[ESPIONAJE]

Johnny English al mando

El informe que ha elaborado la Comisión Abbottabad, encargada por las autoridades paquistaníes de aclarar las circunstancias de la muerte de Osama bin Laden a manos de un comando militar estadounidense, cuando se haga público, será el relato más próximo a la verdad de que vamos a disponer respecto de ese episodio bien oscuro. Una verdad sesgada por el malestar de Pakistán al verse atropellado e invadido, pero verdad, al fin y al cabo, a juzgar por las filtraciones que la cadena de televisión Al Yazira nos ha adelantado ya.

Lo ha hecho en clave que parece de comedia, por cierto, porque se nos confiesa que el líder de Al Qaeda iba disfrazado para que no le reconociesen en la ciudad de Haripur, o donde fuese que se encontraba oculto, y el disfraz consistía en ponerse un sombrero de cowboy.

Bin Laden con gorro vaquero solo podría engañar en un lugar remoto de las montañas de Pakistán a quien estuviese predispuesto de antemano a seguir la broma. Los partidarios de la teoría conspirativa dan por supuesto que los omnipotentes servicios de espionaje paquistaníes no solo estarían al tanto de la presencia de Bin Laden en su país sino que ampararon su escondite. Pero esa sensación de que todo está controlado contrasta no poco con el despiste ante la operación militar montada por la CIA, que logró llegar hasta la cabeza visible de Al Qaeda y decapitarla. Suponer que los espías gubernamentales de Pakistán colaboraron también en la muerte de Bin Laden es excesivo. La comisión Abbottabad se ha limitado a llamarles incompetentes.

Los espías paquistaníes no están solos en el pelotón de los torpes. El caso Snowden ha puesto de manifiesto que ese aparato gigantesco denunciado por el exempleado del Gobierno de Washington es, además de un Gran Hermano que nos vigila al estilo imaginado por Orwell –no por la telebasura–, pura chapuza. ¿Cómo es posible que cundiera la sospecha de que Snowden estaba escondido en el avión de Evo Morales y luego resultase que no? Da la impresión que seguirle los pasos a Edward Snowden tenía que ser mucho más fácil que hacer lo propio con Osama bin Laden. Pero el tremendo fiasco diplomático que se ha montado alrededor del viaje de vuelta del Presidente boliviano desde Moscú pone de manifiesto, una vez más, que estamos ante una comedia de enredo.

Ahora habrá que disculparse ante Evo Morales y, ya de paso, ante la cohorte de países que han criticado el imperialismo caduco aprovechando el disparate. Esperemos que la disculpa ante los ciudadanos portugueses, italianos, franceses y españoles por el ridículo que hemos hecho los europeos llegue también.

El Gobierno boliviano ha exigido de forma oficial que se le diga quién fue el que dijo que el avión de su Presidente llevaba polizones a bordo. No hace falta mucha imaginación para hacerse una idea de cuál es la respuesta. El culpable fue el sosias de Johnny English, también conocido como Mister Bean.

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