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[SOCIEDAD]

Heroísmo en 2011

Este año hice cientos de entrevista a presidentes, artistas, activistas, manifestantes y políticos. Sin embargo, aprendí más del Dr. Quiñones y del astronauta Hernández que de los demás.

Una de las maravillas de ser periodista es encontrar a gente que te cambia la vida. Sé –lo reconozco– que me he pasado una buena parte de 2011 quejándome de las cosas que no me gustan. Así que, para compensar, quiero terminarlo hablando de dos personajes que me han llenado de inspiración para seguir adelante.

Los dos fueron campesinos. Los dos eran pobres. Los dos tenían todo en su contra y, sin embargo, lograron sus sueños. José Hernández pasó de los campos de cultivo en Modesto, California, a convertirse en astronauta. Alfredo Quiñones entró como indocumentado a Estados Unidos (EU) y hoy es uno de los neurocirujanos más exitosos del mundo. Estas son sus historias.

Alfredo Quiñones Hinojoza no se quería ir de México. De hecho, estudió para maestro. Pero México lo expulsó. Su familia perdió todo lo que tenía por la crisis económica de los años 80, y su hermana Marisela murió por una simple diarrea a los dos años de edad.

“No cabe la menor duda”, me dijo en una entrevista, “ella murió por pobreza, por falta de recursos, por falta de educación”. Eso lo marcó para siempre. México lo sofocaba y Alfredo comprendió que tenía que irse a otro lugar o moriría de hambre y frustración.

Cruzó como indocumentado de Mexicali a Caléxico dos veces y se fue a cosechar tomate, algodón y uva a los campos de cultivo del valle de San Joaquín en California. Ahí, con un diccionario en el bolsillo, aprendió inglés y años después fue aceptado en la escuela de medicina de Harvard.

Hoy, el “Doctor Q”, como le apodan, es el jefe de neurocirugía del prestigioso hospital de la Universidad de Johns Hopkins, opera de tumores cerebrales a casi 300 personas al año y es uno de los líderes en la investigación de células madre para encontrar una cura al cáncer. Las mismas manos que se llenaron de callos cosechando tomates hoy salvan vidas.

“No importa que seamos jornaleros del campo, no importa que tengamos un origen humilde. Si tenemos un sueño y trabajamos arduamente, tus sueños van a salir adelante”, me dijo. “Ojalá que la gente se dé cuenta que salí adelante gracias a la educación, al trabajo y a la mucha ayuda que este país me ha dado”. (Aquí está la entrevista con él: http://bit.ly/s2WTZy).

La historia del astronauta José Hernández es similar. De padres inmigrantes, él trabajó en los campos de cultivo de Modesto, California. Pero un día, cuando apenas tenía nueve años de edad, vio cómo un astronauta caminaba en la Luna en la última misión del Apollo. Y eso le cambió la vida.

“Yo quiero ser astronauta”, le dijo entonces a su padre. Y él le contestó: “Mijo, si te pones a estudiar, a trabajar duro y planeas tu carrera, tú puedes lograrlo”.

No fue fácil. Diez veces intentó entrar al programa espacial de la NASA y 10 veces fue rechazado. Pero a la décimo primera vez lo aceptaron. José fue al espacio con la misión del Discovery en 2009. “Finalmente logré mi sueño”, me dijo con una sonrisa.

Hoy José tiene otro sueño. Quiere ser congresista y se está lanzando como candidato del Partido Demócrata para las elecciones de noviembre de 2012. Quiere representar a la misma gente de Modesto donde fue campesino y donde el desempleo es mucho mayor que en el resto de EU. Su actitud es la misma que lo llevó al espacio. “Si estoy en una posición para hacer una diferencia ¿por qué no me lanzo yo?”, se preguntó. http://bit.ly/sEUxgZ

Durante 2011 he realizado cientos de entrevista con presidentes, artistas, activistas, manifestantes y un montón de políticos de todos los colores. Sin embargo, he aprendido más del doctor Quiñones y del astronauta Hernández que de todos los demás.

Primero, no deja de sorprenderme cuándo alguien empieza desde lo más bajo –cultivando la tierra como inmigrante o como hijo de inmigrante– y a pesar de la pobreza llega a lo más alto de su profesión. (Aunque sospecho que estas historias no podrían repetirse en muchos países además de Estados Unidos).

Tanto Alfredo como José nunca se dieron por vencidos. Nunca. Me encanta hablar con ellos por esa extraordinaria convicción de que nada es imposible. Su entusiasmo te hace vibrar hasta los huesos y te obliga a salir de tu zona de confort.

Y este año, luego que muchos hablaron y escribieron sobre ellos, Alfredo y José decidieron, por fin, contar su historia en primera persona. El libro de José se llama El cosechador de estrellas y el de Alfredo es Becoming Dr. Q, que, deliberadamente, no publicará en español por dos años para obligar a jóvenes hispanos a aprender inglés y leerlo en ese idioma.

En esta época en que llaman “héroes” a muchas personas que matan y destruyen, yo escogí como mis héroes a dos personas que salvan vidas, nos llenan de esperanzas y abren caminos. Es la mejor manera de terminar este año y comenzar el que viene.

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