[¿TRUMP O PENCE?]

EU, entre el cáncer y el sida

El nacionalismo de Mike Pence es exacerbado, defiende el ‘Acta Patriótica’, el aumento del gasto militar de EU, el ‘juramento de lealtad a la patria’ y la compra y uso de armas sin restricciones.

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EU, entre el cáncer y el sida

Cuando en Perú había que escoger entre Ollanta Humala y Keiko FujimoriMario Vargas Llosa planteó el asunto como una elección entre el cáncer y el sida. Si destituyeran a Trump, Pence sería presidente. ¿Qué preferiría usted, a Tartufo o a Lucifer?

En el supuesto caso de que Donald Trump fuera destituido de su cargo ¿estaría Estados Unidos (EU) y el resto del mundo mejor con Mike Pence como presidente?

¿Qué sabemos de Pence? Sabemos, porque él lo ha dicho, que no iría a cenar solo con una mujer que no fuera su esposa y que tampoco iría sin su mujer a reuniones donde se sirven bebidas alcohólicas. La pregunta es obligada: ¿Por qué? ¿Le teme a su esposa? ¿A sus arrebatos sexuales?

Sabemos también que ideológicamente está situado en la derecha extrema, simpatiza con el Tea Party y se le considera más conservador que Ronald Reagan. Pence se autodefine como “Cristiano, conservador y republicano, en ese orden,” y antes de ganar la vicepresidencia, fue gobernador de Indiana y miembro de la Cámara de Representantes. Su agenda doméstica se apega al libreto republicano más ortodoxo, defiende la reducción de impuestos a las corporaciones, y del tamaño del estado, se opone a cualquier rescate económico y a los programas de construcción de viviendas para los pobres, al derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y a la expansión de derechos a la comunidad gay. También objeta la legalización de la marihuana, niega la veracidad del consenso científico sobre el cambio climático y favorece políticas consideradas antieducación pública.

Su nacionalismo es exacerbado y defiende el “Acta Patriótica”, el aumento al gasto militar del país, el “juramento de lealtad a la patria”, el derecho de la gente a comprar y portar armas sin restricciones, y es acérrimo enemigo del Obamacare y de cualquier otro programa de salud pública que no sea privado. En asuntos migratorios, está a favor de la construcción del muro en la frontera sur y de las deportaciones de inmigrantes indocumentados; votó a favor de rescindir la ciudadanía por nacimiento en ciertos casos y por declarar el inglés la lengua oficial. Está en contra de las ciudades santuario y obviamente apoya el veto de Trump a los inmigrantes de siete países musulmanes. Está en contra del Pacto Nuclear con Irán.

En el pasado, propuso luchar contra Rusia con fuerza y en coordinación con los países aliados, hoy no se sabe cuál es su posición dados los acercamientos de Trump a Putin. En temas de comercio exterior ha apoyado todos los tratados de libre comercio que el país ha firmado pero tampoco se sabe si ahora sigue pensando igual.

Últimamente se le ha reprochado su enconada defensa de las barbaridades que dicen y hacen Trump y su equipo. Sus defensores alegan que le debe lealtad al patrón pero algunos pensamos que todo individuo debe tener un mínimo de dignidad que le impida defender lo indefendible. Por ejemplo, es poco convincente su alegato de que no sabía que Michael Flynn estaba siendo investigado por el FBI. Tampoco es justificable que repitiera la inverosímil versión de que fue la recomendación del Departamento de Justicia la que motivó el despido del director del FBI James Comey, que horas después fue desmentida por el propio Trump.

Así las cosas, las preguntas obligadas son: ¿Cuáles serían los argumentos para enjuiciar y condenar a Trump? ¿Se le puede destituir por inepto? Es difícil probarlo y todos sabemos que la evidencia necesaria para hacer de lado el resultado de la elección, debe ser contundente. ¿Por coludirse con los rusos para ganar la elección? Sabemos que los rusos intervinieron pero no sabemos si la maniobra fue coordinada con la gente de Trump.

¿Cuáles serían los peligros de enjuiciarle políticamente? Muchos dirían que aún cuando el juicio político está previsto por la ley, accionarlo cuestiona la legitimidad del sistema político. Otros diríamos que ya otras veces se le ha invocado, por ejemplo, con Richard Nixon, quien renunció antes de ser enjuiciado y condenado para luego ser perdonado por su sucesor, y el sistema político salió fortalecido.

La última pregunta es ¿valdría la pena deshacernos de Trump para encumbrar a Pence? La pregunta me recuerda que en 2009, cuando en la elección presidencial de Perú había que escoger entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, Mario Vargas Llosa planteó el asunto como una elección entre el cáncer y el sida. ¿Usted qué preferiría? ¿A Tartufo o a Lucifer?

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