[CONTROL DE MEDIOS]

Leyes mordaza de estirpe bolivariana

La enseñanza venezolana, argentina, boliviana y ecuatoriana, en suma, es de neta estirpe bolivariana. De Cuba obtienen la metodología.
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/02/0_20141202QvntpL.jpg /deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/02/0_20141202QvntpL.jpg
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/02/0_20141202QvntpL.jpg

Luego del experimento inaugurado en Caracas, cuando Hugo Chávez demanda de su Asamblea Nacional el dictado de una Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión (2004), con el propósito nunca oculto de controlar los contenidos de la información y asimismo propiciar la emergencia de una hegemonía comunicacional de Estado, el mal ejemplo lo copian, en seguidilla, Argentina, con su Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (2010); Bolivia, con la Ley General del Telecomunicaciones, Tecnologías de Información y Comunicación (2011); más recientemente Ecuador, cuyo mandatario decide amordazar sin cortapisas a todos los medios, incluida la prensa escrita, con la Ley Orgánica de Comunicación de 2013; y ahora sigue en la cola Uruguay.

Todos a uno integran, casualmente, el eje del Socialismo del siglo XXI. Le rinden culto al leviatán, mejor aún, al “césar democrático” bajo imperio de la regla jurídica pro princeps y la máxima de Lenín: “el revolucionario que no sepa unir las formas ilegales de lucha con todas las legales es el peor de los revolucionarios”. De allí que ceda en tales espacios el principio, fundado en los tratados internacionales posteriores a la Segunda Gran Guerra del siglo XX, que exige la construcción de sistemas constitucionales garantistas de los derechos humanos y sujetos a la regla de interpretación pro homine et libertatis. No por azar media hoy una guerra de baja intensidad entre el modelo que predica la novísima Unasur y el otro que rige, desde 1948, dentro de la OEA.

La apreciación no es académica o filatera. A diferencia del pasado reciente, cuando la soberanía del Estado y el ejercicio de la soberanía popular permanecen atados al respeto universal, sin discriminaciones, de los derechos de la persona humana, en lo adelante se predica desde tales países que las mayorías todo lo deciden; incluso hasta la renuncia mediante el voto de la libertad o arrancarle de cuajo sus derechos esenciales a los disidentes o las minorías.

Emergen así, sin solución de continuidad, regímenes que vacían de contenido a la democracia mediante el uso de procedimientos democráticos, y construyen andamiajes públicos totalitarios violando las leyes bajo el cuidado de jueces que las interpretan o hacen mutar para que lo ilegal parezca o finja de legal y libertario.

La lectura al unísono de las mencionadas “leyes mordaza” muestra a cabalidad lo anterior. Todas a una inauguran sus textos arguyendo la defensa de la libertad de expresión y prensa, pero acto seguido la confiscan; la declaran de interés público, en modo de aproximarla sibilinamente a la idea del servicio público estatal. Quien lo presta o ejerce no lo haría por derecho o cuenta propia sino del Estado, quien la concesiona o censura. A partir de entonces ocurre en la región lo que postulan a su vez todas las legislaciones señaladas, a saber, la intervención estatal en los fueros de la prensa, en la libre expresión del pueblo como de los medios libres, condicionándolos a la vez.

Argumentándose la necesidad de reducir los espacios de quienes mantienen una posición comunicacional dominante, estos son hipotecados o se parcelan en beneficio de la propaganda estatal; a la vez se aligeran las exigencias para la formación de amplias redes de radio y televisión públicas o de “medios alternativos” incapaces, por sí solos, de subsistir, que no sea bajo patrocinio del propio Estado y su gobierno.

Las legislaciones venezolana y ecuatoriana disponen la incidencia oficial directa sobre los contenidos de la información. Los gobernantes mudan –antes Chávez y luego Rafael Correa– en verdaderos jefes de redacción o mejor inquisidores de los medios independientes afectados. A su turno, la argentina, más astuta, lo hace de modo indirecto al imponer controles a la economía y operación de los medios, ampliando o restringiendo sus espectros a discreción, delimitando sus influencias territoriales sobre la opinión, a la que sí pueden llegar sin límites de ningún género la radio y televisión oficiales.

La enseñanza venezolana, argentina, boliviana y ecuatoriana, en suma, es de neta estirpe bolivariana. De Cuba obtienen la metodología. Simón Bolívar, el Libertador, cree a pie juntillas que la gente no está preparada para el bien supremo de la libertad –lo afirma en Cartagena (1812), en Angostura (1819) y en Chuquisaca (1826)– a despecho de cuanto piensan, para la época, nuestras primeras Ilustraciones, civiles, a partir de 1810. De allí la tesis del gendarme necesario, del padre bueno y fuerte, del gobernante autoritario, del Estado en fin, quien hace y piensa por los ciudadanos y en nombre de estos se expresa, pues a todos y a sus intereses dice encarnar legítimamente para protegerlos a cabalidad.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código