[CONDENA EN EU]

Intolerancia

Quienes respetamos la diversidad debemos combatir políticamente y condenar al ostracismo a quienes expresan ideas racistas, antisemitas, antimusulmanes y antiinmigrantes.

Aun admitiendo que no hay evidencia de que George Zimmerman, un joven estadounidense de origen peruano, haya matado al joven afroamericano Trayvon Martin por el color de su piel, pedirle a la comunidad afroamericana que se resigne a la pérdida y admita que el racismo ha sido erradicado del país es una aberración.

La elección y la reelección de Barack Obama, el primer presidente afroamericano en la historia del país, demostró al mundo los enormes progresos en cuestiones raciales. Desafortunadamente, lo cierto es que la mayoría de la población sigue sin entender lo que significa ser una persona de color hoy en Estados Unidos.

Tal y como dijo Obama la semana pasada, “muy pocos negros no han sido seguidos cuando van de compras a un almacén, como lo he sido yo. O no han vivido la experiencia de ver a una mujer aferrarse nerviosamente a su bolso cuando un negro entra al elevador, y suspirar aliviada cuando vuelven a abrirse las puertas”.

Irónicamente, la semana previa al veredicto, una encuesta levantada por Gallup, en la que participaron más de 4 mil estadounidenses, incluyendo a más de mil afroamericanos, reveló que casi la mitad de estos (47%) dijo estar satisfecho con el trato que les da la sociedad desde que Obama asumió la presidencia. Aunque también encontró que el 63% de las mujeres de entre 18 y 34 años de edad no está satisfecho con el trato a los negros en el país.

Al día siguiente del veredicto, Martin Luther King III afirmó que 50 años después del discurso de su padre, “yo tengo un sueño”, el sueño sigue incumplido. Una opinión que refleja el sentimiento de muchos afroamericanos que piensan que quienes sostienen lo contrario están negando la realidad. Según el reverendo Al Sharpton, “es una ilusión pensar que la elección de Obama demuestra que vivimos en una sociedad postracial. Quienes llevamos la carga de la negritud sabemos que ese no es el caso”.

Concuerdo con lo dicho por el presidente Obama, el nieto de Martin Luther King y Sharpton, pero no me engaño imaginando que solo en Estados Unidos prevalece la plaga del racismo.

En Italia, un prominente miembro de la fascista Liga del Norte, el senador y exministro del gabinete de Enrico Berlusconi, Roberto Calderoli, recién ha dicho que cuando ve a la doctora y ministra del gabinete de Enrico Letta, Cécile Kyenge, “no puede evitar pensar en los orangutanes”. La doctora Kyenge es de origen congolés.

En Hungría, crece la influencia política del “Movimiento por una Hungría mejor”, Jobbik, que se define como conservador radical, nacionalista y católico, es a la vez abiertamente filofascista antiinmigrante, homofóbico y antisemita.

En Grecia, sigue creciendo la representación política de partidos abiertamente nazis, ultranacionalistas, xenofóbicos, especialmente antiinmigrantes y racistas agrupados en torno al movimiento llamado “Amanecer Dorado”.

En Francia también crece la aceptación popular del llamado Frente Popular de ideología ultraconservadora, proteccionista en materia de comercio, que se opone vigorosamente a la inmigración no europea y aboga por una política de mano dura en los cuerpos policíacos.

En Gran Bretaña, nazis y neonazis, fascistas y neofascistas conviven subrepticiamente en el llamado National Front, una organización política racista, antiinmigrante que es coto exclusivo para gente de raza blanca y aboga por la deportación de todos los inmigrantes no blancos a sus lugares de origen.

Fiel a su obligación de gobernar para todos los grupos raciales y étnicos del país, en su reciente plática con la Nación, el presidente Obama invitaba a tender puentes de entendimiento entre los diferentes habitantes del país. Ojalá que así sea, pero dado que hasta la fecha la erradicación del racismo ha sido imposible, yo pienso que la única alternativa que tenemos quienes exigimos respeto al pluralismo y a la diversidad es combatir política y, socialmente, toda expresión discriminatoria.

Debemos oponernos con el voto a la elección de candidatos que expongan sus ideas de odio y presionar a los legisladores a que promulguen leyes que castiguen la discriminación en cualquiera de sus formas, pero sobre todo debemos condenar socialmente a quienes expresan ideas racistas, antisemitas, antimusulmanes, antiinmigrantes. No hacerles el juego en ninguna instancia y condenarlos al ostracismo.

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