[PROTESTAS CIUDADANAS]

Ensayo en Brasil

Brasil había dejado de ser el permanente ´país del futuro´ y ya era el país del presente, se ufanaban. Puede, sin embargo, que el futuro todavía esté un poquito demorado.

Si la Copa de las Confederaciones de Fútbol que se disputa en estos días en Brasil –mientras tienen lugar multitudinarias manifestaciones sociales de protesta, en un clima de violencia y represión en aumento y ante un gobierno que parece que no tiene bien claro qué es lo que debe hacer ante la situación– es un ensayo del Mundial que habrá de realizarse el año próximo en ese país, habría que ir pensando en una nueva sede. Y quizás para las olimpíadas de 2016 también.

¿Y qué puede pasar cuando, en pocas semanas, el papa Francisco llegue a Brasil, con motivo de la reunión de las juventudes católicas a realizarse en Río de Janeiro, a la que se espera concurrirán unos dos millones de personas?

Pelé, muy preocupado por “su” mundial, ha hecho un llamado a sus compatriotas “para que no confundan las cosas”. Pero, ¿quién tiene claras las cosas?

No solo se trata del aumento del precio del transporte que ya quedó sin efecto y que dio pie al Movimiento por el Pase Libre (MPL). Hay más cosas que aparentemente estaban ocultas y muy disimuladas con la maravilla de la potencia emergente, que todo se llevaba por delante, y que daba cátedra, especialmente, su máximo pontífice, el señor Lula. Brasil había dejado de ser el permanente “país del futuro” y ya era el país del presente, se ufanaban. Puede, sin embargo, que el futuro todavía esté un poquito demorado. Puede que hasta haya habido una cierta premura en abarcar cosas, como el Mundial y los Juegos Olímpicos, conquistas que fueron el broche de oro de la gestión Lula.

Tamañas empresas, pusieron de manifiesto muchas otras falencias: tanto dinero para tantos estadios, cuando hacen falta hospitales y centros de educación. Y este es otro de los motivos de la protesta, no solo el alza del transporte. El manejo de esas sumas de dinero asusta y reaviva el tema de la corrupción política, que no se supera con la condena de unos cuantos líderes y “allegados” al oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y al señor Lula, los que aún siguen esquivando la cárcel. Y a esto debe sumarse la represión policial de estos días y la corrupción de la Policía, que se sabe y se padece, de distintas formas –incluso como “escuadrones” en más de una ciudad– desde hace mucho.

¿Y cómo calificar este temblor que conmueve hoy al gigante brasileño? Se trata de la “revolución de junio” o de la “primavera brasileña”; quizás son carátulas demasiados progresistas y que no sean “políticamente correctas” para un gobierno ídem. ¿No? Pero tampoco lo que ocurre es parangonable a “la batalla de Seattle” de 1999 cuando se reunió la Organización Mundial de Comercio o a las protestas, en 2000, contra el Fórum Económico Mundial de Davos, o a las violentas manifestaciones en el Toronto sede de la reunión del G20, en 2010.

Puede haber un parecido con la “Wall Street ocupada” de 2011, pero más con los “ indignados” de España. Si bien aquí el desempleo no es lo prioritario como allá, sí se trata de un movimiento apartidario, sin líderes, incluso, por ahora, con reclamos y rechazos pero sin propuestas concretas.

La pregunta es si se repetirá en Brasil lo de los indignados de España, que fueron languideciendo, con más pena que gloria. Todo es posible, pero cuidado, porque en Brasil se juntan más causas a las ya reseñadas y hay más buenos chances para conseguir repercusión a nivel internacional, a partir de esta Copa de Confederaciones de hoy, hasta el Mundial de 2014, pasando por la visita del Papa, además de una cierta impotencia del Gobierno que presuroso dio marcha atrás con el tema del transporte y tuvo la infeliz idea de querer sumar al PT a las causas de los manifestantes, lo que fue considerado una “provocación” por parte de estos.

Y hay otros datos de la realidad: inflación, menos crecimiento, un gasto público muy grande el que lejos de achicarse se agranda y una corrupción que no termina de atacarse a fondo.

Hay otro Brasil, también real y no solo el del “milagro”, y es el que resurge cada tanto, pero cada vez con más fuerza, como ocurre en estos días.

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