo gabinete se oye un estruendoso silencio.

Todo como para entusiasmar a los socios de la UE a que se rindan ante las pretensiones tories, que normalmente apuntan a defender los enojosos privilegios de la City, vehículo de la mayor parte de irregularidades financieras afloradas en la crisis abierta desde 2008.

¿Recuerda alguien hoy que fue el Partido Conservador el que llevó al Reino Unido de su casi espléndido aislamiento a las comunidades europeas? Pues si en ese partido queda algo de memoria, quienes la mantengan deberían rechazar la estrategia utilizada por Cameron.

Pero no solo por razones ideológicas o históricas, sino también prácticas. La presión desmedida del primer ministro no ha recogido hasta hoy ni un solo resultado positivo para Reino Unido. Ni de los Veintisiete ni de Washington, donde se considera con lógica aplastante que un Reino Unido externalizado de Europa no sirve ni siquiera para nutrir nostalgias.

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