[CLIMA]

Hielo que se funde

Pese a que una parte de la clase política –la formada por quienes creen que la superstición da más votos que la ciencia y se complacen en ello– niega el calentamiento global, las evidencias acerca de que estamos avanzando en un periodo interglacial y, por tanto, el clima se vuelve más cálido y catastrófico, son abrumadoras.

Como resultados evidentes de ese proceso se encuentran la disminución de los hielos polares y, por ende, el incremento del agua que contienen los océanos.

Otra cosa diferente es la de llevar a cabo un cálculo preciso del alcance de esas consecuencias del cambio climático. Las medidas llevadas a cabo por distintos especialistas mediante técnicas diversas suelen diferir.

No obstante, un equipo de 47 científicos dirigido por Andrew Shepherd, de la School of Earth and Environment (Universidad de Leeds, Reino Unido), en el que figuran americanos, europeos y australianos, ha combinado datos de altimetría, interferometría y gravimetría obtenidos por satélite alcanzando una notable concordancia acerca de la masa de hielo de los casquetes polares.

En particular, las de Groenlandia y la zona Occidental de la Antártida. El equipo dirigido por Shepherd ha publicado en la revista Science los resultados de su trabajo conjunto indicando que, en las casi dos décadas transcurridas entre 1992 y 2011, Groenlandia, la Antártida Oriental y la península Antártica han perdido cada año cerca de 142, 65 y 20 gigatoneladas (10 elevado a nueve toneladas) de hielo, mientras que la Antártida Occidental ha ganado 14 gigatoneladas anuales en ese mismo lapso de tiempo.

Como el balance implica una pérdida enorme de masa de agua en forma de hielo, la disminución de la capa de hielo polar ha supuesto un aumento comprobado del nivel de los mares en todo el mundo desde 1992 que alcanza 0.59 ± 0.20 milímetros por año. En las dos décadas estudiadas, entre 0.7 y 1.5 centímetros. Puede parecer una cantidad despreciable pero si el final de la última glaciación, la Würm, se produjo hace unos 15 mil años, y esa tasa de pérdida de masa de hielo polar se ha mantenido en esas cifras durante todo ese tiempo, los mares habrán subido su nivel, comparado con el de entonces, en cerca de nueve metros.

Ni que decir tiene que el proceso de pérdida de los casquetes polares continuará, si no se acentúa. Los efectos antrópicos, los producidos por nuestra especie –en especial desde que la industrialización conduce a un crecimiento gigantesco de personas y recursos–, acentúan el ritmo del cambio por más que el Tea Party y otras formaciones políticas que se complacen en la ignorancia lo nieguen. No podemos hacer nada por impedir que los ciclos glaciares/interglaciares sigan su ritmo, y mejor es que sea así. Pero, al menos, podríamos intentar que no ya dentro de 100 mil años, sino en pocos siglos, nuestras costas se vean sumergidas bajo las aguas.

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